Ni ella ni yo pensamos disculparnos por nuestras palabras. No se disculpa el sol aunque queme ni la luna aunque en ocasiones aterre. Yo amo, todo aquello que pueda ser amable, y como me rehúso a esconderme, he aquí mi escape.

16 may 2013

Porque me equivocaría otra vez, caería en las nubes de tu pelo, gastando las catorce vidas que son dos gatos, construyendo mi casa por el tejado, y tan sólo porque me acordé de ti y me entró la nostalgia que al soldadito marinero al recordar los huesos de tus besos.


(Mi versión de Fito & fitipaldi)

El viento en su cabello

Me va a matar. Estoy escribiendo con la izquierda (todo lo que puedo), antes de que me grites.
No hablaba de eso, aunque podría. Me refería a la casualidad.


Para ella era bastante normal, incluso aunque no permitía que se convirtiera en rutina, recorrer ese camino. Había sido el mismo desde que tenía memoria de él. Un pie detrás de otro, se recordó, siempre lo hacía. Siempre olvidaba el ritmo, siempre creaba uno nuevo. Siempre notaba algo diferente. Tenía esa costumbre de buscar algo nuevo cada vez que recorría el camino. No algo externo, algo un poco más de ella, más cercano, más personal. Ese día había escogido, o había sido pura casualidad, no estaba muy segura, fijarse en el viento. Había algo en el correr del viento entre los arboles, en el golpe del viento en su rostro, en la sensación del viento en su cabello. Era eso, notó con curiosidad, lo que más extrañaba de esos días. Su cabello casi tenía vida propia, era un ente agregado a su propia individualidad. Era una compañía y una declaración. Llevaba la firma de sus emociones, de sus ideales, de sus impulsos. Podía hablar de alegría, de libertad, de dulzura, de necesidad, de represión, de dolor, de control; podía hablar de muchas cosas en concreto y de ninguna en especifico. Había demasiadas razones para que amara su cabello, muchísimas  pero una de las principales era él. Curiosamente, había sido ese uno de los detalles que había llamado su atención. Le gustaba, le gustaba como era libre y se movía con el viento.
Ella suspiró.
Le molestaba encontrarse a sí misma pensando en él. Le molestaba incluso ser consciente de pensar en él. Era traición, decía, una enorme traición contra sí misma. Era ignorar deliberadamente su amor propio en busca de qué, de algo que no podía ni poseería nunca. Resopló, claro, como siempre estaba en el mismo punto muerto de todos los días. Deseaba lo que no podía tener, y era incluso normal, sin embargo era consciente que sus deseos llevaban precios y dolían. No le importaba pagarlos, ella estaba gustosa de pagarlos, pero algunos eran injustos. Ese, por ejemplo, era demasiado injusto. Estaba pagando en exceso por algo que ni siquiera había disfrutado, algo que ni siquiera había poseído en toda regla. Y si, quizá era cobro agregado de una deuda anterior, pero eso no podía ser siquiera legal.
Su paquete estaba en camino, se recordó.
Pronto le daría un aire colorido a las cosas. Estaba segura que eso no la haría simplemente olvidar y sentirse mejor, pero ayudaría, y vaya si ayudaría.
De pronto, he ahí, la casualidad más casual y poco convincente. No era planeado, estaba segura de ello, sin embargo era tan casual que lo parecía. Justo en ese momento aparecía una mariposa para salvarla de caer en una espiral de tristeza.
Sonreía, después de su encuentro con aquella mariposa, aquel ser. Tenía una enorme sonrisa y un gesto alegre. Quizá incluso durmiese bien esa noche. Quizá.

15 may 2013

Una lágrima rodó por su mejilla. Fría, como su corazón, como sus esperanzas. Terminó en su barbilla y calló al suelo. No hubo una segunda para acompañarla, sólo esa. Simple, solitaria, única. ¿La razón? Ella nunca había escuchado salir aquellas palabras de su boca. Durante mucho tiempo, más del que podía siquiera imaginar, había estado deseando escucharlo, escuchar las palabras que la salvarían. Nunca las había escuchado, no había escuchado siquiera la intención de decirlas. Después de tanto tiempo, aún le dolía, aún le causaba esa extraña presión en el pecho que agolpaba lágrimas en sus ojos y le cortaba la respiración. 
Iba a sobrevivir, esa era su premisa, era su convicción. Lo que pasara mientras lo lograba era un asunto muy distinto.


(Estoy usando la izquierda, no me vayas a gritar)
Mátame. Dispárame.  en medio de los ojos, es más rápido.
Tolero cualquier cosa, incluso que me prohíban el chocolate, pero no sabría sobrevivir sin poder escribir.
Rayos,duele. Quizá tengo un poco la culpa... Es posible que me haya dado por golpear la pared, reventarla a puños, pero quizá no. No habría golpeado con fuerza, de haber sido así, pero no estoy diciendo que eso haya ocurrido.
Vamos que, duele, yo no sé vivir sin, mierda, duele mucho, sin escribir.
Duele. Condenación. Duele.
Creo que, por mi bien, tendré que aprender a escribir con la izquierda.
Rayos.
Esta es la cereza para una semana del asco. Un mes del asco, porque van dos semanas en esto y eso es lo que va del mes. Mala broma.
Vale, ya esto es el colmo. Pero espero que la semana termine pronto, o que me quiebre en el proceso. Lo que sea que ocurra primero.
En algún momento tendré que decidir si mis lealtades se mantienen o si definitivamente prefiero mantener mi salud mental y mi amor propio.
Rayos, y más rayos.
Duele.

13 may 2013

Premio Liebster


Premio Liebster -- Gracias, Marianne!



Me gustaría darle las gracias a Marianne M del blog A través de mi diario por concederme este Premio a mi blog. 
La finalidad del premio es reconocer nuestro trabajo y dar a conocer blogs aunque tengan pocos seguidores.

Las reglas del premio son las siguientes:

  1. Nombrar y agradecer el premio a la persona que te lo concedió, y estar suscrito.
  2. Responder a las once preguntas de la persona que te concedió el premio.
  3. Conceder el premio a once blogs que te gusten, que estén empezando o que tengan menos de doscientos seguidores.
  4. Elaborar once preguntas para los blogs que premias.
  5. Informar del premio a cada uno de los premiados.
  6. Visitar los blogs que han sido premiados junto al tuyo.
  7. Para no romper la cadena, evita mandar el premio al blog que te lo envió.

    Preguntas que me hizo Marianne:
Mis Preguntas para los premiados
  1. ¿Con qué animal te identificas y por qué? Siempre me han gustado los tigres, por eso de que exudan poder; sin embargo, si debo escoger un animal con que me identifique, me da la impresión de que sería la mariposa. De un lugar a otro, con la misma emoción, con el mismo interés. Creo...
  2. ¿Luna o estrellas? ¿Por qué? Ambas. La luna es hermosa, si, pero sin las estrellas se vería solitaria. 
  3. ¿Agua o fuego? ¿Por qué? El agua es fuerte, incluso a pesar de parecer débil. Pero yo prefiero el fuego, el fuego es pasión, es fuerza, es destrucción y es caos. 
  4. ¿Cuáles son tus 3 escritores favoritos? Em... Serían Stephen King, Cassandra Clare y J.K. Rowling. Oh y Julio Cortázar.
  5. ¿Cuál es tu sueño más grande? Shhhh ... Si te lo cuento no se cumple. Bueno no, son dos, en realidad.  Uno, publicar algo, un libro, claro, no importa si no se vende, pero publicarlo. El otro, encontrarle. Eso no necesita más explicación.
  6. Las tres virtudes que más admiras de alguien?  La tenacidad, la seguridad y la originalidad.
  7. ¿Cuál es tu lugar favorito? Solía ser el Parque Forestal Embalse del Neusa, en Cundinamarca, pero hace demasiado tiempo no voy. Ahora mismo, creo que es cualquier lugar donde me rodee de libros.
  8. ¿Cuáles son tus hobbies? Por si no es obvio, son leer y escribir. Aunque también amo dibujar, siempre que no pierda la moral por no ser muy buena, y me gusta hacer manualidades. Oh y la música, estoy siempre con audífonos, de lo contrario me siento incómoda.
  9. ¿Tu serie de TV favorita? Veamos, Glee, creo. Aunque también me gusta mucho Once Upon a Time.
  10. ¿Qué libro te gustaría haber escrito? Rayuela. 
  11. ¿A qué lugar te gustaría viajar? La Patagonia, Londres, París, Japón, no sé. Demasiadas ciudades y países que quisiera conocer.


BLOGS PREMIADOS

NO LO SÉ, SOY PÉSIMA PARA ESTO. QUIEN LO QUIERA, QUE SE LO LLEVE, EN SÍ YO SOLO LO HICE PORQUE DESEO QUE SEPAN UN POCO MÁS DE MI. 

TAMPOCO HAY PREGUNTAS, REALMENTE SOY MALA PARA ESTAS COSAS.

GRACIAS DE NUEVO, MARIANNE.

BESOS.

10 may 2013

Ahí es donde tengo el alma, mientras bajo la mirada. 
El amor es eso que no pospones, leí. 
Aquello que no pospongo, aquello que amo, ahí donde está mi alma y mi ser. 
Curioso, puedo posponer todo menos la necesidad de dejar que mis manos se deslicen por un papel o por la tinta. Incluso si sé que hay cosas más importantes, a veces puede más el veneno que la medicina.

Silver linings.

El aire a su alrededor se condensó. Podía sentirse la electricidad, podías esperar ver saltar las chispas. Sin embargo ninguna chispa saltó. Ningún sonido interrumpió la comodidad de su silencio, de su compañía. A lo lejos el cielo oscurecía cada vez más y aunque las nubes se movían lentamente, perezosamente, no hacía falta ser un experto para saber que esa noche se desataría el principio de las tormentas.
De repente un trueno lejano rompió el silencio. Segundos después un relámpago cayó rasgando el cielo y un nuevo trueno, esta vez más cercano, se dejó escuchar. No se movió, ni siquiera parpadeó. Buscó con su mirada el punto donde el relámpago había caído, sin verlo, y se mordió el labio para contenerse. Le gustaba la lluvia, le gustaban las tormentas, le gustaba la lucha de gigantes que los rayos y truenos desataban. Le gustaba todo lo que de niña le había aterrado.
Un nuevo trueno se escuchó y pequeñas gotas empezaron a caer de un cielo que se pintaba de gris. Ella miraba de vez en cuando a su compañero. Era una sensación extraña, un silencio cómodo, que no sabía cómo clasificar. Decidió dejarlo ser. No le gustaba complicarse con enredos, para eso ella misma. Sonreía. Tenía una pequeña broma personal de la que no pensaba informarle, pero se reía, y a su costa. Era agradable. Había habido pocas cosas agradables en su vida los últimos días. Cerró los ojos y levantó la cara al cielo, las gotas caían sobre su nariz, sus mejillas, sus parpados cerrados. Casi podía verse a si misma acostada sobre un verde campo mientras la lluvia barría todo a su alrededor. Pronto, pensó. Quizá más pronto de lo que se esperaba. Pero le costaba esperar, le costaba contenerse. Llevaba tanto tiempo fingiendo y pretendiendo que le gustaba lo que hacía que empezaba a sentir que incluso ella era una mentira. Nadie puede ser tan anormal, le decían, nadie es tan extraño. Ella no lo veía como algo extraño, era simplemente normal, eran los impulsos que sentía, lo que le nacía. En ocasiones lo admitía, a veces no era más que su búsqueda constante de diversión, un poco a costa del asombro de otros, pero la mayor parte del tiempo, y muy dentro de ella, era simplemente así. Era eso, lo que la movía, lo que la llevaba. Era eso.
El cielo estaba cada vez más oscuro, decidió que era hora de marchar a su próxima clase, llegaría tarde y no necesitaba otra razón por la que la gente la señalara. Se puso en marcha, no sin antes pensar que pasaría una semana antes de volver a olvidarse por un rato de todo lo que la atormentaba. Curiosamente, no se veía tan gris la perspectiva. Dolorosa, si, pero le había estado doliendo, en mayor o menor medida, casi durante seis meses, era algo a lo que se había acostumbrado. Mas o menos.
Sonreía mientras caminaba. Ella sabía cosas que los demás no sabían. Ella sabía cosas que él no sabía. Ella estaba bien con casi todo y eso era bueno, por una vez, era bueno.
Caminaba como siempre, con la vista en ningún lugar especifico, con su música, con su ritmo. Caminaba como sólo ella sabía, como la poseedora de una gran verdad inamovible. Y lo era, la poseía. Había esperanza, esa era su verdad. En algún momento, aunque aún no supiera cómo o cuándo, ella estaría bien,



Don't you worry, don't you worry child. See, heaven's got a plan for you. (This reminds me there's still hope.)

9 may 2013

Nota mental: 
No subestimes a la mujer de quien heredaste tu inteligencia. 

Nota mental a más profundidad: 
El que ella lo haga no te da derecho a hacerlo.

Nota mental a nivel subterráneo: 
Escúchate a ti misma.

8 may 2013

Ni siquiera mis rizos pueden ayudarme ahora mismo

Volví a mis rizos.
De alguna manera, sin embargo, eso no me da la paz que pensé que me daría. No me da esa calma que esperaba me diera.
Verás, me explico. Una de las cosas que me relajan cuando me siento extremadamente mal es darme un baño y lavar mi cabello, recuperar el estado natural de mis rizos. Últimamente no había podido hacerlo, desgracia la mía el no tener dinero y quedarme sin champú y acondicionador, pero sobreviví. Tenia que sobrevivir, tu no estabas para sostenerme si caía. Tu ni siquiera sabias que me estaba muriendo, porque tu ya no sabes nada de mi, porque ya no sabes mi nombre, porque ya no sabes quien soy. Y yo, yo aun sé quién eres tu. Yo aun sé como es tu sonrisa y como es el color de tu mirada. Yo sé como se escucha tu risa, aunque sea algo tan infrecuente, y sé también que la sensación de saber que era yo quien te hacía reír llenaba mi ser y hacía burbujear mi sangre.
Y mi cabello vuelve a ser el mismo, a tener un poco de su vida propia, pero eso no me ayuda. No me siento mejor, ni de cerca. Esta vez el caos que llevo dentro es más complicado que los nudos de mi cabello. Esta vez lo que esta en juego es lo que sé, aquello que marca mi rumbo, aquello que definía mis pasos. Y no sé cómo manejarlo, no sé qué hacer o cómo moverme. No sé ni siquiera qué pensar. Siempre he sabido que mi yo y mis rizos no somos algo normal, no somos algo común, no somos algo que todos puedan entender.
Y aun así, aun así, por unos segundos me permití pensar que quizá podría haber encontrado un lugar donde ser yo no estuviera tan mal. Dulces rizos, nos equivocamos. Erramos el blanco y simplemente perdimos la fe.
Ni siquiera los rizos pueden salvarme ahora mismo.


Incoherencias

No se trata de mi, aunque a ti te gustaría que así fuera.
Se trata de la vida, de la dulzura de esta vida que va de un rincón a otro sin aclararme exactamente dónde estamos. Siempre me ha gustado dejarme llevar, ir con el viento, ser libre. Quizá porque realmente no tengo esa libertad que tanto amo de ti. Mas, cariño, por mucho amor que le tenga a la libertad y a los viajes sin itinerario, me llega un momento en donde deseo saber al menos dónde acabaré. Digamos que es culpa de las hormonas, culpa de mi feminidad, culpa de mi naturaleza o simplemente porque unas cuantas de las cinceladas han llegado hasta mi centro de diamante. El punto, por más que desee divagar, es ese. Necesito saber. Necesito que una voz, etérea o terrena, celestial o infernal, eterna o perenne, me susurre al oído aquellas palabras que podrán ser mi salvación. Que me digan que el amor tiene un fin, que me digan que el deseo se consume a sí mismo, que me digan que la necesidad se ve saciada con la distancia.  Que las canciones que una vez escuché a tu lado algún día sonarán sin carga, sin pólvora, que podré escucharlas sin necesidad de succionar la herida supurante que queda en mi alma luego de uno de mis episodios de ti. Podría llamarlos así, si no te importa, e incluso si te importa, después de mis lágrimas sobre la almohada y de las noches llenas de fantasmas, me he ganado a pulso el derecho de admitir que las heridas de este amor podrido están llenas de veneno, de pus, están llenas de podredumbre y de pestilencia. Y espero que algún día un científico sabio cree o se invente alguna forma de curar esto, de suturarlo, de cauterizar los bordes de mi alma. Los disparejos bordes de este corazón de espejo tan roto y deshecho que es más similar a un lago turbio que a un espejo claro y limpio. Quizá dentro de unos meses pueda escuchar el sonido de tu voz sin que mi absurdo corazón empiece a saltarse los latidos, sin que empiece una loca carrera desaforada por llegar a sólo él sabe donde. Quizá dentro de un año o dos pueda de nuevo entregar mi alma a los placeres tontos a los que me dedicaba con tu sombra, quizá antes si tengo suerte, quizá mañana mismo si la vida decide ser benevolente. Es probable, dentro de este universo de infinitas posibilidades, que logre atravesar el espejo y llegar a aquella dimensión perdida en el iris de tu mirada, aquella dimensión donde nunca te conocí, aquella donde jamás supe quién eras ni qué sentías, esa donde tus demonios no salieron a la luz para atraparme con su brillo como se atrapa a un insecto. Quizá en esa dimensión exista un método para permitirme respirar en tu presencia, un método para permitir que mis neuronas puedan conectarse cuando estás cerca, porque en este no lo hay. En este lo más cercano a mi paz mental eres tu y tu ausencia, tu total invisibilidad, el no verte o sentirte o siquiera saber que existes porque hasta tu aroma me eleva, me inunda, me quema y me disuelve.
Es posible que dentro de un par de años más, o de unos cuantos minutos, yo vuelva a tus brazos, o a los de morfeo, y me dedique de lleno a vivir todo ese caos que se me quedó dentro cuando decidiste que no valía lo suficiente para intentar, al menos, salvar mi alma perdida. Tranquilamente camino de regreso a mi vida antes de ti, aunque ya no está ahí, ya no hay una vida para esperarme, no después de ti. Y tengo que regresar con mis manos vacías a ese vagón de tren donde se quedan los viajantes que olvidaron guardar la llave del departamento de costumbre. Me acostumbré a ti, lo admito, a tus idas y venidas, a tus inconstancias, a  tus ojos y a tu aliento. Me acostumbré a mi falta de ti y hoy no sé cómo manejarlo. No se trata de mi, se trata de uno de mis episodios de ti, de uno de mis extraños momentos de auto-compasión y auto-necesidad de ti. Se trata de uno de esos momentos donde nada más que tu importa, donde tu eres todo lo que hay o puede haber, donde tu eres todo lo que quiero, necesito, deseo. Donde el amor no se consume, el deseo no se apaga y la necesidad no queda saciada.

7 may 2013

Ella no era la única que soñaba.

Era simple, nunca había estado tan aterrada. Nunca se había sentido tan asustada antes. Nunca había sentido ese miedo puro y simple, ese miedo que la obligaba a mirar sobre su hombro y a girarse en los momentos menos esperados tratando de sorprender al objeto de su temor. Y todo por un estúpido sueño. Todo era obra de un absurdo sueño que había tenido y que la aterraba tanto que no se atrevía a pensar siquiera en ello.
Ella había tenido pesadillas, si. Era algo bastante frecuente, casi normal. Nunca antes, sin embargo, uno de sus sueños la había dejado tan marcada, tan asustada. Soñar con gente muerta tenía ese efecto, si, pero no era la primera vez qué le ocurría. Era eso lo que la tenía tan preocupada. Así como usual era para ella tener pesadillas, era inusual que su miedo perdurara a lo largo del día. Despertar en una enorme casa deshabitada no ayudaba mucho, incluso menos cuando recordaba que su sueño había transcurrido allí, en ese mismo pasillo donde ahora ella estaba de pie.
La carne del cuello se le había puesto de gallina solo de pensarlo. Ella no tenía ese tipo de reacciones. Soñar con gente que había muerto era algo normal, soñar con cosas que la asustaban, aún más. Sin embargo había habido algo en su sueño que la había hecho gritar, la había empujado al borde y ella había gritado y suplicado por alguien que viniese a rescatarla. No lo había encontrado, claro, era uno de sus sueños, nadie la salvaba en sus sueños. Ni en su vida, ya puestos.
No había sido mayor cosa, el sueño había terminado y ella había abierto sus ojos. Era de día, nunca había tenido una pesadilla mientras había luz afuera. Algo se congeló dentro de ella. Si, era común que tuviese pesadillas, eran cosas que la asustaban y sobre las cuales la luz del sol tenía control, de día ella no tenía miedo. Soñar como lo había hecho a plena luz del día era el peor indicio en el que podía pensar. Daba a todo un poder mil veces mayor, la hacía temer mil veces más. La hacía querer gritar, como en su sueño, pero igual que en este, nadie la ayudaría.
Todo lo que había querido. Todo lo que había deseado y buscado estaba lejos de su alcance, lejos de sus manos, y aquello quizá era lo que causaba sus sueños. Sus horribles sueños. No era el primero, ella lo sabía muy bien, aunque no recordaba bien todos. Sabía, sin embargo, que el que no los recordara no significaba que no fueran malos. Cada mañana en la que despertaba con el cuerpo pesado, casi muerto. Cada mañana en que sus parpados rogaban por no tener que abrirse, en que su ánimo rogaba por no tener que hacer nada que no fuera simplemente desaparecer, ella sabía lo que significaba. Incluso si su memoria se negaba a traerlos de nuevo a su realidad, sabía que no podía haber soñado nada bueno. Desde luego, la única forma de llevarla hasta ese extremo de cansancio era así.
Era por su culpa, claro. Desde él ella ya no sabía cómo dormir. Aunque nadie lo culpaba. No obligas a alguien a amarte, pero su mente, su corazón, cualquiera que fuera el lugar donde se suponía que los sueños se creaban y que el amor se destruía, no le permitía dormir tranquila. Le impedían descansar y estar en paz consigo misma. Y era por eso justamente que ya no sabía qué hacer. Por eso justamente acababa durmiendo tan mal y tenía tanto miedo a la oscuridad. Por él.
Pero él era feliz, y seguramente soñaba, aunque tampoco recordara sus sueños. Y sonreía, y jugaba y vivía, que era más de lo que se podía pedir. A ella le bastaba así, era lo suficientemente ella como para sólo desear eso. Así que soportaría no dormir bien, supuso. Sobreviviría y en un tiempo, sabían los cielos cuánto, volvería a dormir con tranquilidad y despertaría con una sonrisa, como solía hacer cuando él le escribía. Porque ella, de todos en el mundo, estaba segura que no era la única que soñaba y tenía pesadillas. Con el miedo ya lidiaría después.

¿Podrías al menos dejarme caminar?

Un paso tras otro en la oscuridad de la calle. No se preocupaba ya por controlar el movimiento de sus manos, esos gestos involuntarios que la hacían ver extraña o sospechosa. Se había resignado incluso, ante la imposibilidad de controlarse a si misma, y, aunque la aterraba, empezaba a pensar en la forma de convivir pacíficamente con ello.
Pensaba en mil cosas al caminar, pensaba en historias, en miles de posibles vidas, futuros, reinos. Pensaba en qué pensarían aquellos chicos sentados a la puerta de la universidad, en qué pensarían aquellos conductores para ir casi matándose  o quizá que pensarían todas esas personas que la veían ir y venir cada día, noche tras noche, mientras cargaba sus pesados libros y su morral repleto.
Ella caminaba, con su cabeza en las nubes, y sus pies sobre el suelo, la mayor parte del tiempo. Tropezaba cada pocos metros, y entonces juraba que estaría atenta al camino, pero un par de segundos después escuchaba una voz o miraba la luna o simplemente veía hacia adelante y dejaba de poner atención, volvía a eso de ir con la mente en la luna, en otro mundo, en ese mundo donde las cosas salían bien, donde habían finales felices.
Todas las noches recorría sin falta ese camino, un pie tras otro, sin alterar su ruta, sin variar. Era lo que conocía, era lo que sabia, no le temía a aquello, era fácil  Ella, sin embargo le temía a cosas un poco más cercanas que la oscuridad. Le temía a su propia mente, a sus ideas, a su imaginación. Le temía a todo lo que llevaba en el alma y a aquello que obligaba a sus manos a moverse de esa forma tan aterradora. De esa forma preocupante. Le molestaba no tener todo el control sobre aquello, le molestaba que hubiera partes de su cuerpo donde ella no mandase. Odiaba la sensación en sus dedos, tal vez por eso los movía, para sacudirla. Odiaba la presión en su garganta, odiaba viajar sola. Odiaba aquello, pero permanecía allí. Esperaba hasta que el último corazón salía de la jaula y luego ella se permitía salir. Todos habrían volado, sin embargo, por lo que ella tendría que irse sola, con ella misma como compañía.
Y en medio de la ruta, entre sangre y armas, encontraría un destello plateado y seguiría caminando.


(Digo, digo, esto de editar cuando mueres de sueño hizo que dejara algunos errores, ya los corregí.)

6 may 2013

¿Te parece que tengo un plan? No tengo idea de nada. No sé nada. Supongo que puedo tratar de pretender pero, definitivamente, no tengo un plan. 
:-) 

3 may 2013

No me digas cosas que no desees sentir.


El mundo está lleno de gente, sabes. Hay miles y miles de personas, no solamente tu. Hay sueños y deseos y gente que ruega día tras día por una diminuta oportunidad para quebrarse el alma y hacer algo de sus ilusiones. Y estoy yo. Yo que vivo la vida como una espectadora, yo que me despierto día a día, y me duermo noche a noche, con tu imagen en mis parpados, con tu recuerdo en mi mente, con este desgraciado nudo en la garganta y este tormentoso amor en el alma. No sé si alguna vez me quisiste, o si yo te quise aun más, no sé si esto pudo haber sido más.
¿Te das cuenta? Siempre vuelvo al punto, vuelvo a ti. No sé hacer más que ello. Sin embargo no eres tu quién me desvela hoy. Es esa idea, esa posibilidad de no tener más a la unica persona que logra librarme de tu recuerdo. Si, es absurdo y tonto, pero acaso la vida tuvo sentido alguna vez. Todo ha sido siempre así, absurdo, tonto y lleno de infantilismos. Mis infantilismos. No sé tomarme la vida en serio, o no sé lograr que la vida me tome en serio. Lo que me queda es rogar por que algun día, en algún rincon, encuentre un espacio que si sea mio, que si sea destinado para mi.
Casi morí, pude facilmente haber caido del balcón, dos pisos hasta el suelo, por esa simple palabra. Nadie me está robando, y sin embargo dijiste mia. Me niego a permitir que la idea cale hondo en mi mente, no te pertenezco, tu no me deseas ni deseas que yo te pertenezca. Fue simplemente un momento fugaz de broma y risa, fue seguir la corriente. Por sobre todo fue eso. Juego. Es al menos, mi impresión. Por mucho que pueda querer que no, debo ser realista, no soy yo la cosa más sencilla de esta vida. No eres tu la cosa más dulce del mundo. Aun así, no digas cosas de ese estilo, tu no cuidarás mi corazón si se rompe y yo ya no sé qué más hacer para sobrevivir. Me quedo despierta pensando, preguntándome, si en algún bizarro y remoto momento tu recordarás que fueron mis palabras las que te hicieron reír. O que dijiste cosas simplemente para que yo riera. Tal vez fue solo un gesto amistoso. Claro, por culpa de esos gestos amistosos a mi se me vuelve la vida un puré cada que lo veo, cada que a lo lejos encuentro su cabello. Entonces no seas amistoso o amable. Nadie te obliga a llamarme linda sin creerlo o a fingir que te gusta mi compañia. Yo sé entender eso, lo que no sé entender es la ambigüedad.

2 may 2013

Torpe. Torpe. Torpe. Y para colmo de males, una de las cosas que más me enorgullecía ahora me da ganas de llorar. Fuck.

27 abr 2013

Jodido, lo que se dice jodido....

Jodido, lo que se dice jodido. Bueno, tal vez no. Tal vez simplemente no he tocado fondo aun.
Imaginalo, tengo que terminar mis trabajos, es necesario que sea responsable, sin embargo no soy capaz de despertar a tiempo porque despertarme implica que automáticamente mi primer pensamiento serás tu, cosa dolorosa, y el segundo será que no te tengo, cosa aun peor.
Duermo, mucho, cada vez que puedo. Trato de despertarme tan tarde que apenas tenga tiempo de abrir los ojos cuando ya deba ponerme a cumplir con la rutina. Trato, igualmente, de irme a la cama solo cuando estoy tan exhausta que no logro coordinar mis palabras. Simplemente espero a que el cansancio sea más grande que mis ganas de ti.
Sigo soñando contigo, muy a menudo, muy frecuente. ¿Que cómo lo sé? Porque despierto cansada, triste, deshecha. Porque despierto y me siento como aquella vez, como aquel día, como el día en que decidiste que ya no sentías. 
Jodido, lo que se dice jodido, de pronto si. 
De pronto estoy cada vez más cerca de tocar fondo. 
Aún así, aun con todo. No podría volver contigo, no podría volver a tu lado, duele ya demasiado. Pero estar sin ti también duele. Mucho.
Jodido, lo que se dice jodido. Creo que si.
No me parece justo. 
Hay demasiadas cosas por hacer y aun así yo estoy aquí, pensándote  Preguntándome por ti y alimentando esos absurdos sentimientos que ahogan.
Es estúpido. 
Es lo que siento.

26 abr 2013

Que tonto

Uno pensaría que después de todo este tiempo, para mi seria sencillo pensar y no sentir que me rompo en pequeños fragmentos. Pero no es sencillo. Yo aun pienso, aún recuerdo, aun extraño ese estar uno junto al otro y ver caer los rayos a lo lejos, o el simplemente estar ahí. Extraño el tener tu cabello en mis manos o la pregunta de si alguna vez el chocolate seria suficiente. Extraño que me digan que soy especial pero también deseo que alguna vez me hubiese llamado hermosa. Extraño el suave matiz dorado que me embelesaba pero quisiera que se hubiera derretido por mi como yo lo hacia por él. Extraño hablar de nubes y cosas suaves para que me callaran con un beso.
Pero de todo, lo que más extraño, es saber que no le extraño, es el no saber de su existencia. Extraño no pensarle, no necesitarle, no quererle. Extraño ser yo misma sin esta absurda susceptibilidad, sin este absurdo deseo, sin eeste tonto sentimiento.
Extraño ser yo misma. Y le extraño a él.

Agenda II.

No puedo. Esta vez no puedo numerar los días. Creo que me enloqueceria.
Digamos mejor que empezó todo el día A.
Día A: Me caí a un pozo dorado. No hay más definición. Me presentaron un verbo conjugado que capturó mi mirada y mi atención.
Día B: Una petición se me quedo atorada en la boca. Todo lo que pudiera querer decir fue opacado por una conversación tan larga como la noche.
Día C: Me di cuenta de un hecho importante, me gustaba.
Día D: Hizo algo hermoso, algo que para mi fue sumamente significativo.
Día E: Apareció cuando no lo esperaba, aunque deseaba con todas mis fuerzas, y trajo chocolate consigo. Día de la primera mordida.
Día F: De aquí puedo sacar más de un día, más de una ocasión. Mordidas y chocolate, cosa que pensarías que era obvio, pero no.
Día G: Cumplí años. Apareció. Eso fue suficiente.
Día H: Una pelicula que resultó mejor y peor de lo que esperaba. Creo que nunca he puesto tan poca atención.
Día I: Me exasperé.

Al final nunca terminé la cuenta.. Los días se persiguieron unos a otros y tuve lo que deseaba por unos segundos, unos cuantos días, hasta que descubrí que no era suficiente. Que yo no era suficiente,claro, porque para mí nada podía ser mejor. Ahí fue donde llegué al dia Z, aunque si soy fiel a la numeración/abecidificación, debería ser el día ZZZ, igual que en Excel.
Total, fue simplemente un sueño. Hermoso sueño que fue tan efímero como doloroso. Y aún, aunque no lo creas, cuento los días.
Dulce cafeína, mis sentimientos por ti siempre han sido los mismos. Incluso cuando no nos permiten acercarnos demasiado, sigues causando una infame atracción en mi que suele acabar con la rendición completa e incondicional. Me destrozas, me impulsas, despiertas mis sentidos y mis demonios. Haces casi lo mismo que él, pero tu sí sabes lo que haces. 

25 abr 2013

See, I can't even think if I'm looking for you in the crowd.

Here I am. 
I'm standing in the darkness, as I usually have been. 
I'm thinking of you, even though you don't even remember my name. 
It's hilarious. It's awesome. It's depressing.
Seeing you there, smiling, laughing, dreaming as if you had the whole world in front of you. 
That's the kind of moments I wanted to share with you, that's the kind of expression I always wanted to see in your face. 
That's where you are. Just across the hall. Just in front of me. 
I turn my face and there you are, as gorgeous as always. As distant as always. As impossible as the first day.
So I lie. I look in some other direction and I pretend I haven't seen you. 
I can't stand it, I can't. I'm not that strong and you must know it. 
We were pretty much alike. You were pretty much what I wanted, what I was looking for and you left. 
So, now I'm alone. Alone, not lonely, but it feels like the same for me. 
I'm surrounded of bunchs of people and I feel like drifting in a huge ocean of unrecognized faces.
You were light in the middle of my darkness and now everything is dark again. 
It's ok, you're happy, I guess. That's all I've alwys wanted to hear, to know. 
However, I guess I still need a little time to get over these feelings that grew up inside of me when you first kiss me. 
It was only a kiss for you but for me it was the sentence of a life wishing you and wanting you and needing you.
I'm paying for that debt. 

Belle.

21 abr 2013

Creo que es injusto. De tantas personas en el mundo, la única que no conoce tu amabilidad, tu comprensión, lo bueno que tienes, soy yo. Yo soy la que llora frente a ti y es considerada una niña idiota. Y todavía me acerco mas, trato aun más, porque de tan imbécil que soy sigo pensando que un día podría llegar a creerte, que tu podrías creerte, cuando dijeras que sientes orgullo de mi.
Te aseguro, por mis letras, por mi tinta, por mis palabras, que nada quiero más en el mundo que creerte. Y nada puedo menos.

19 abr 2013

Ú-N-I-C-A. 
Ú-N-I-C-A. 
Ú-N-I-C-A. 
Ú-N-I-C-A.
                                ÚNICA. 
No me importa sí no es como yo lo veo, eso solo basta para mi.

Puntos, comas y espacios.

Y en la cima de todo aquel desorden, de aquella hecatombe, había una nota: No puedo dormir, decía, estoy harta de no poder dormir. Era todo lo que se podía leer. Todo lo demás eran tachones, manchas, garabatos ilegibles y posiblemente sin significado. Eso era todo lo que había dicho, que no podía dormir, que extrañaba poder dormir, eso era obvio. Pero también era obvio que había más, más que simplemente esas dos frases, más que sólo un deseo de dormir. Un dragón dormido, quizá, escondido en los tachones, en las manchas de tinta, en las comas que ella nunca tachaba porque le quedaban tan bonitas que le dolía tacharlas. Odiaba los puntos aparte, los odiaba con demasiado ahínco, le parecían seres despreciables que sólo querían separar sus palabras. 
Pero no todo podían ser sólo comas, era antinatural. Incluso si ella no quería creerlo, la vida también llevaba puntos aparte, separaciones. Como esa, como ella y su necesidad de dormir, como él y sus pocos deseos de dormir, como todo y el circulo vicioso del mundo. 
Ella, sin saberlo, acababa de pintar su primer punto aparte.

18 abr 2013

"Deja de hacerlo"
¿Eso qué significa?
¿Es acaso que te molesta que lo haga? ¿Que te parece desagradable? ¿Que crees que es un mal hábito?
O
Quizá
Puede
Ser
Que
Te
De
Ideas
El
Tipo
De
Ideas
Que
No
Deseas
Tener
Conmigo.
Te aclaro la parte más importante de todo, por muy yo que pueda ser en esta vida, no lamentarías nunca el hacerle caso a tus creaciones y a mis ideas. ¿O son mis creaciones?

14 abr 2013

No, a mi no me gusta ser sólo yo. No me gusta no tener alguien que me diga que soy genial, que no soy rara, que no estoy mal. Porque resulta que yo también quiero eso que todos tienen. Yo quiero eso, a ese alguien que vea en mi a la mujer más linda que haya visto, aunque sea mentira, alguien que me diga hermosa o preciosa en lugar de sólo bonita. Yo quiero alguien a quien poder querer sin que eso me rompa el corazón. Yo quiero poder querer a esos maravillosos chicos que dicen quererme pero no lo logro, no consigo hacerlo y me mantengo sentada en esta estúpida tristeza porque aun pienso en sus ojos y en sus besos.
Y eso me mata cada noche.

10 abr 2013

Supongo que es mí problema, es mí falta de oxígeno, es mí necesidad de aire, son mis neuronas las que se embotan y enlagunan al observarte. 
But even though I know you're completely dangerous for me, even when I've felt your claws stucked into my chest, I'm still here. I still look around, trying to find your face in the crowd. That crowd that surrounds me, that suffocates me, that crowd that's waiting for the chance to destroy me. They don't know. They've never known. They're trying to defeat me and they ignore you already did it.  And I'm voiceless. I can't find my way through the chaos in which I'm living. It's hilarious, it is, the way I can't help staring at you, looking at you, looking for you, all the time. I guess the only thing that's left it's me looking after you. You know, the only reason I don't do that is because it's extremely painful. It's hearbreaking and I don't know if I can stand it for longer that a second. As I can't stand staring at you when I know you won't look back at me with the same feeling that used to be reflected in your eyes.
A la misma noche se le puede olvidar su manto de oscuridad cuando el sol la deslumbra. 
Al sol más brillante le puede gustar la fría oscuridad que lleva la dulce luna. 
Sí el sol y la luna bailan tan dulcemente, ¿qué se necesita para que yo baile a tu lado?

8 abr 2013

ELLOS. Ella.

Ella observaba, con esa mirada que poseen aquellos que se han acostumbrado a observar ciertas cosas, como se desarrollaban los juegos. Los Juegos del Trono. Eran siempre lo mismo de lo mismo, era siempre un poco de todo ello. Era siempre el modo en que los grandes decidían quién sería el astro del siglo mientras lidiaban con el tedio de la inmortalidad. El enorme coliseo se encontraba bastante lleno, unos y otros casi todos los que realmente tenían un nombre entre ellos estaban ahí. Incluso los más jóvenes, que no podían ser contados como tales puesto que eran ya lo suficientemente mayores, estaban ahí.  La multitud se agrupaba en sus bancas, en los pasillos, en todos los rincones que podían encontrar, sin importar incluso si estaban de pie, porque el espectáculo era algo digno de ser visto.
Ella bufó involuntariamente, lo que le ganó una mirada reprobadora de su padre. Se sentía incómoda en medio de esa multitud. Estaba harta de ver el mismo espectáculo sangriento que se repetía cada siglo, con todos los que quisieran ser parte, y que envolvía la más grande batalla que los suyos hubieran librado hasta ahora. Era todo una batalla por fama, por poder, cuando eres un inmortal las guerras pierden su sentido, los Juegos, sin embargo, conservaban toda su gloria desde los tiempos inmemoriales. Desde su más tierna infancia Ella se había visto en ese mismo palco, en esa zona, observando los Juegos acontecer unos tras otros y a los suyos sangrar y romperse en pedazos a manos de su mismo pueblo. El dolor era lo de menos, la muerte no era problema, eran seres inmortales y casi indestructibles; el aburrimiento era el problema.
Les llamaban Juegos del Trono, titulo irónico, puesto que nadie obtenía el trono al final, la única forma de obtener el trono era por matrimonio o por muerte del monarca, en cuyo caso sus hijos heredaban. El nombre de los juegos se debía realmente a la forma en que habían sido creados. Ella recordaba bastante bien las historias, su memoria era una de esas pocas que no se empañaba con el tiempo, y la mayor parte de ellas contaban que los juegos habían sido creados como una forma de entretenerse y de divertir al pueblo. No eran un pueblo sumamente numeroso, pero si poderoso. Ellos tenían una fuerza que los humanos no poseían, Ellos tenían un espíritu que los humanos no conocían, Ellos no tenían nombre.
Sin que Ella se diera cuenta, los miembros del palco se habían ido alejando de su lado, poco a poco, como era siempre. Ella estaba demasiado distraída en sus propias cavilaciones y recuerdos. Se veía a sí misma cuando era una pequeña, tantos siglos atrás. Estaba corriendo por un campo de trigo, todo oro y miel, mientras el sol brillaba en lo alto del cielo. Era un privilegio, un gusto que pocas veces podía permitirse. Su existencia vivía vigilada, bajo la mirada constante y amenazadora de su padre, de su guardia personal, de los Jueces del Trono. Ella había sido una niña, una privilegiada ciertamente, pero una al fin y al cabo.
Su mirada oscilaba entre la arena del coliseo y las vigas del techo de su palco. Le era imposible no ver los Juegos por momentos, él estaba participando. Su único amigo, su único confidente, la única persona que había crecido a su lado. Los niños no eran muy comunes entre ellos, su propia naturaleza lo impedía, y el haber tenido a otro niño que creciera a la par que ella había sido un privilegio sumamente grande.
En una de sus muchas miradas furtivas a la arena, Nathaniel sorprendió su mirada y le dirigió una sonrisa brillante y confiada, y acto seguido se giró y clavó su espada en el pecho de uno de los más altos jueces del Trono, un hombre cruel y malvado que participaba en los Juegos por el puro placer de herir a los demás. A Ella se le había quedado grabada la mirada de Nathaniel, era esa mirada pura y límpida que siempre le había dirigido. Esa mirada con la que la convencía de salir a correr por los campos de trigo, aunque estuvieran fuera de los límites, aunque estuvieran prohibidos. Él era el amigo que ella más apreciaba, casi su único, y uno de los pocos ante los cuales su padre no podía poner peros. Nathaniel venía de una familia antigua y poderosa, era un puro, como casi todos ellos. La primera vez que Ella había tomado conciencia de quién era ella había sido gracias a él.

- ¿Acaso no sabes quién eres? -le había dicho un Nathaniel niño con ojos de un verde violaceo y con un rostro de sorpresa.
Ella había negado con su cabeza llena de rizos. El joven Nathaniel se recostó sobre el suelo y contempló el cielo por un rato. Habían ido de excursión a un trigal y estaban retozando en el suelo. Ella estaba sentada, muy atenta a cada palabra de Nathaniel, ya que el chico parecía saber más de ella que Ella misma.
- Tú eres Ella -respondió de pronto él-. No los dejes convencerte de lo contrario. Pero también eres la dueña de la mayor parte de las vidas aquí. Eres la dueña de todo lo que ves, aunque las personas débiles no lo sepan. Y eres la hija del Dueño del Trono.
- Soy la hija del Dueño ...
- ¿No te lo han explicado? -preguntó Nathaniel interrumpiéndola.
Ella volvió a negar con la cabeza. Sólo tenía ocho años, Nathaniel tenía diez, él era más sabio.
- Bueno, supongo que lo harán cuando cumplas nueve -dijo Nathaniel, los nueve eran la edad de las respuestas en su pueblo-. Pero hay cosas que no te dicen, que a mi no me dijeron. Tu eres la hija del Dueño del Trono, osea del rey. Eso te hace una princesa, creo -y Nathaniel rió. Ella enrojeció, él no la creía una princesa.
- ¡No rías! -le gritó Ella.
Nathaniel calló inmediatamente. Su rostro lívido y sus ojos llenos de pánico. Ella se sintió tan consternada que no supo qué decir.
- Lo siento -dijo porque pensó que arreglaría las cosas.
- No lo hagas -le dijo Nathaniel-. No debí haber reído. Y tampoco haberte asustado, aun no sabes quién eres.
- Soy la hija de...
- No -le interrumpió el chico-. Es más que eso. Eres la dueña. Tu serás la Dueña del Trono algún día, si alguien te desagrada, no debes sino decirlo y caerá.
Con esas palabras se acabó la seriedad de la conversación, los guardias habían salido a buscarlos y ellos huyeron a lo largo del campo corriendo y riendo de la torpeza de sus cuidadores.

Al volver su pensamiento a la realidad, Ella vio que los Juegos habían acabado, bendito fuera el cielo. Y que su amigo se dirigía a ella sano y salvo. Nadie se interpuso en su encuentro, nadie osaba acercarse nunca cuando ellos se reunían. Eran altamente peligrosos e irreverentes por separado, juntos, eran aún peores. Nathaniel le sonrió enormemente cuando llegó a donde ella estaba. Estrechó la mano que ella había extendido y depositó un suave y burlón beso en su dorso. El público tenía su mirada fija en ellos, Nathaniel había sido el vencedor y se esperaba que el Dueño del Trono le diera su premio. Una corona purpura y una túnica negra, esos eran los símbolos del ganador. Mas el Dueño tampoco se atrevía a acercarse cuando ellos se reunían, y Ella sabía que era porque su padre esperaba que entre ella y Nathaniel surgiera algo, eso. Pero no ocurría así, ellos eran simplemente amigos, compañeros en buenas y malas, y el amor era algo que no figuraba en esa ocasión.
- ¿Qué esperas? -le susurró Nathaniel acercándose a su oído- Dales algo de qué hablar.
- Calla -respondió Ella-. Aún no.
Aún no, ella aún no pensaba desafiar a aquel que poseía control sobre su salida al mundo de afuera.
- Tengo algo que confesarte -dijo Nathaniel de pronto.
Ella le miró. A lo largo de los siglos, las contadas ocasiones en que su amigo usaba esa expresión solían estar relacionadas con romper reliquias invaluables, escaparse de noche, mentirle a los guardias o cosas por el estilo. Él se sonrojó un poco bajo su escrutinio, gesto que ella estaba segura indicaba que algo malo estaba por venir.
- Nathaniel -susurró Ella, la gente empezaba a inquietarse y se acercaban más a donde estaban-, explícate ya.
- Ha pasado -fue todo lo que él dijo.
Ella quedó conmocionada por dos latidos de corazón, luego saltó a su cuello y empezó a gritar de dicha.
Había pasado, una voz en su mente se lamentaba que le hubiera pasado a él antes que a ella, pero había pasado y ella estaba dichosa por su amigo.
La naturaleza con  la que había sido creados Ellos les condicionaba a ser capaces de amar una única y exclusiva vez en toda su existencia. Ese amor solía ser correspondido, aunque también existían casos donde no lo era. Y su propio cuerpo reaccionaba a ello, la razón de que los niños fueran tan escasos era que sus cuerpos sólo permitían procrear cuando estaban enamorados, era sólo con su pareja con quién  podían tener hijos. Y el amor, entre ellos, como algo irrevocable era también algo no tan usual y sumamente deseado. Era una condena eterna, así como la salvación.
Quizá por eso Ella se sentía un poco más sola ahora que Nathaniel tenía a alguien. Ella seguía sin tener a nadie, seguía sola. Y eso, en alguna parte de su mente, le quemaba un poco.
 

7 abr 2013

¿Mi pequeño gusto culposo? My very own guilty pleasure?
Es él. Verle.
Ese es mi gusto culposo. Esa es mi pequeña delicia prohibida. Revisar su rostro, sus gestos, pensar en sus palabras.
Que me son prohibidas, yo sé, pero es eso lo que mi corazón hace cuando no duerme.
Eso y pensar en nuevos tatuajes improvisados con marcador para cuando vuelva a tener una oportunidad.
En ese exclusivo primer lugar, ese que es tan obvio y llamativo. Ahí sigues, recogiendo el polvo de mis intentos de olvido. Llamando la atención del vacío. En ese pedestal roto donde solías vestir de dios y ser el creador del infierno y del sol.


Me pregunto yo sí en algún momento te irás o sí alguien te sacará...

1 abr 2013

Acabo de terminar
Ahora dime que voy a hacer por mi vida??
No puedo dormir, sólo tengo dos horas para dormir y el libro no esta terminado
Porque me torturas de esta forma, yo que te e echo?

Yo opino que leer eso es una de las dichas mas grandes que puedo sentir como un intento de escritora que soy.

28 mar 2013

Vasos a medias. Vasos vacíos. No te necesito.

Medio vaso. Estaba aun ahi, frente a ella. La retaba como si tuviera algun derecho de hacerlo. Ella miró en otra dirección, a donde se girase veía lo mismo, o una situación similar, siempre había sido él quien terminaba con el vaso. Era su papel, su responsabilidad particular y ella lo aceptaba, le agradaba incluso. Cada salida era un juego, una fachada para sus muchas competencias y esa era su favorita. La primera frase que él le dirigiera había sido un reto a su capacidad. Ella no iba a poder con su plato, eso había sido todo. Competitiva como era, ella no lo había dejado pasar. El plato, sin embargo, si había sido más de lo que ella había podido manejar. Se había encontrado a sí misma al borde del vomito pero sin desear admitirlo. El, como un extraño gesto de caballerosidad, se había sentado a su mesa y en silencio había terminado el plato. Ninguno de los dos había comentado al respecto, pero ese había sido el inicio de un hábito y de un juego. Desde entonces era siempre así, cuando ella no podía él aparecía en silencio. Y ella nunca se quejaba.
Ahora estaba sola, sin su presencia para ayudarle con el vaso a medias que tenía frente a sí y que parecía mofarse de su incapacidad. Sus ojos escocían, ella extrañaba todo eso, extrañaba todo el juego, toda la complicidad, extrañaba que él la retara y que ella quisiera responder al reto. Y aun entonces, después de todo el tiempo transcurrido, ella se sentaba y esperaba que alguna fuerza mística le ayudara a terminar el vaso, el plato o lo que fuera que tuviera entre manos porque eso era lo que él hacía por ella. Él simplemente era ese respaldo que ella necesitaba y que ahora no tenía. Y le extrañaba.
Con un ultimo esfuerzo, se terminó el vaso. Esta vez no le necesitaría, porque nadie iba a volver de una tumba para ayudarla, y tendría que aprender a sobrevivir. Esta vez sería ella quien terminara algo por él, terminaría su más divertido juego, terminaría la vida.

24 mar 2013

Quien me iba a decir que tu serías el causante de mi enfermedad, quién me diría que era por ti que mis huesos se convertirían en espuma.
Nadie pudo decirlo, aun cuando todos parecían saberlo.
Sé que lo encontraré de nuevo, con otro rostro, otro nombre, otro cuerpo. Y seguirá siendo él, ese que me mueve y destruye mi mundo. Ese que tantas veces fue y vino y nunca supo responder mis preguntas. Ese que odia que lo acribille con preguntas sobre los por qués de las cosas, y sin embargo ama verme preguntando algo.
Que sea lo que quiera Dios que sea. La torpeza fue mía, ignorar que no tenías corazón. Olvidé que en esta ronda eras tu quien no tendría compasión de mi.
Por el lapso de tiempo que me tomó caer rendida, olvidé que tu no ibas a tener consideración, que no estaba en ti.
No tengas compasión. Bésame. Úsame. Déjame como te plazca.
Pero no me dejes en este estado, el desamor y yo no sabemos convivir.
Yo sólo te pido un último beso. No es tanto pedir.
Aquí acaba, mientras yo sigo atrapada.
No es que me falten ganas de superarte, me sobran las ganas y los intentos, es que tu no sales de mi cabeza y punto. Y en la noche, de noche es peor, de noche quiero llorar y gritar pero solo puedo callarme y tragarme las lágrimas.
Vale, seguís aquí.
No te vayas.
Nunca.
Lárgate.
Márchate.
Desaparece.

Conversaciones Interesantes XLI

- Reconozco que no tengo remedio -dijo ella.
Él sonreía. Sin saber por qué, exactamente, simplemente lo hacía.
- Lo ultimo que quise fue esto, ser una total pendeja por una estupidez.
Él seguía sonriendo. Seguía sin decir nada. Ella se estaba desesperando con su actitud.
- Me marcho -dijo levantándose de pronto y acomodándose la falda que la hierba había arrugado.
Entonces él perdió la sonrisa. Su rostro se ensombreció y la tomó de la mano antes de que ella pudiera terminar de arreglar su ropa y se hubiera marchado.
- No.
Fue todo. Fue todo lo que dijo.
Se quedaron en silencio unos instantes, observándose, reconociéndose como si fuera la primera vez que se veían.
- ¿No qué? -dijo ella al fin.
- No te vayas.
Ella dudó un instante y entonces él tiró de su mano y la hizo sentarse de nuevo.
- No te vayas -repitió, poniendo sus manos sobre las mejillas de ella-. Tienes razón, no tienes remedio. Y  eres una total pendeja y estas actuando por una estupidez. Pero así eres tu.
Un sonido ahogado y ofendido resonó en el pecho de ella mientras le cruzaba la cara con una bofetada.
- Vale -sonrió él-, me la merezco por no aclarar. Ahora escúchame -esta vez se aseguró de sostener las manos de la joven, su cara podría esperar-. Eres una tonta, no tienes remedio y estás chiflada. ¿Y qué? A mi eso me encanta de ti. Eso es lo que hace que cada mañana quiera verte sonreír y llorar y hacer todas esas locuras que haces cuando te aburres.
Lentamente él le soltó las manos y simplemente la miró a los ojos.
- Me encanta que te guste el chocolate más que cualquier otra cosa, me encanta que sepas que hay más en las personas que solo maldad, incluso aunque te defrauden, me encanta que vivas con la nariz en los libros más de lo que la tienes en la realidad, me encanta que hagas historias en tu mente cuando estás sola o triste, me encanta que te atiborres de dulces cuando te sientes mal. Me encantas. Y me desesperas.
Él soltó una carcajada y ella se sonrojó. Conocía esa risa, era la misma de cuando él estaba a punto de decir algo que no quería tener que decir.
- Eres desesperante. Esa necesidad imperiosa de saber el por qué de las cosas, esa obsesión por llevar la contraria, esas ganas que siempre tienes de actuar cómo mejor te place, esa actitud de valiente e independiente que te impide aceptar ayuda, esas locas cosas que dices de vez en cuando. Las adoro.
- Pensé que te desesperaban -dijo ella. Él volvió a reír.
- ¿Lo ves? Básicamente me acabo de poner en bandeja y tu te concentras en que dije que me desesperas.
- Pero es que...
- Lo haces de nuevo -la interrumpió él.
- Lo siento -dijo ella, más por reflejo que por otra cosa.
- Eso también me encanta. Eres la única persona cuya disculpa es honesta y automática a la vez. Ah, debes dejar de poner en duda todo lo que digo.
Ella esbozó una sonrisa tímida. Solía dudar todo lo que él decía, aun así siempre quería escucharle.
- ¿Me abofetearás de nuevo, preciosa? -dijo él suavemente. Ella negó con la cabeza.
Entonces él la besó. La calló y la dejó en ese estado en el que solo te dejan los besos que de verdad se sienten en el alma.


16 mar 2013

A esto se le llama bucle de porquería. Porque eso es.
Es un bucle, un circulo vicioso, un infinito de basura.
Lo siento por todo. Por no poder superarlo, por ser patética y seguir sintiéndome así, por no saber superarlo.
Y es que es casi como si esperara que viniera alguien a decirme que es normal, que esta bien si no logro superarlo aun, que no es nada del otro mundo. Sigo esperando que alguien me diga que sabe lo que se siente, que sabe cómo me siento, que sabe lo que duele verle así, tan distraído y en su mundo, tan hermoso, y no poder ni acercarme porque no lo soporto. Vivo esperando por un poco de algo que no sé qué es. Vivo esperándolo a él, patéticamente.
Quiero, desesperadamente, sacarmelo de la cabeza, del corazón, de ese rincón donde se escondió hace tanto. Y no logro hacerlo. Incluso sabiendo que estaré bien, que todo saldrá bien, esto es patético y doloroso. Yo quiero, con todo lo que soy, olvidarle.
Yo quiero, con ,muchas ganas, tenerle. Mi alternativa es superarle, entonces superemosle. Pero que sea algo. Que no sea permanecer en el limbo...

15 mar 2013

Yo sólo sueño con esos ojos. Sólo pienso en esas manos. Sólo sé escuchar esa voz. Y eso me esta destruyendo pieza por pieza. Milímetro a milímetro, mi resistencia se deshace y se convierte en una búsqueda desesperada de algo que me haga sentir mejor. Que si pudiera, si pudiera, iría y le estamparía un beso, uno de esos besos que siempre quise darte a ti, a la primera persona que encontrara.  Mas no puedo. Me es totalmente imposible. Porque no son tus labios, porque no eres tu, porque yo te quiero a ti y no a cualquier sucedáneo del momento. No puedes ser tu, lo entiendo. Me mata, pero es comprensible. 
Sigo soñando con sus ojos, con su voz, con sus besos, con su respiración... sigo soñando con él y no sé cómo hacer que esto acabe. 
Le extraño. Masoquista. No es ni será mio pero eso no evita que le extrañe.
Naranja. Curioso color para una conversación sobre amenazas. Sobre métodos de asesinato. Curiosa manera de pasar el tiempo y de no sentir su transcurso.
Soy masoquista. Soy una condenada masoquista. Yo lo sé, tu lo sabes, todos lo saben. Me vuelvo una apendejada completa cuando se trata de ti, de tu voz, de tus besos, de tus palabras. Me vuelvo una idiota total cuando sé que te quiero y que no podré tenerte. 
Pero mi idiota yo y yo tenemos que sobrevivir.

El dijo que le gustaba como nos veíamos con gorra, que nos veíamos bien hoy. Es extraño que me haga halagos pero me gustó. Es extraño pero podría sostener esa conversación por horas, en vez de los pocos minutos que dura.

Soy masoquista. 

14 mar 2013

Hay días, como el martes, como hoy, en los que muero por un beso. En los que muero por saber como seria tenerte de nuevo a mi lado. Hay días en los que el deseo puede mas que la voluntad y en donde mis ganas y mi anhelo de ti son mas fuertes que mi decisión de respetar tus sentimientos

Esto lo encontré enFb, pero casi me hace llorar.

"Y debo decir que confío plenamente en la casualidad de haberte conocido. Que nunca intentaré olvidarte, y que si lo hiciera, no lo conseguiría. Que me encantaba mirarte distraído y que te hacía mío con solo verte de lejos. Que adoraba tus lunares y tu cuello me parecía el paraíso. Que no fuiste el amor de mi vida, ni de mis días, ni de mi momento. Pero que te quise, y que te quiero, aunque estemos destinados a no ser."

13 mar 2013

No lo sé

No me reconozco. 
No tengo idea de quién o qué soy últimamente.

¿Te conozco? ¿Te he visto en alguna parte?
¿Eres la misma que me regresa la mirada en el espejo?
No, no puedes ser tu.
Ella es normal, es alguien común y corriente, es alguien que no tiene preocupaciones ni heridas ni muertos a la espalda.
Esa no eres tú.
Esa no soy yo. 
No puedo serlo.
Porque si esa soy yo, ¿entonces a dónde se fue el dolor que llevo en el alma?
¿Dónde están esas lágrimas que permanecen en las comisuras de mis ojos esperando un mínimo impulso para brotar?
Tampoco encuentro mis ganas de permanecer en el mismo lugar.
Ahora más que nunca quiero irme, largarme, poner un océano de distancia entre tu y yo, o aun más si es posible.
Eso no bastaría. No sería suficiente.
Esto que siento es algo tan diferente y tan independiente que por mucho que no te vea, sigo volviéndome algo desconocido cuando apareces.
Cuatro millones cinco mil trescientos tres. 
Olvídalo. 
Yo sé bien que para ti no soy nada.
Que no importo nada.


No me reconozco. 
Y lo detesto. 

¿Tiene lógica acaso?

Imagínate que hoy ibas de blanco. Otra vez.
Y no fue a propósito que te vi. No fue intencional. 
Se me revolvió todo. 
Me hice nada. 
Me derretí, de la misma forma en que me derrito siempre. 
Y me encantó. Como siempre me encanta. 
Y lo odié. Como suelo odiarlo últimamente.
Porque no te tengo, porque no puedo tenerte. 
Porque ni siquiera recuerdas mi existencia y eso me duele.
Eso me destruye. 
Eso me recuerda que no fui suficiente y no sabes cuanto hiere.
Yo sé que no te puedo tener, que no te tendré. Yo me reconcilié con ese hecho hace tiempo.
No me pidas, sin embargo, que logre sacarte de mi corazón con la misma facilidad.
Esto no estaba en mis planes, esto no era lo que yo deseaba. Esto no era lo que yo quería. 
Nunca deseé que me rompieran el alma en pedazos. Nunca pedí que me destruyeran. 
Nunca deseé quererte con tanta intensidad. 
Y así es, así te quiero, así pienso en ti casi a cada instante, casi a cada momento.
Y duele. Duele como si me estuviesen clavando un hierro candente en lo más profundo del alma.
Duele como si me cortaran el corazón en trozos diminutos. 
Duele como si no pudiera respirar a menos que te tenga cerca. 
Se siente como si flotara en una nube de gas venenoso. Se siente como si me ahogara en un pequeño charco.
Pero vos seguís como si nada. No te importa, no te interesa. 
Tu no me ves, no me oyes, no recuerdas mi nombre. 
Tu olvidaste todas nuestras conversaciones y todas nuestras pláticas.
Tu olvidaste que alguna vez dijiste que no me lastimarías.
Tu olvidaste que dijiste un día que yo era importante, que me querías.
Tu olvidaste que te pedí que no jugaras conmigo.
Te pedí que no rompieras mi corazón. Te pedí que no me hicieras daño.
Yo no te lo dije, nunca lo dije, no lo diré. 
Porque te dolería, si es que acaso te importo, saber cuanto te quiero y cuanto aun te pienso.
Porque te sentirías mal sí supieras lo mucho que me duele,
lo incapaz que soy de sostener una conversación personal contigo sin querer romperme en mil pedazos después. 
Soy completamente incapaz de verte a lo lejos y contener mis ganas de acercarme, incluso si no te hablaré. Porque deseo verte, porque deseo sentir que estás cerca, porque deseo saber que, al menos por breves y fugaces instantes, tú recordarás mi existencia.
No me ves. No me recuerdas.
Y yo me quedo con esas enormes ganas de llorar, de besarte, de buscarte, de gritarte a la cara que te quiero y que te odio por haber permitido que te quisiera. 
¿Tiene lógica acaso?

11 mar 2013

Blanco y negro

Hoy era blanco.
No, no el color del cielo, ni el de mi ropa ni el de nada particular.
Hoy él vestía de blanco. Se ve bien con ese color, le hace lucir tierno, le da un aire de niño necesitado de cuidado.
Yo lo repito, el mundo es muy grande, la ciudad e incluso el campus son lo suficientemente grandes para que no sea necesario que le vea a diario. Entonces por qué rayos debo verle, incluso a cincuenta metros, y saber con certeza que es él y sentir que mi cuerpo reacciona como esa primera vez.
La mayor parte del tiempo me odio a mi misma por esta absurda situación. Me enfurezco con mi romanticismo por dejarme en este lamentable y arruinado estado. La otra parte del tiempo simplemente me siento triste. Triste por ilusa, triste por tonta, triste por seguir sintiendo esto y que se me salga de las manos. Y luego estoy bien. Luego regreso a ser un poco más como yo misma, luego soy más lo que soy. Yendo y viniendo a mi antojo y peleando con mis fantasmas. Hasta que le veo.
Yo le veo y me hago nada. Yo le veo y pienso en amor, en versos, en besos, en calor, en todo y en nada. Yo le veo y se me ocurre que todo es farsa.
Yo le veo y se me olvida que estoy sobreviviendo. Yo le veo y quiero cuidarle de nuevo. Yo le veo y por el muero.
Yo le veo y el mundo se detiene y el suelo tiembla.
Yo le veo y recuerdo que aun le quiero.

Y hoy el iba de negro. Y me acordé de lo mucho que me gusta el robar un beso. Y me acordé de lo divertido que es tener alguien que cuide de ti. Y recordé que aunque él vista de blanco yo ya no podré hacer eso de aparecer y robarle sonrisas porque él ya no sonríe conmigo.
Pero él vestía de negro. Y se veía sumamente bien.

10 mar 2013

Rayos

Pasan los días, uno tras otro, mientras en mis manos sostengo las palabras que una vez me dijiste al oído. 
Pasan los meses, con su ritmo habitual, y yo sé, en el fondo, que no ha cambiado nada, que sigue siendo igual. 
Todo sigue su curso, todo se mueve.
Y yo, por el contrario, permanezco aquí, pensando en ti. 
Suplicándole a la noche que me permita olvidarte.

9 mar 2013

Ilógico

No tiene lógica,lo sé, el extrañarte como yo lo hago.
No me importa la lógica, me importa que aun mueves mi suelo.
Eso es todo lo que tengo.

8 mar 2013

Arranque de nostalgia

Claro, yo en proceso de sobrevivir y tu como si nada.

Como duele el fuego cuando son sus ojos los que lo producen. 
Como duele el alma cuando es a él a quién extraña.
El hielo cala hasta los huesos cuando falta su calor.
El sol brilla con tristeza si sé que no puedo verle.
Y es parte de una rutina. 
Vivir a millón, hacer mil cosas a la vez, fingir ser feliz y hablar con energía.
Todo es un teatro, y yo una buena actriz.
Al final del día aun le extraño, aun le quiero, aun le pienso.
Al final del día sigo muriendo por un beso. 
Al final del día quedamos mis ganas y yo, y el recuerdo de sus ojos.
De noche no tengo espacio para nada más, no puedo sostener la máscara.
Duermo pensando en sus ojos, en su voz, en sus besos. 
No me avergüenza, no es malo.
Le quise, le quiero. ¿Y qué? 
Estoy sobreviviendo. 

7 mar 2013

Ella esperaba

Resulta que la interfaz de blogger no me deja subir hace varios días, ni siquiera abre. Así que envío esto desde el e-mail, esperando que blogger funcione bien pronto.


Miró el reloj, eran las doce cincuenta y nueve. Tenía sueño, estaba cansada y no tenía la más insignificante idea de por qué permanecía allí. Esperaba, si, pero por qué. La oscuridad le hacía compañía, al igual que el libro, sin embargo no lograban mantener su atención. Su mente volaba de uno a otro sin un orden determinado. Ahora él, ahora sus palabras, ahora el libro, ahora buscar una palabra desconocida, ahora recordar como sonreía cuando ella le miraba, ahora pensar que estaba perdiendo el tiempo. De pronto, suspiró. La noche se había cerrado hacía largo rato, todos dormían y no se escuchaban sonidos. El único sonido audible era ella, su constante cambio de posición sobre la cama, sus suspiros y sus palabras entrecortadas. Ella era consciente de cuan patético era todo, de lo sumamente tonto que era estar esperando tanto cuando posiblemente otra persona ni siquiera lo recordase. Y ahí estaba. Ella seguía esperando porque había dado su palabra, porque le importaba cumplir su palabra en este caso, porque realmente quería escuchar. De pronto se aburrió, decidió dar el primer paso. La espera la inquietaba, no lo soportaba, quería saber qué pasaba.
No pasaba nada, estaba ocupado. Ella se había dejado vencer por la impaciencia y había quedado en ridículo  Él estaba ocupado y ella no era exactamente relevante. Se mordió el labio. Claro que no, ella no era relevante. Ella no era mucho en comparación con otras, con todas. Ella simplemente estaba esperando, porque le habían pedido que esperara, porque quería esperar, porque le interesaba escuchar. Y se había dado cuenta de lo recurrente de la situación. Solía ser así todo el tiempo. Ella esperaba. Le decían que se quedara y se quedaba. Le pedían que se marchara y se marchaba. Le rogaban y ella cedía. Era tan predecible y tan poco interesante. Y ella se consideraba interesante, le gustaba pensarlo así. Le gustaba creer que era más que un rostro, más que una simple sonrisa, pero era difícil. Es sumamente difícil pensar en ti como algo más que solo lo obvio cuando todo parece indicar lo opuesto. Quizá eso era lo que tanto le gustaba, la facilidad con que podía pensar en lo diferente que era cuando le escuchaba. Lo sencillo que era verse a sí misma como era realmente y como no encajaba en el estereotipo y que aun así podía decir que había alguien que se sentía bien con su poca capacidad de encajar. Ella no encajaba, eso era bastante obvio a simple vista. No le interesaba mucho encajar, ese era un hecho discutible y variable, tanto como su independencia. Al final del día solamente quedaba un hecho cierto, ella quería escuchar. Ella quería escuchar su voz, por eso esperaba. Ella quería que le dijeran que su forma de no encajar era tierna, linda, perfecta o algo por el estilo. Ella quería que alguien la sacara de su vacío diario. Ella esperaba y esperaba por él. Había dado un paso al acercarse, lo sabía, se había metido de lleno en la boca del lobo. Por puro gusto, por puro masoquismo, por el físico y estúpido deseo de dejar de sentir un pedazo de hielo ardiente en lo que debía ser un corazón. Paradojicamente, ella había esperado. Se había congelado en una llama ardiente porque había esperado, había esperado y soñado más de lo que podía. Había pedido más que aquello a lo que tenía derecho y pagaba su deuda. Fielmente, cada cierto tiempo, ella depositaba su cuota de lágrimas y sangre en la bóveda que le había sido asignada. Era una cliente asidua, era una cliente regular. Ella iba y pagaba devotamente por todos sus errores, por aquello sueños en los que había puesto más esperanzas de las necesarias. Ella lo hacía. Y sin embargo cada vez que le pedían que esperase, ella esperaba. Y no era solo por un rato, no, ella esperaba tanto como fuese necesario. Ella esperaba tanto como hiciera falta. Porque ella quería escuchar. 



She walks through fire

Ella camina en medio del infierno sin saber que va volando sobre las llamas. 
Ella se mueve en un mar de hielo sin recordar que no posee alas. 
Ella se quema, se congela, ebulle y se derrite. 
Ella sueña, como todos soñamos, y se le olvida poner los pies en el suelo.
Ella es ella, y yo soy yo. 
Ella es yo. 
Nosotras somos él. 
Estamos en él.
Somos nosotras y él nos pertenece.
No pertenecemos a nadie, no somos de nadie.
El mundo es nuestro y nosotras somos libres.

4 mar 2013

Haz de mi tu canción personal. 
Tu poema privado, ese que lees cuando deseas volar, ese que buscas cuando quieres escapar. 
Anda, haz de mi tu sueño, tu ilusión, tu libro favorito. 
Haz de mi eso que buscas en el brillo de la luna. 
Haz de mi tu estrella personal, tu luz nocturna, tu salvación. 
Yo puedo hacerte volar tan alto, iluminar tu noche con tanto brillo, cantar tan suave a tu oído, que no querrás despertar de mi, no querrás dejar de leerme, no querrás dejar de buscarme en cada sombra, en cada noche, en cada perfume que el viento te traiga.  
Y aquí estoy. 
Y espero.