Ni ella ni yo pensamos disculparnos por nuestras palabras. No se disculpa el sol aunque queme ni la luna aunque en ocasiones aterre. Yo amo, todo aquello que pueda ser amable, y como me rehúso a esconderme, he aquí mi escape.

31 may. 2013

¿Qué importa que yo sea extremadamente yo? ¿O que sea extremadamente obvia? No es nada que no sepas o que yo no sepa. 
Al final del día sabemos que ni te tengo ni me piensas, entonces no hay problema.
Yo digo lo que me apetece, lo que necesito. 
Eso es todo. 

Curiosamente, sobreviviré.

Quiero verte una vez más, y siento que respiras a mi lado, asi es que vivo alucinada, mintiéndole a la misma realidad. 

Karoll Marquez.

Si, si, es una canción cursi y tonta. Llevo un rato cantándola. No me explico bien la razón.


Era un día más, aburrido, torpe, vacío. Había despertado con los nombres revueltos, con los ánimos cruzados. Ella, la que solía ser responsable, la que solía preocuparse, estaba en uno de esos agujeros donde bien podía dejar todo en el infierno. Le daba igual. Había decidido no hacer nada, no moverse, no levantarse de su cama siquiera, pero sabía que tenía que hacerlo; aunque por dentro maldijera todo y a todos. No tenía otra opción, ese era su papel usual.
Era un trabajo complicado eso de levantarse de la cama, sus huesos se sentían rebeldes, su cabello se enredaba en su rostro y el aire caliente de la habitación no hacía sino aumentar sus deseos de seguir durmiendo. Bañarse fue un poco mejor, el agua helada le devolvió algo de raciocinio. Dos vasos de cafeína después, ya se había resignado. Iría, tenía que ir, mas no tenía que dar el todo por el todo. No era necesario. Encendió su computadora y revisó sus emails. No había nuevas noticias, nada excepcional ni desconocido. Suspiró. No estaba muy segura de qué había estado esperando. Cada mañana era algo similar, la misma sensación incómoda y a la expectativa. Sin embargo no duraba mucho, desaparecía en el momento en que confirmaba que ese tampoco sería el día.
Por unos cuantos segundos consideró la opción de estudiar, de hacer lo que debía hacer, decidió que no valía la pena. No se torturaría con algo que no tenía sentido. Escogió una serie y empezó por el primer capítulo. Era entretenida, se encontró riendo a carcajadas y recordó que había extrañado reír de esa forma. Sin que se diera cuenta, llegó la hora. Apagó el equipo, se vistió, intentó hacer algo con su cabello y luego decidió que prefería simplemente ser ella, y salió.
Era la rutina habitual, iba por la calle en su propio mundo y la gente la observaba como a algo curioso, como se observa a un animal extraño. Sonrió, le habían llamado así algunas veces. Tomó el transporte a la universidad y subió el volumen a sus audífonos. No le importaba si la gente la miraba, no le importaba si pensaban que era algo que no era, para ella bastaba con saberse ella misma. Lo había decidido, había hecho su elección.
Tuvo que hacer malabares al llegar a su destino, su equilibrio, como siempre, no era el mejor. Bajó del bus y subió las escaleras de entrada. Aún entonces había gente que, como siempre, giraba a observarla y luego volvía a su ritmo natural. Ella sabía el por qué, sabía que no se debía a su rostro, ni a su belleza, ella no poseía tal cosa, se debía simplemente a que era diferente. Su cabello y su forma de vestir no iban muy apegados al patrón, por lo tanto se ganaba una segunda mirada de algunas personas. Las ignoraba casi siempre, excepto cuando habían sido de él. Sacudió la cabeza, se prohibía a si misma pensar en él dentro del campus de la universidad, su mala suerte podía acabar invocándolo y ella aún no era capaz de verle sin caerse a pedazos.
El salón de clases bullía en preocupación. Todos estaban incómodos e inquietos por el examen de ese día, casi no podían mantenerse quietos. Ella estaba resignada, aburrida casi, y consideraba las posibles repercusiones de simplemente no asistir; pero el profesor llegó antes de que pudiera decidirse. Su promedio no era malo, estaba bastante bien, y eso le valió no tener que presentar el examen. La recorrió una oleada de alivio que no había esperado, claro, seguía siendo ella misma, por lo tanto era difícil simplemente dejar las cosas así. Se sentó en el pasillo a escuchar música mientras barajaba la idea de llamar a uno de sus amigos, se decantó por simplemente enviar un mensaje: no quería interrumpir algún momento privado. Le respondió una llamada, estaban en el coliseo, la invitaban.
Su decisión había sido tomada en un par de segundos, aunque a algunos de sus amigos no les parecía prudente, podría encontrarse con él, dijeron. Ella se calló para sí la respuesta, esa era la idea, quería verle. Seguía sumida en esa extraña contradicción, evitaba su presencia a toda costa, porque no tenía mucho control sobre si misma cuando de él se trataba, y aún así siempre buscaba una oportunidad de verle, de observarle incluso a distancia, porque era él, porque él era todo lo que ella deseaba, porque incluso así, ella sólo quería saber que él estaba bien y era feliz. Se levantó y se dirigió a su destino.
Fútbol. Casi gime, pero habría sido exagerado. No era tan malo una vez que omitía la parte de no entender nada de lo que ocurría allá abajo. No iba a fingir intentarlo siquiera, su atención no lograba centrarse en eso. Justo al otro lado, en perfecta posición para su campo de vista, estaba su perdición. Se quedó sin aire, al tiempo que su corazón se saltaba un latido. De haber sabido ... Pero ya no podía hacer nada, ella nunca pediría que se cambiaran de lugar, no iba a perder aquella oportunidad. Ignoró el incómodo peso en el pecho y la ligera opresión en la garganta. Ella no iba a perder, tenía que superarlo de una vez por todas, o podría pasarse la vida deseando algo que nunca iba a tener.
Una agradecida distracción apareció, amaba conocer gente nueva y le estaban presentando la oportunidad perfecta. Se embarcó en una conversación sobre armas, teorías conspirativas, sobornos, futuros probables, gustos, hábitos, historias y demás. Por unos minutos, signo que quizá estaba logrando un avance, logró sacarle de su memoria. Él probablemente estaba evitando mirarla pero a ella no le importaba, como pocas cosas no le importaban. De vez en cuando su mirada se desviaba en su dirección, anhelante, y luego volvía a desviarla. Estaba firmemente empeñada en demostrarse a si misma que iba a sobrevivir, que no iba a desmoronarse como otros días. Curiosamente la sensación era distinta, su corazón latía acelerado, si, pero no era la misma sensación. No era esa sensación de necesidad anhelante y desgarradora, era algo más controlado, más moderado, era algo soportable.
Su ánimo sufrió un cambio drástico. De pronto ya no se sentía tan mal, de pronto ya no estaba tan sombría. Acababa de ver la luz al fondo de su túnel y eso era más que suficiente. Acabo incluso hablando de él, sin decir su nombre, claro, y de lo que había pasado entre ellos. Se encontró con que le subían el ánimo y le regalaban una sonrisa y un cumplido. Se encontró de pronto con que era agradable hacer un nuevo amigo.
El día terminó y ella estaba hambrienta, así que después de despedirse fue por algo de comer. Su suerte la esperaba, estaba justo en frente de ella, adorable como siempre, atractivo como siempre, para ella era sumamente apetecible. Se enfocó lo más que pudo, subió el volumen a sus audífonos e ignoró el cosquilleo en su estomago que decía que lo que ella quería no estaba precisamente en la nevera. Eligió una Coca-cola y algo de chocolate, lo necesitaba, siempre lo necesitaba después de una experiencia tan dolorosa. Sólo se permitió dirigirle un par de miradas, rápidas y neutras, se negaba a convertirse en lo que odiaba, incluso si ya lo era. Tomó su bebida y sus galletas de chocolate y se marchó, sin permitirse mirar atrás. Era consciente de lo fuerte que había sido su reacción al verle, así como también lo era de que por una tarde, por varías horas, esa sensación de ahogarse al estar cerca de él, había desaparecido un poco. Y eso, si eso pasaba, sólo podía significar que no estaba tan perdida como pensaba, que tenía aún esperanza.
Sonreía de camino a su casa, aunque la vieran extraña, de todos modos eso era ella, una rara  y le gustaba serlo. Le gustaba ser tierna y aterradora, ser ella. Le gustaba saber que él era feliz y reía, a carcajadas, como ella pocas veces le había visto hacer. Eso era suficiente para ella, idiota amor que no pedía mucho, porque lo único que había pedido siempre era su felicidad, de él, no propia.
Y seguía con su rutina, tan única y diferente como cada día.




Si tu supieras.

A veces me pregunto si lo sabes o no, sí lo notas. Me pregunto sí lo ves.

La mayor parte del tiempo creo que no, que ni siquiera lo sabes, que lo ignoras completamente. No tienes idea de la gama de emociones que, incluso después de tanto tiempo, sigue despertando en mi la sola visión de tu anatomía. Es una forma extraña de decirlo, muy curiosa, pero así es. Mis reacciones están dictadas por tu presencia, por tu ausencia, por el hecho de verte o simplemente saber que estás.

Querido mío, si es que aún puedo llamarte así, te quiero, entonces lo haré; cada vez que estoy cerca de ese mundo donde vives tus días, mis reacciones no son las mismas, mis latidos no son los mismos. Mi corazón se acelera ante la mera idea de tu presencia, ante el solo pensamiento de estar en el mismo sitio donde tu pudiste haber estado tan sólo horas antes, minutos antes.

Es ridículo, ¿cierto? ¡Como si a ti te importara! ¡Como si lo pensaras!


"Eres un cerebro" 
¿Qué puedo responder? ¿Que no me importa? ¿Que odio esa expresión? ¿Que soy un montón de cosas además de simplemente eso?

No importa, de todos modos no están dispuestos a escuchar. De todos modos, no les interesa. Simplemente sirvo a un fin que se pretende mayor que yo misma sin saber que es algo sumamente efímero. 

Pronto, no te preocupes, cuando ya tenga lo que necesito, porque esto es simple mutualismo, entonces me negaré a seguir siendo etiquetada.

Mientras tanto sólo puedo quedarme en silencio y sonreír tímidamente cuando algún descerebrado inconsciente me describe de esa forma. 

Al diablo, hay mejores cosas que simplemente ser eso. 

Ser libre, por ejemplo.
Puedes llamarle cotidianidad, es simple cuestión de lógica. Si me acerco demasiado, te quemas, si te alejas demasiado, te congelas de nuevo. Sea como sea, nada hay en ti que yo pueda utilizar para salvarme (te).

29 may. 2013

Él ... él era luz, incluso con su oscuridad, y le daba vida y sentido a mis días.  
Él ... él era la respuesta a esa súplica silenciosa y el pago por ese crimen cometido.

28 may. 2013

Que si puedo reír o si puedo llorar. ... Y quisiera decir que te extraño a rabiar, que ya no puedo más. Oh, se me pasará, pero ya no lo sé, ya no siento más. ... Porque ya no estoy aquí, morí, morí el día en que te fuiste así de mi. ... Sólo existe este maldito amor, que es más grande que el sol, no tiene compasión, no preguntes por mi. Yo ya no estoy aquí.


Morí - Tranzas


No estoy aquí, ni yo ni mis sentimientos. Te los quedaste, están atados, pegados, amarrados,a la suela de tus zapatos. Los llevas en la bota de los jeans y los arrastras por todo el campus cuando andas sin mirar hacia arriba. Pero al fin y al cabo, creo que es eso lo que tanto amé de ti. 
Era de esperarse. Predecible. Era inevitable que mi mirada se perdiera detrás de unos pasos que no miran hacia atrás.
Me culpas de las alturas que ves desde tus zapatos. 
Hablas para no oírme, bebes para no verme.
Yo callo y río y bebo, no doy tregua ni consuelo.
No es por maldad lo juro, es que me divierte el juego.


Maldita dulzura - Vetusta Morla

Breve diccionario.

Él

1. Se dice de aquel dolor que llevo dentro del alma y que me impide incluso dormir tranquila. 
2. Se dice de aquella persona que vive su vida tranquilamente sin saber que a mi el corazón se me sale por la boca cada vez que escucho su nombre.
3. Se dice de lo que más quiero/anhelo y no puedo tener.
4. Se dice de los besos que se me quedaron atorados en la garganta.

Él 
(Desambiguación)

1. Se dice de aquella persona tan única y extraña que deja mi mente en una laguna innavegable.
2. Se dice de una sombra que empieza a aparecer en mis sueños y a convertir todo en algo aún más complicado.
3. Se dice del arte, de la vida, de la simplicidad y la complicidad.
4. Se dice de la recolección de aquello que vi y que no vi en otras vidas.


YO

1. Se dice de la mayor complicación, desastre, enredo e imprevisibilidad que he conocido.
2. Se dice de aquella ilusa que no sabe manejar sus emociones porque siente más de lo que sabe pensar.
3. Se dice de alguien que según el colectivo general, puede trabajar bajo presión y hacer grandes cosas académicamente pero que es incapaz de manejar su vida personal.
4. Se dice de alguien extraño, de alguien incomprendido y considerado raro. O rara, ya que hablamos de mi.







26 may. 2013

Notese una cosa: te extraño.
A ti y a tu trompa. A tus patitas de elefante, a tus consejos y tu voz. Te extraño demasiado, como no tienes idea. Quiero saber de ti, saber cómo estás, qué pasa en tu vida, qué ha pasado con tu hígado. 
Quiero saber de ti. 
Pero parece que últimamente es cada día más complicado conseguirte. ¿O es que ya no sabemos cómo hacer que esto funcione?

Ella arde.

Ella arde. Ella es de fuego.
Tiene miedo, es normal.
Nadie nunca sabe lo que el futuro le depara, nadie nunca sabe cómo luchar contra la corriente, como nadar solo en el océano.
Pero ella es fuerte, ella lo sabe.
Ella vive en un mundo que poco a poco se desmorona, vive en un mundo que se deshace, las piezas no encajan y se repelen unas a otras.
Ella lucha, con uñas y dientes, con garras incluso, por mantenerse en pie, por mantener sus pies sobre el suelo, por no caerse con el mundo.
Ella tiene sus pies en el suelo y está reconstruyendo su mundo, está reconstruyendo su camino.
Ella se quedó sin rumbo y ahora está diseñando el suyo propio.
Es un mundo solitario, ella lo sabe, es un mundo cruel.
Ella arde, ella lucha, ella tiene algo que nadie jamás tuvo.
Ella es ella, nadie nunca tuvo esa ventaja antes, ser ella.
Ella es única, inigualable, fuerte y valiente.
Ella arde en llamas con su propia pasión, con su propia fuerza, con su espíritu único e indomable.
Ella está en llamas.
Ella sabe que, aunque la incertidumbre sea tan grande, ella podrá con ello.
Por ella y por él, por ella y por ellos.
Por ella y por todo lo que le espera, por todo lo que vendrá.
Ella está en llamas, pero no se quema, ella está en llamas y no dejará que la consuman.
Ella está en llamas y prenderá fuego al mundo para obtener su felicidad.

25 may. 2013

So, now what?
Je ne sais pas rien.
Ahora nada, ahora todo. Ahora aparecen flashes de momentos que una vez significaron algo.
Curiosamente, tan curioso como puede ser, no es nada que tu alguna vez no hubieras dicho, no es nada que alguna vez dijeras, incluso si me contradigo, mas sigue siendo algo curioso, algo digno de mencionar.
El punto, aunque nunca quiera hablar de ello, es que simplemente no quiero hablar de ello, duele, lastima, mata, destruye. Y aún así, quiero hablar de ello, quiero verte, quiero saber de ti, quiero, por tan sólo un segundo siquiera, escuchar tu voz nuevamente.

I'm getting used to it.

I'm exhausted, you know. I have no strenghts for anything that requires more than just my will.
But here I am. Because I need it, because I need you, because I needed you. I've needed you all along these days and you haven't been here. But I am trying to be strong, I'm trying to put you first. I haven't been the best I can be. I haven't been what you've needed. So, I'm sorry. I'm here now, though. I'm here begging your forgiveness. I'm here because I miss you, even more than I dare to admit. But I do. I definitely can not live without you. It seems you can, though.
I don't even know what I'm saying, see. I'm rambling. I'm mumbling, only God knows what. Why is all that? It's just because I'm an idiot, I need you, I know that. But, babe, I'm trying to guess where in hell do I fit. You have your life, I've noticed that, I see it everytime you're with me, you're not entirely there, but me, honey, I don't have anywhere else to run. I have no one else who I would like to go to. I'm always wearing that mask I only take off with you. I can't do that forever, though. I guess at some point I should've realized I wasn't going to be able to do it for longer that this. I don't belong to that world of yours, I am not like that. I'm not leaving, I'm just trying to find my own way. It would be easier if you helped me. It would be easier if I had your support, just as you have mine.
Don't worry. I'm getting used to this. I'm getting used to the feeling of shutting down my mouth and swallowing all those words.
But, even I know that that's dangerous, that someday there will be no way back from that emptiness or that loneliness or that feeling of not fitting.
My eyes are shutting down. My soul is collapsing. My heart, my heart is ripping itself out.
So this is it. I just needed to say, babe, I miss you like hell.
I want to know how you are, how you feel. What's going on. I don't know, and it hurts. But I'm kind of getting used to it, and I hate it.

24 may. 2013

Sabes, no eres tan único. 
Si, para mi eres uno de entre un millón, pero realmente no eres tan individual.
E incluso así, con todo y eso, sigo deseando que seas tú y no otro.

23 may. 2013

Tengo ganas de hacer algo físico. Un deporte o algo. Honestamente, los besos cuentan como algo físico, pero no tengo a alguien que me inspire esos deseos (no, no le tengo, él no cuenta), por lo que otra cosa debe ser. Pero sí, tengo ganas de hacer algo que implique moverme y no sentir ni pensar.

22 may. 2013

20 may. 2013

Soñé contigo, nuevamente. Y ni me acostumbro, ni deja de doler.

Soñé contigo. Sabes. Hacía tiempo, mucho en realidad, que no me destruías de esta forma.
Como siempre, como todo, como yo, necesito sacarte de mi sistema. Como siempre y como con todo, me estás destruyendo, quieras o no, y debo deshacerme de ti.

Nunca recuerdo cómo llegué hasta ahí, cómo me vi involucrada en semejante situación. Pero sí recuerdo que tu estabas ahí, que te veía, como siempre hago, desde lejos. Recuerdo que observaba tu sonrisa y que me preguntaba si alguna vez volverías a sonreír por mi. Recuerdo que veía tus ojos y anhelaba, con cada molécula de mi ser, verme en ellos nuevamente. Y desaparecías, de pronto te perdía el rastro y dejaba de encontrarte entre la gente. Mas nunca dejabas de rondar mis pensamientos, nunca dejabas de rondar mis ideas, nunca desaparecías de mi alma.
Fue alguien cercano a ti, demasiado cercano, quien desató todo lo que ocurrió. Yo estaba, como estoy siempre, intentando encontrar una forma de deshacerme de tu recuerdo, de tus imágenes, cuando esa persona dejó un mensaje en mi bandeja. Habla con él, está triste. Te extraña. Recuerdo haber pensado, en principio, que era una muy mala broma. Era de un horrible mal gusto que alguien me hiciera semejante jugarreta, mas cuando lo pensé de nuevo, esa persona no tenía razones para hacer algo como eso. No lo necesitaba, no le reportaba beneficios, ni siquiera diversión. Y entonces lo pensé de nuevo. Entonces lo vi como cierto. Era posible, probable, casi podía sentir como tu esencia me envolvía y algo en mi interior empezaba a gritar que sí no averiguábamos la verdad de tu boca, moriríamos.
Una voz, perteneciente a alguien que, en mi sueño, estaba de mi lado, me susurró que te ibas. Estabas en camino de marcharte, me dijo. Lo pensé, lo admito, durante al menos una fracción de segundo. Podría dejarte ir, podrías marcharte, y no te vería en sólo Dios sabía cuanto tiempo. Casi, te lo juro, casi permito que te marcharas. Casi me convencí a mi misma que sobreviviría, que no te extrañaría, que las noches no serían tan duras. Casi. Pero en el mismo momento en que siquiera mi mente formuló el pensamiento, mis células se revelaron, rugieron, la sangre se agolpó en mis oídos y mi adrenalina se disparó. Si te dejaba marchar, jamás y nunca sabría la verdad, el por qué, nunca podría dormir tranquila de nuevo. Estaba condenada, y me rehusaba a aceptar la condena.
Empecé a correr. Con todas mis fuerzas, como si nunca hubiese de detenerme, como si nada fuese a detenerme. Empecé a correr tan rápido como me lo permitían mis piernas, tan lejos como podía dar cada zancada, tan enfocada en ti que no sintiese el dolor en los músculos o el viento en la cara o los raspones en las rodillas. Corrí, crucé callejones, parques, escuelas. Corrí tanto que pensé que no te hallaría, que pensé que no estarías, pensé que quizá, quizá, ya nunca cerraría el circulo. Todo era un borrón verde y café, todo era gris y rojo ladrillo, todo era nada, informe, indefinido, irreconocible. Tuve miedo. Tuve físico miedo, la sensación de ausencia de aire en mis pulmones, la falta de oxígeno en mi cerebro, el acelerado latido en mi pecho; todo eso era soportable comparado con la nada, con el estado de vacío al que regresaba de sólo pensar que tu no estabas ahí. Y encontraba fuerzas, desde lo más profundo del abismo, porque sí no sabía la verdad, nunca alcanzaría a vivir.
Y entonces llegué. Y todo el universo se detuvo en un solo instante, en un momento tan cálido y tan brillante que el sol no podía siquiera competir. La vida se quedó estancada en el color de tus ojos y en la forma de tu cabello, mi aliento se atoró en mi garganta y todas mis preguntas murieron cuando me miraste y simplemente sonreíste. Simplemente sonreíste. Así, como si nada, como si todo, como si nunca te hubieses ido. Me ofreciste un helado, chocolate y vainilla, y tomaste uno para ti, justo como la primera vez. Sonreíste de nuevo, y esta vez yo también pude sonreír. Esta vez pude sentir que todo iba a estar bien, que todo iba a salir bien. Contigo, sin ti, había cosas que no sabía, pero la sensación de estar en el sitio indicado era tal que haberla ignorado habría sido simplemente imposible.

Entonces desperté. Confundida, desorientada, destrozada. Estaba exhausta, lo estoy siempre que sueño contigo. Enterré mi rostro en la almohada y ahogué un sollozo, no me permitía lágrimas, no salían, por mucho que yo quisiera que así fuera. El día ha sido largo, un poco triste, un poco apagado, y yo sigo pensando en que sonreíste, aunque fuese en un sueño, y que la razón fue mi presencia.
Y todavía, todavía no decido si eso me destruye o me envenena o quizá, quizá, me pueda salvar.

16 may. 2013

Porque me equivocaría otra vez, caería en las nubes de tu pelo, gastando las catorce vidas que son dos gatos, construyendo mi casa por el tejado, y tan sólo porque me acordé de ti y me entró la nostalgia que al soldadito marinero al recordar los huesos de tus besos.


(Mi versión de Fito & fitipaldi)

El viento en su cabello

Me va a matar. Estoy escribiendo con la izquierda (todo lo que puedo), antes de que me grites.
No hablaba de eso, aunque podría. Me refería a la casualidad.


Para ella era bastante normal, incluso aunque no permitía que se convirtiera en rutina, recorrer ese camino. Había sido el mismo desde que tenía memoria de él. Un pie detrás de otro, se recordó, siempre lo hacía. Siempre olvidaba el ritmo, siempre creaba uno nuevo. Siempre notaba algo diferente. Tenía esa costumbre de buscar algo nuevo cada vez que recorría el camino. No algo externo, algo un poco más de ella, más cercano, más personal. Ese día había escogido, o había sido pura casualidad, no estaba muy segura, fijarse en el viento. Había algo en el correr del viento entre los arboles, en el golpe del viento en su rostro, en la sensación del viento en su cabello. Era eso, notó con curiosidad, lo que más extrañaba de esos días. Su cabello casi tenía vida propia, era un ente agregado a su propia individualidad. Era una compañía y una declaración. Llevaba la firma de sus emociones, de sus ideales, de sus impulsos. Podía hablar de alegría, de libertad, de dulzura, de necesidad, de represión, de dolor, de control; podía hablar de muchas cosas en concreto y de ninguna en especifico. Había demasiadas razones para que amara su cabello, muchísimas  pero una de las principales era él. Curiosamente, había sido ese uno de los detalles que había llamado su atención. Le gustaba, le gustaba como era libre y se movía con el viento.
Ella suspiró.
Le molestaba encontrarse a sí misma pensando en él. Le molestaba incluso ser consciente de pensar en él. Era traición, decía, una enorme traición contra sí misma. Era ignorar deliberadamente su amor propio en busca de qué, de algo que no podía ni poseería nunca. Resopló, claro, como siempre estaba en el mismo punto muerto de todos los días. Deseaba lo que no podía tener, y era incluso normal, sin embargo era consciente que sus deseos llevaban precios y dolían. No le importaba pagarlos, ella estaba gustosa de pagarlos, pero algunos eran injustos. Ese, por ejemplo, era demasiado injusto. Estaba pagando en exceso por algo que ni siquiera había disfrutado, algo que ni siquiera había poseído en toda regla. Y si, quizá era cobro agregado de una deuda anterior, pero eso no podía ser siquiera legal.
Su paquete estaba en camino, se recordó.
Pronto le daría un aire colorido a las cosas. Estaba segura que eso no la haría simplemente olvidar y sentirse mejor, pero ayudaría, y vaya si ayudaría.
De pronto, he ahí, la casualidad más casual y poco convincente. No era planeado, estaba segura de ello, sin embargo era tan casual que lo parecía. Justo en ese momento aparecía una mariposa para salvarla de caer en una espiral de tristeza.
Sonreía, después de su encuentro con aquella mariposa, aquel ser. Tenía una enorme sonrisa y un gesto alegre. Quizá incluso durmiese bien esa noche. Quizá.

15 may. 2013

Una lágrima rodó por su mejilla. Fría, como su corazón, como sus esperanzas. Terminó en su barbilla y calló al suelo. No hubo una segunda para acompañarla, sólo esa. Simple, solitaria, única. ¿La razón? Ella nunca había escuchado salir aquellas palabras de su boca. Durante mucho tiempo, más del que podía siquiera imaginar, había estado deseando escucharlo, escuchar las palabras que la salvarían. Nunca las había escuchado, no había escuchado siquiera la intención de decirlas. Después de tanto tiempo, aún le dolía, aún le causaba esa extraña presión en el pecho que agolpaba lágrimas en sus ojos y le cortaba la respiración. 
Iba a sobrevivir, esa era su premisa, era su convicción. Lo que pasara mientras lo lograba era un asunto muy distinto.


(Estoy usando la izquierda, no me vayas a gritar)
Mátame. Dispárame.  en medio de los ojos, es más rápido.
Tolero cualquier cosa, incluso que me prohíban el chocolate, pero no sabría sobrevivir sin poder escribir.
Rayos,duele. Quizá tengo un poco la culpa... Es posible que me haya dado por golpear la pared, reventarla a puños, pero quizá no. No habría golpeado con fuerza, de haber sido así, pero no estoy diciendo que eso haya ocurrido.
Vamos que, duele, yo no sé vivir sin, mierda, duele mucho, sin escribir.
Duele. Condenación. Duele.
Creo que, por mi bien, tendré que aprender a escribir con la izquierda.
Rayos.
Esta es la cereza para una semana del asco. Un mes del asco, porque van dos semanas en esto y eso es lo que va del mes. Mala broma.
Vale, ya esto es el colmo. Pero espero que la semana termine pronto, o que me quiebre en el proceso. Lo que sea que ocurra primero.
En algún momento tendré que decidir si mis lealtades se mantienen o si definitivamente prefiero mantener mi salud mental y mi amor propio.
Rayos, y más rayos.
Duele.

13 may. 2013

Premio Liebster


Premio Liebster -- Gracias, Marianne!



Me gustaría darle las gracias a Marianne M del blog A través de mi diario por concederme este Premio a mi blog. 
La finalidad del premio es reconocer nuestro trabajo y dar a conocer blogs aunque tengan pocos seguidores.

Las reglas del premio son las siguientes:

  1. Nombrar y agradecer el premio a la persona que te lo concedió, y estar suscrito.
  2. Responder a las once preguntas de la persona que te concedió el premio.
  3. Conceder el premio a once blogs que te gusten, que estén empezando o que tengan menos de doscientos seguidores.
  4. Elaborar once preguntas para los blogs que premias.
  5. Informar del premio a cada uno de los premiados.
  6. Visitar los blogs que han sido premiados junto al tuyo.
  7. Para no romper la cadena, evita mandar el premio al blog que te lo envió.

    Preguntas que me hizo Marianne:
Mis Preguntas para los premiados
  1. ¿Con qué animal te identificas y por qué? Siempre me han gustado los tigres, por eso de que exudan poder; sin embargo, si debo escoger un animal con que me identifique, me da la impresión de que sería la mariposa. De un lugar a otro, con la misma emoción, con el mismo interés. Creo...
  2. ¿Luna o estrellas? ¿Por qué? Ambas. La luna es hermosa, si, pero sin las estrellas se vería solitaria. 
  3. ¿Agua o fuego? ¿Por qué? El agua es fuerte, incluso a pesar de parecer débil. Pero yo prefiero el fuego, el fuego es pasión, es fuerza, es destrucción y es caos. 
  4. ¿Cuáles son tus 3 escritores favoritos? Em... Serían Stephen King, Cassandra Clare y J.K. Rowling. Oh y Julio Cortázar.
  5. ¿Cuál es tu sueño más grande? Shhhh ... Si te lo cuento no se cumple. Bueno no, son dos, en realidad.  Uno, publicar algo, un libro, claro, no importa si no se vende, pero publicarlo. El otro, encontrarle. Eso no necesita más explicación.
  6. Las tres virtudes que más admiras de alguien?  La tenacidad, la seguridad y la originalidad.
  7. ¿Cuál es tu lugar favorito? Solía ser el Parque Forestal Embalse del Neusa, en Cundinamarca, pero hace demasiado tiempo no voy. Ahora mismo, creo que es cualquier lugar donde me rodee de libros.
  8. ¿Cuáles son tus hobbies? Por si no es obvio, son leer y escribir. Aunque también amo dibujar, siempre que no pierda la moral por no ser muy buena, y me gusta hacer manualidades. Oh y la música, estoy siempre con audífonos, de lo contrario me siento incómoda.
  9. ¿Tu serie de TV favorita? Veamos, Glee, creo. Aunque también me gusta mucho Once Upon a Time.
  10. ¿Qué libro te gustaría haber escrito? Rayuela. 
  11. ¿A qué lugar te gustaría viajar? La Patagonia, Londres, París, Japón, no sé. Demasiadas ciudades y países que quisiera conocer.


BLOGS PREMIADOS

NO LO SÉ, SOY PÉSIMA PARA ESTO. QUIEN LO QUIERA, QUE SE LO LLEVE, EN SÍ YO SOLO LO HICE PORQUE DESEO QUE SEPAN UN POCO MÁS DE MI. 

TAMPOCO HAY PREGUNTAS, REALMENTE SOY MALA PARA ESTAS COSAS.

GRACIAS DE NUEVO, MARIANNE.

BESOS.

10 may. 2013

Ahí es donde tengo el alma, mientras bajo la mirada. 
El amor es eso que no pospones, leí. 
Aquello que no pospongo, aquello que amo, ahí donde está mi alma y mi ser. 
Curioso, puedo posponer todo menos la necesidad de dejar que mis manos se deslicen por un papel o por la tinta. Incluso si sé que hay cosas más importantes, a veces puede más el veneno que la medicina.

Silver linings.

El aire a su alrededor se condensó. Podía sentirse la electricidad, podías esperar ver saltar las chispas. Sin embargo ninguna chispa saltó. Ningún sonido interrumpió la comodidad de su silencio, de su compañía. A lo lejos el cielo oscurecía cada vez más y aunque las nubes se movían lentamente, perezosamente, no hacía falta ser un experto para saber que esa noche se desataría el principio de las tormentas.
De repente un trueno lejano rompió el silencio. Segundos después un relámpago cayó rasgando el cielo y un nuevo trueno, esta vez más cercano, se dejó escuchar. No se movió, ni siquiera parpadeó. Buscó con su mirada el punto donde el relámpago había caído, sin verlo, y se mordió el labio para contenerse. Le gustaba la lluvia, le gustaban las tormentas, le gustaba la lucha de gigantes que los rayos y truenos desataban. Le gustaba todo lo que de niña le había aterrado.
Un nuevo trueno se escuchó y pequeñas gotas empezaron a caer de un cielo que se pintaba de gris. Ella miraba de vez en cuando a su compañero. Era una sensación extraña, un silencio cómodo, que no sabía cómo clasificar. Decidió dejarlo ser. No le gustaba complicarse con enredos, para eso ella misma. Sonreía. Tenía una pequeña broma personal de la que no pensaba informarle, pero se reía, y a su costa. Era agradable. Había habido pocas cosas agradables en su vida los últimos días. Cerró los ojos y levantó la cara al cielo, las gotas caían sobre su nariz, sus mejillas, sus parpados cerrados. Casi podía verse a si misma acostada sobre un verde campo mientras la lluvia barría todo a su alrededor. Pronto, pensó. Quizá más pronto de lo que se esperaba. Pero le costaba esperar, le costaba contenerse. Llevaba tanto tiempo fingiendo y pretendiendo que le gustaba lo que hacía que empezaba a sentir que incluso ella era una mentira. Nadie puede ser tan anormal, le decían, nadie es tan extraño. Ella no lo veía como algo extraño, era simplemente normal, eran los impulsos que sentía, lo que le nacía. En ocasiones lo admitía, a veces no era más que su búsqueda constante de diversión, un poco a costa del asombro de otros, pero la mayor parte del tiempo, y muy dentro de ella, era simplemente así. Era eso, lo que la movía, lo que la llevaba. Era eso.
El cielo estaba cada vez más oscuro, decidió que era hora de marchar a su próxima clase, llegaría tarde y no necesitaba otra razón por la que la gente la señalara. Se puso en marcha, no sin antes pensar que pasaría una semana antes de volver a olvidarse por un rato de todo lo que la atormentaba. Curiosamente, no se veía tan gris la perspectiva. Dolorosa, si, pero le había estado doliendo, en mayor o menor medida, casi durante seis meses, era algo a lo que se había acostumbrado. Mas o menos.
Sonreía mientras caminaba. Ella sabía cosas que los demás no sabían. Ella sabía cosas que él no sabía. Ella estaba bien con casi todo y eso era bueno, por una vez, era bueno.
Caminaba como siempre, con la vista en ningún lugar especifico, con su música, con su ritmo. Caminaba como sólo ella sabía, como la poseedora de una gran verdad inamovible. Y lo era, la poseía. Había esperanza, esa era su verdad. En algún momento, aunque aún no supiera cómo o cuándo, ella estaría bien,



Don't you worry, don't you worry child. See, heaven's got a plan for you. (This reminds me there's still hope.)

9 may. 2013

Nota mental: 
No subestimes a la mujer de quien heredaste tu inteligencia. 

Nota mental a más profundidad: 
El que ella lo haga no te da derecho a hacerlo.

Nota mental a nivel subterráneo: 
Escúchate a ti misma.

8 may. 2013

Ni siquiera mis rizos pueden ayudarme ahora mismo

Volví a mis rizos.
De alguna manera, sin embargo, eso no me da la paz que pensé que me daría. No me da esa calma que esperaba me diera.
Verás, me explico. Una de las cosas que me relajan cuando me siento extremadamente mal es darme un baño y lavar mi cabello, recuperar el estado natural de mis rizos. Últimamente no había podido hacerlo, desgracia la mía el no tener dinero y quedarme sin champú y acondicionador, pero sobreviví. Tenia que sobrevivir, tu no estabas para sostenerme si caía. Tu ni siquiera sabias que me estaba muriendo, porque tu ya no sabes nada de mi, porque ya no sabes mi nombre, porque ya no sabes quien soy. Y yo, yo aun sé quién eres tu. Yo aun sé como es tu sonrisa y como es el color de tu mirada. Yo sé como se escucha tu risa, aunque sea algo tan infrecuente, y sé también que la sensación de saber que era yo quien te hacía reír llenaba mi ser y hacía burbujear mi sangre.
Y mi cabello vuelve a ser el mismo, a tener un poco de su vida propia, pero eso no me ayuda. No me siento mejor, ni de cerca. Esta vez el caos que llevo dentro es más complicado que los nudos de mi cabello. Esta vez lo que esta en juego es lo que sé, aquello que marca mi rumbo, aquello que definía mis pasos. Y no sé cómo manejarlo, no sé qué hacer o cómo moverme. No sé ni siquiera qué pensar. Siempre he sabido que mi yo y mis rizos no somos algo normal, no somos algo común, no somos algo que todos puedan entender.
Y aun así, aun así, por unos segundos me permití pensar que quizá podría haber encontrado un lugar donde ser yo no estuviera tan mal. Dulces rizos, nos equivocamos. Erramos el blanco y simplemente perdimos la fe.
Ni siquiera los rizos pueden salvarme ahora mismo.


Incoherencias

No se trata de mi, aunque a ti te gustaría que así fuera.
Se trata de la vida, de la dulzura de esta vida que va de un rincón a otro sin aclararme exactamente dónde estamos. Siempre me ha gustado dejarme llevar, ir con el viento, ser libre. Quizá porque realmente no tengo esa libertad que tanto amo de ti. Mas, cariño, por mucho amor que le tenga a la libertad y a los viajes sin itinerario, me llega un momento en donde deseo saber al menos dónde acabaré. Digamos que es culpa de las hormonas, culpa de mi feminidad, culpa de mi naturaleza o simplemente porque unas cuantas de las cinceladas han llegado hasta mi centro de diamante. El punto, por más que desee divagar, es ese. Necesito saber. Necesito que una voz, etérea o terrena, celestial o infernal, eterna o perenne, me susurre al oído aquellas palabras que podrán ser mi salvación. Que me digan que el amor tiene un fin, que me digan que el deseo se consume a sí mismo, que me digan que la necesidad se ve saciada con la distancia.  Que las canciones que una vez escuché a tu lado algún día sonarán sin carga, sin pólvora, que podré escucharlas sin necesidad de succionar la herida supurante que queda en mi alma luego de uno de mis episodios de ti. Podría llamarlos así, si no te importa, e incluso si te importa, después de mis lágrimas sobre la almohada y de las noches llenas de fantasmas, me he ganado a pulso el derecho de admitir que las heridas de este amor podrido están llenas de veneno, de pus, están llenas de podredumbre y de pestilencia. Y espero que algún día un científico sabio cree o se invente alguna forma de curar esto, de suturarlo, de cauterizar los bordes de mi alma. Los disparejos bordes de este corazón de espejo tan roto y deshecho que es más similar a un lago turbio que a un espejo claro y limpio. Quizá dentro de unos meses pueda escuchar el sonido de tu voz sin que mi absurdo corazón empiece a saltarse los latidos, sin que empiece una loca carrera desaforada por llegar a sólo él sabe donde. Quizá dentro de un año o dos pueda de nuevo entregar mi alma a los placeres tontos a los que me dedicaba con tu sombra, quizá antes si tengo suerte, quizá mañana mismo si la vida decide ser benevolente. Es probable, dentro de este universo de infinitas posibilidades, que logre atravesar el espejo y llegar a aquella dimensión perdida en el iris de tu mirada, aquella dimensión donde nunca te conocí, aquella donde jamás supe quién eras ni qué sentías, esa donde tus demonios no salieron a la luz para atraparme con su brillo como se atrapa a un insecto. Quizá en esa dimensión exista un método para permitirme respirar en tu presencia, un método para permitir que mis neuronas puedan conectarse cuando estás cerca, porque en este no lo hay. En este lo más cercano a mi paz mental eres tu y tu ausencia, tu total invisibilidad, el no verte o sentirte o siquiera saber que existes porque hasta tu aroma me eleva, me inunda, me quema y me disuelve.
Es posible que dentro de un par de años más, o de unos cuantos minutos, yo vuelva a tus brazos, o a los de morfeo, y me dedique de lleno a vivir todo ese caos que se me quedó dentro cuando decidiste que no valía lo suficiente para intentar, al menos, salvar mi alma perdida. Tranquilamente camino de regreso a mi vida antes de ti, aunque ya no está ahí, ya no hay una vida para esperarme, no después de ti. Y tengo que regresar con mis manos vacías a ese vagón de tren donde se quedan los viajantes que olvidaron guardar la llave del departamento de costumbre. Me acostumbré a ti, lo admito, a tus idas y venidas, a tus inconstancias, a  tus ojos y a tu aliento. Me acostumbré a mi falta de ti y hoy no sé cómo manejarlo. No se trata de mi, se trata de uno de mis episodios de ti, de uno de mis extraños momentos de auto-compasión y auto-necesidad de ti. Se trata de uno de esos momentos donde nada más que tu importa, donde tu eres todo lo que hay o puede haber, donde tu eres todo lo que quiero, necesito, deseo. Donde el amor no se consume, el deseo no se apaga y la necesidad no queda saciada.

7 may. 2013

Ella no era la única que soñaba.

Era simple, nunca había estado tan aterrada. Nunca se había sentido tan asustada antes. Nunca había sentido ese miedo puro y simple, ese miedo que la obligaba a mirar sobre su hombro y a girarse en los momentos menos esperados tratando de sorprender al objeto de su temor. Y todo por un estúpido sueño. Todo era obra de un absurdo sueño que había tenido y que la aterraba tanto que no se atrevía a pensar siquiera en ello.
Ella había tenido pesadillas, si. Era algo bastante frecuente, casi normal. Nunca antes, sin embargo, uno de sus sueños la había dejado tan marcada, tan asustada. Soñar con gente muerta tenía ese efecto, si, pero no era la primera vez qué le ocurría. Era eso lo que la tenía tan preocupada. Así como usual era para ella tener pesadillas, era inusual que su miedo perdurara a lo largo del día. Despertar en una enorme casa deshabitada no ayudaba mucho, incluso menos cuando recordaba que su sueño había transcurrido allí, en ese mismo pasillo donde ahora ella estaba de pie.
La carne del cuello se le había puesto de gallina solo de pensarlo. Ella no tenía ese tipo de reacciones. Soñar con gente que había muerto era algo normal, soñar con cosas que la asustaban, aún más. Sin embargo había habido algo en su sueño que la había hecho gritar, la había empujado al borde y ella había gritado y suplicado por alguien que viniese a rescatarla. No lo había encontrado, claro, era uno de sus sueños, nadie la salvaba en sus sueños. Ni en su vida, ya puestos.
No había sido mayor cosa, el sueño había terminado y ella había abierto sus ojos. Era de día, nunca había tenido una pesadilla mientras había luz afuera. Algo se congeló dentro de ella. Si, era común que tuviese pesadillas, eran cosas que la asustaban y sobre las cuales la luz del sol tenía control, de día ella no tenía miedo. Soñar como lo había hecho a plena luz del día era el peor indicio en el que podía pensar. Daba a todo un poder mil veces mayor, la hacía temer mil veces más. La hacía querer gritar, como en su sueño, pero igual que en este, nadie la ayudaría.
Todo lo que había querido. Todo lo que había deseado y buscado estaba lejos de su alcance, lejos de sus manos, y aquello quizá era lo que causaba sus sueños. Sus horribles sueños. No era el primero, ella lo sabía muy bien, aunque no recordaba bien todos. Sabía, sin embargo, que el que no los recordara no significaba que no fueran malos. Cada mañana en la que despertaba con el cuerpo pesado, casi muerto. Cada mañana en que sus parpados rogaban por no tener que abrirse, en que su ánimo rogaba por no tener que hacer nada que no fuera simplemente desaparecer, ella sabía lo que significaba. Incluso si su memoria se negaba a traerlos de nuevo a su realidad, sabía que no podía haber soñado nada bueno. Desde luego, la única forma de llevarla hasta ese extremo de cansancio era así.
Era por su culpa, claro. Desde él ella ya no sabía cómo dormir. Aunque nadie lo culpaba. No obligas a alguien a amarte, pero su mente, su corazón, cualquiera que fuera el lugar donde se suponía que los sueños se creaban y que el amor se destruía, no le permitía dormir tranquila. Le impedían descansar y estar en paz consigo misma. Y era por eso justamente que ya no sabía qué hacer. Por eso justamente acababa durmiendo tan mal y tenía tanto miedo a la oscuridad. Por él.
Pero él era feliz, y seguramente soñaba, aunque tampoco recordara sus sueños. Y sonreía, y jugaba y vivía, que era más de lo que se podía pedir. A ella le bastaba así, era lo suficientemente ella como para sólo desear eso. Así que soportaría no dormir bien, supuso. Sobreviviría y en un tiempo, sabían los cielos cuánto, volvería a dormir con tranquilidad y despertaría con una sonrisa, como solía hacer cuando él le escribía. Porque ella, de todos en el mundo, estaba segura que no era la única que soñaba y tenía pesadillas. Con el miedo ya lidiaría después.

¿Podrías al menos dejarme caminar?

Un paso tras otro en la oscuridad de la calle. No se preocupaba ya por controlar el movimiento de sus manos, esos gestos involuntarios que la hacían ver extraña o sospechosa. Se había resignado incluso, ante la imposibilidad de controlarse a si misma, y, aunque la aterraba, empezaba a pensar en la forma de convivir pacíficamente con ello.
Pensaba en mil cosas al caminar, pensaba en historias, en miles de posibles vidas, futuros, reinos. Pensaba en qué pensarían aquellos chicos sentados a la puerta de la universidad, en qué pensarían aquellos conductores para ir casi matándose  o quizá que pensarían todas esas personas que la veían ir y venir cada día, noche tras noche, mientras cargaba sus pesados libros y su morral repleto.
Ella caminaba, con su cabeza en las nubes, y sus pies sobre el suelo, la mayor parte del tiempo. Tropezaba cada pocos metros, y entonces juraba que estaría atenta al camino, pero un par de segundos después escuchaba una voz o miraba la luna o simplemente veía hacia adelante y dejaba de poner atención, volvía a eso de ir con la mente en la luna, en otro mundo, en ese mundo donde las cosas salían bien, donde habían finales felices.
Todas las noches recorría sin falta ese camino, un pie tras otro, sin alterar su ruta, sin variar. Era lo que conocía, era lo que sabia, no le temía a aquello, era fácil  Ella, sin embargo le temía a cosas un poco más cercanas que la oscuridad. Le temía a su propia mente, a sus ideas, a su imaginación. Le temía a todo lo que llevaba en el alma y a aquello que obligaba a sus manos a moverse de esa forma tan aterradora. De esa forma preocupante. Le molestaba no tener todo el control sobre aquello, le molestaba que hubiera partes de su cuerpo donde ella no mandase. Odiaba la sensación en sus dedos, tal vez por eso los movía, para sacudirla. Odiaba la presión en su garganta, odiaba viajar sola. Odiaba aquello, pero permanecía allí. Esperaba hasta que el último corazón salía de la jaula y luego ella se permitía salir. Todos habrían volado, sin embargo, por lo que ella tendría que irse sola, con ella misma como compañía.
Y en medio de la ruta, entre sangre y armas, encontraría un destello plateado y seguiría caminando.


(Digo, digo, esto de editar cuando mueres de sueño hizo que dejara algunos errores, ya los corregí.)

6 may. 2013

¿Te parece que tengo un plan? No tengo idea de nada. No sé nada. Supongo que puedo tratar de pretender pero, definitivamente, no tengo un plan. 
:-) 

3 may. 2013

No me digas cosas que no desees sentir.


El mundo está lleno de gente, sabes. Hay miles y miles de personas, no solamente tu. Hay sueños y deseos y gente que ruega día tras día por una diminuta oportunidad para quebrarse el alma y hacer algo de sus ilusiones. Y estoy yo. Yo que vivo la vida como una espectadora, yo que me despierto día a día, y me duermo noche a noche, con tu imagen en mis parpados, con tu recuerdo en mi mente, con este desgraciado nudo en la garganta y este tormentoso amor en el alma. No sé si alguna vez me quisiste, o si yo te quise aun más, no sé si esto pudo haber sido más.
¿Te das cuenta? Siempre vuelvo al punto, vuelvo a ti. No sé hacer más que ello. Sin embargo no eres tu quién me desvela hoy. Es esa idea, esa posibilidad de no tener más a la unica persona que logra librarme de tu recuerdo. Si, es absurdo y tonto, pero acaso la vida tuvo sentido alguna vez. Todo ha sido siempre así, absurdo, tonto y lleno de infantilismos. Mis infantilismos. No sé tomarme la vida en serio, o no sé lograr que la vida me tome en serio. Lo que me queda es rogar por que algun día, en algún rincon, encuentre un espacio que si sea mio, que si sea destinado para mi.
Casi morí, pude facilmente haber caido del balcón, dos pisos hasta el suelo, por esa simple palabra. Nadie me está robando, y sin embargo dijiste mia. Me niego a permitir que la idea cale hondo en mi mente, no te pertenezco, tu no me deseas ni deseas que yo te pertenezca. Fue simplemente un momento fugaz de broma y risa, fue seguir la corriente. Por sobre todo fue eso. Juego. Es al menos, mi impresión. Por mucho que pueda querer que no, debo ser realista, no soy yo la cosa más sencilla de esta vida. No eres tu la cosa más dulce del mundo. Aun así, no digas cosas de ese estilo, tu no cuidarás mi corazón si se rompe y yo ya no sé qué más hacer para sobrevivir. Me quedo despierta pensando, preguntándome, si en algún bizarro y remoto momento tu recordarás que fueron mis palabras las que te hicieron reír. O que dijiste cosas simplemente para que yo riera. Tal vez fue solo un gesto amistoso. Claro, por culpa de esos gestos amistosos a mi se me vuelve la vida un puré cada que lo veo, cada que a lo lejos encuentro su cabello. Entonces no seas amistoso o amable. Nadie te obliga a llamarme linda sin creerlo o a fingir que te gusta mi compañia. Yo sé entender eso, lo que no sé entender es la ambigüedad.

2 may. 2013

Torpe. Torpe. Torpe. Y para colmo de males, una de las cosas que más me enorgullecía ahora me da ganas de llorar. Fuck.