Ni ella ni yo pensamos disculparnos por nuestras palabras. No se disculpa el sol aunque queme ni la luna aunque en ocasiones aterre. Yo amo, todo aquello que pueda ser amable, y como me rehúso a esconderme, he aquí mi escape.

7 mar 2013

Ella esperaba

Resulta que la interfaz de blogger no me deja subir hace varios días, ni siquiera abre. Así que envío esto desde el e-mail, esperando que blogger funcione bien pronto.


Miró el reloj, eran las doce cincuenta y nueve. Tenía sueño, estaba cansada y no tenía la más insignificante idea de por qué permanecía allí. Esperaba, si, pero por qué. La oscuridad le hacía compañía, al igual que el libro, sin embargo no lograban mantener su atención. Su mente volaba de uno a otro sin un orden determinado. Ahora él, ahora sus palabras, ahora el libro, ahora buscar una palabra desconocida, ahora recordar como sonreía cuando ella le miraba, ahora pensar que estaba perdiendo el tiempo. De pronto, suspiró. La noche se había cerrado hacía largo rato, todos dormían y no se escuchaban sonidos. El único sonido audible era ella, su constante cambio de posición sobre la cama, sus suspiros y sus palabras entrecortadas. Ella era consciente de cuan patético era todo, de lo sumamente tonto que era estar esperando tanto cuando posiblemente otra persona ni siquiera lo recordase. Y ahí estaba. Ella seguía esperando porque había dado su palabra, porque le importaba cumplir su palabra en este caso, porque realmente quería escuchar. De pronto se aburrió, decidió dar el primer paso. La espera la inquietaba, no lo soportaba, quería saber qué pasaba.
No pasaba nada, estaba ocupado. Ella se había dejado vencer por la impaciencia y había quedado en ridículo  Él estaba ocupado y ella no era exactamente relevante. Se mordió el labio. Claro que no, ella no era relevante. Ella no era mucho en comparación con otras, con todas. Ella simplemente estaba esperando, porque le habían pedido que esperara, porque quería esperar, porque le interesaba escuchar. Y se había dado cuenta de lo recurrente de la situación. Solía ser así todo el tiempo. Ella esperaba. Le decían que se quedara y se quedaba. Le pedían que se marchara y se marchaba. Le rogaban y ella cedía. Era tan predecible y tan poco interesante. Y ella se consideraba interesante, le gustaba pensarlo así. Le gustaba creer que era más que un rostro, más que una simple sonrisa, pero era difícil. Es sumamente difícil pensar en ti como algo más que solo lo obvio cuando todo parece indicar lo opuesto. Quizá eso era lo que tanto le gustaba, la facilidad con que podía pensar en lo diferente que era cuando le escuchaba. Lo sencillo que era verse a sí misma como era realmente y como no encajaba en el estereotipo y que aun así podía decir que había alguien que se sentía bien con su poca capacidad de encajar. Ella no encajaba, eso era bastante obvio a simple vista. No le interesaba mucho encajar, ese era un hecho discutible y variable, tanto como su independencia. Al final del día solamente quedaba un hecho cierto, ella quería escuchar. Ella quería escuchar su voz, por eso esperaba. Ella quería que le dijeran que su forma de no encajar era tierna, linda, perfecta o algo por el estilo. Ella quería que alguien la sacara de su vacío diario. Ella esperaba y esperaba por él. Había dado un paso al acercarse, lo sabía, se había metido de lleno en la boca del lobo. Por puro gusto, por puro masoquismo, por el físico y estúpido deseo de dejar de sentir un pedazo de hielo ardiente en lo que debía ser un corazón. Paradojicamente, ella había esperado. Se había congelado en una llama ardiente porque había esperado, había esperado y soñado más de lo que podía. Había pedido más que aquello a lo que tenía derecho y pagaba su deuda. Fielmente, cada cierto tiempo, ella depositaba su cuota de lágrimas y sangre en la bóveda que le había sido asignada. Era una cliente asidua, era una cliente regular. Ella iba y pagaba devotamente por todos sus errores, por aquello sueños en los que había puesto más esperanzas de las necesarias. Ella lo hacía. Y sin embargo cada vez que le pedían que esperase, ella esperaba. Y no era solo por un rato, no, ella esperaba tanto como fuese necesario. Ella esperaba tanto como hiciera falta. Porque ella quería escuchar. 



1 comentario:

  1. ¡Hola! interesante composición. Me gusta por su carácter introspectivo, me gustan las reflexiones de este personaje tan caviloso, cómo va pasando el tiempo y ella siente cada minuto como algo vivo, y así lo manifiestas en cada línea. Está muy bien. Interesante el desespero de ese "querer escuchar", se nota la ansiedad, el agobio, el interrogante constante. Las líneas están demasiado juntas y a veces se hace pesado leer así. Sería más cómodo una letra más grande o separada por renglones, para que sea menos cansado para la vista. Un saludo

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