Ni ella ni yo pensamos disculparnos por nuestras palabras. No se disculpa el sol aunque queme ni la luna aunque en ocasiones aterre. Yo amo, todo aquello que pueda ser amable, y como me rehúso a esconderme, he aquí mi escape.

31 ago. 2013

Six Degrees of Separation

Has leído los libros, has visto las películas, nadie sabe cual es la mejor manera.
Meditas, te hipnotizas, lo que sea para sacarlo de tu mente pero no se va, no, estas cruzando los seis grados de separación.
...
Finges una sonrisa, mientes y dices que estas mejor que nunca y que tu vida va bien.
No, estas haciendo todo esto a punta de desesperación, estas cruzando los seis grados de separación.
Uno, crees que lo peor es el corazón roto.
Lo que te va a matar será la segunda parte.
Y la tercera, es cuando tu mundo es cortado por la mitad.
Cuarto, vas a creer que te arreglaste.
Quinto, le ves con alguien más
Y el sexto, es cuando admites que quizá lo jodiste un poco.
...
No, no hay ayuda, cada hombre por su cuenta.
...
Dices a tus amigos y extraños ...
Crees que toda esa basura sanará tu alma pero no.
Haces todo por desesperación, estas cruzando seis grados de separación.
...
Uno, crees que la peor parte es el corazón roto.
Al final lo que te mata es la segunda parte.
Y la tercera, es cuando destruyen tu mundo.
Cuarta, creerás que ya estas bien.
Quinta, le verás con alguien más.
Y sexta, admitirás que quizá si lo jodiste un poco (mucho).
....
Y es así como sabes que estas cruzando seis grados de separación.
...
Primero, dices que lo peor es el corazón roto.
Pero lo que te mata es la segunda parte.
Y tercero, van y cortan tu mundo en dos.
Cuarto, crees que de verás te has curado.
Quinto, le ves con otra persona.
Y sexto, admites que lo jodiste todo.



       Mi versión de "Six degrees of separation - The Script"

¿Una de las cosas que mas odio de mi?
Esas lágrimas de rabia, de necesidad de que me abracen y me escuchen y saber que no puedo ni me atrevo a pedirlo. Esa maldita cobardía que hace que deje a un lado todo lo que me gusta porque alguien hace que empiece a temer más de lo que amo.
Eso, entre otras, es despreciable y lo odio.

30 ago. 2013

Ella es quien se esconde, ella es miedo.

Ella en cambio, es la cobarde, la que le teme incluso a la luz del sol.
Ella es esa que se aterra ante su propia sombra, la que se esconde tras un par de lentes y unas palabras crudas.
Ella es la que se oculta detrás de unas páginas amarillas y gastadas.
La que teme salir de la puerta de su habitación, la que teme dejar su espacio personal.
Ella sabe, sabe bien, que nada es seguro, que nada está definido, que el mundo externo no tiene mecanismos de seguridad para niños.
Ella se esconde bajo la cama cuando los golpes duelen, ella conoce demasiado bien ese escondite bajo la mesa cuando los truenos retumban, ella trepa árboles para escapar del látigo.
Ella sabe correr porque tiene que huir, ella salta para que no la derriben, ella entiende bien el concepto de supervivencia.
Todo puede destruirla, todo puede hacerle trizas, y ella corre para sobrevivir.
Al final del día, el que sobrevive no es el más fuerte sino el más apto, ella aprendió a correr y esconderse, a temerle a todo, para evitar ser alcanzada.
Y ella está presente casi siempre. Todas lo están, creo.
Y ella es la que se siente insegura, acobardada, temerosa de hablar siquiera.
Es quien más lo lamenta cuando la embarramos, cuando lo arruinamos todo, porque ve que tenía razón.
Ella odia tener razón, porque eso significa que no servimos, pero también odia equivocarse, porque la misma dualidad extraña que la hace querer hacer bien algo la obliga a desear tener razón al pensar que nos equivocaremos simplemente por lograr hacerlo bien.
Ella se cree, se sabe a veces, extraña, diferente, inadaptada.
Ella sabe que no encaja del todo en casi ningún rincón del ancho mundo.
Ella sabe que si se encariña, sufrirá.
Casi que lo espera siempre.
Ella tiene siempre ese pensamiento fatalista de que el amor duele, que amar hiere, que destruye.
No me pregunten de dónde lo sacó, lo obtuvo casi al tiempo que el habito de esconderse bajo la mesa cuando los truenos retumban o que ir a correr bajo la cama [(sólo de día, de noche le teme al coco) cuando los golpes duelen.
Ella le teme a la oscuridad, madre noche, le tiene terror a la incertidumbre.
Si de ella dependiera, quizá el mejor lugar sería una jaula, encerrada, lejos de todos y todo.
Todo tiene un borde, cada cual más afilado, y duele y lastima cuando te acercas mucho.
Y todo es profundo, profundo como un abismo negro y oscuro.
Un abismo que ella no puede ver, le teme a las alturas.
Le teme a los animales.
Le teme a la gente.
Le teme a las mordidas, a los besos, a los abrazos.
Ella le teme a todo lo que crea adicción porque piensa que sucumbirá en cualquier segundo.
Ella le teme a todo.
Ella es ese secreto que a nadie mencionamos, todos creen que brillamos por valientes.
Ella es esa parte vergonzosa que vive escondida por voluntad propia, teme no ser entendida.
Ella es ese miedo extraño que todas poseemos, de ser descubiertas, halladas, descifradas, y como ella dice, incomprendidas o rechazadas.
Ella es la que se esconde y susurra pequeñas ideas a nuestra mente ruidosa y colectiva, extrañamente siempre le escuchamos.
Ella es la que teme a todo, una de nosotras, una muy arraigada en nosotras.
Otra vez, ella es ella.

Miles de veces te he dicho ya que no pienso hacerme cargo de tus desastres, ni de los de nadie, claro está. Pero es que, querida Belle, en algún punto vamos a tener que recogerlos. Habrá que tomar loa juguetes e irnos a otro patio de juego porque este esta prohibido para seres como nosotros.
Tenemos graves, gravísimos, problemas con la autoridad. Tenemos enormes inconvenientes con las imposiciones y disposiciones de aquellos que creen tener algún tipo de dominio sobre nosotras. Y aunque sea divertido la mayor parte del tiempo, eso de fingir sumisión y de mantener una imagen de bondad y pureza, hay días en los que se vuelve insoportable. La principal causa de ello es que me hace ser infiel a mi misma, me siento como si me engañase a mi misma con algún pobre sustituto. No me gusta. Yo peleo, me gusta hacerlo, me gusta discutir y rebatir argumentos, y es lo que suelo hacer. Mi primera respuesta es un 'por qué' o un 'para qué', porque me niego a ser un títere que sólo pregunta dónde ha de saltar. Y sin embargo van y aparecen algunos desubicados, desconocidos, pretenciosos que esperan obtener de mi algo que ni siquiera yo misma he logrado conseguir. Y sin embargo yo me muerdo la lengua por respeto, por aprecio, por evitar decir cosas que puedan ser irreparables. Yo me quedo callada porque si reviento me puedo llevar el mundo conmigo. Si reviento puedo romper mucho más que a mi misma.

28 ago. 2013

Atención

Nosotras tenemos un pequeño mal hábito. Resulta, pasa y acontece
(me gusta decir eso)
que nosotras escuchamos.
No de forma normal, creo que no sé bien lo que eso significa.
Es algo un poco más particular.
Es una cosa un poco más nuestra.
Nosotras escuchamos, si, pero no todo.
Resulta que cuando ponemos atención, aunque en general se espere que estemos atentas a un algo en especifico, nosotras lo estamos a algo diferente.
Yo escucho, si, el sonido de lo que corre bajo la superficie, el sonido de lo que retumba a lo lejos.
Yo miro, si, la forma en que unas manos se agitan temblorosas con una confesión, la forma en que el cabello vuela con el viento, la forma en que las comisuras de los labios parecen querer hablar también.
Yo siento, lo mucho que las palabras no quieren salir, lo poco que las cree quien las dice, lo extrañas que suenan en su boca.
Y aunque sé bien que la mayoría duda de mi escucha o de mi atención, porque
claramente es extraño no poner atención a lo usual
sino sólo a lo que me atrapa,
yo si estoy atenta.
Tan atenta como puedo
a las mariposas, a los gusanos, a las hormigas,
a las nubes, a la luna que sale de día, a los relámpagos que iluminan el cielo.
Y esa misma atención es la que pongo cuando alguien me dice que si amas a alguien despedirse no tiene sentido.
Esa es la misma atención que pongo al responder que si amo a alguien y esa persona sólo es feliz conmigo lejos, yo me despido.
Es esa atención, no es un despiste.
Entonces yo pongo atención, aunque desvaríe mucho, aunque mi atención
no sea igual a la de todos.
Es atención, creo, y eso vale.
Es algo nuestro. Algo más particular.
Nosotras ponemos atención y recordamos.
Desde la expresión que pusiste el día que mencioné el pequeño hecho que todos dan por sentado
hasta el día que fui yo y tu no lo viste.
Yo pongo atención.
Pero no me gusta poner siempre el mismo tipo de atención.

27 ago. 2013

¿Qué pides tu? 
¿Qué pedimos?
Ahora mismo no pedimos nada. Con nosotras nos basta. 
Sin embargo, es probable que pida encontrar una salida, un escape, un algo que me diga que aún quedan esperanzas de volar.

Y jugamos, mientras tanto, jugamos mucho. Quizá por eso acabamos en problemas. Hay juegos que no todos saben jugar con nosotras.

Una Historia Cualquiera. Pequeño fragmento.

- Esto de la auto preservación no se me da muy bien -dijo Belle.

Jack se sorprendió por la frase, habían estado en silencio un largo rato y el que ella lo rompiera para decir justamente aquello era curioso.

- Es como si no fuera capaz de entender el concepto -siguió ella-. No aprendo a manejarlo.
- ¿Lo dices por lo que pasó en el bar? Sabes bien que eso ...
- No -lo interrumpió-, no me refiero a eso. Me refiero a lo de hoy, a lo de los últimos meses, a ...

Encogió los hombros en un gesto que demostraba su impotencia. Jack se sintió movido a abrazarla, pero se contuvo, no era una muy buena idea.
Él miraba sus manos, como si fueran muy interesantes. No se daba cuenta que lo que ella más deseaba en ese momento era un abrazo, que se acercara y le dijera que todo iría bien, incluso si ella en ese momento no tenía idea de cómo salvarse a si misma.

- Supongo que -continuó ella- es posible que mi cerebro esté un poco atrofiado. Digo, sino ¿por qué habría de desear algo que no puedo tener?

A pesar que ella lo hubiera dicho en una forma tan expresiva y clara, lo que Jack entendió fue algo diferente. Para él, ella hablaba de su hermano, o de William, no quería preguntar. Hablaba de lo dificil que era querer a un Jhonatan que pensaba en Lucy o en otras mujeres o a un William que, sólo dios sabía por qué, no estaba ahí con ella en ese momento. Belle no hablaba de Jhonatan, ella no había pensado en él desde hacía un largo tiempo, pero tampoco se refería a William, este había dejado claro que podría volver cuando quisiera pero que sabía que ella no quería. Y es que ella no quería ni a William ni a Jhonatan. Muy tarde se había dado cuenta de sus verdaderos sentimientos, de la causa de sus turbaciones, desde el primer día, y de los motivos de su confusión cada vez que debía enfrentarse a Jack. Era él, era algo en él, y aunque por un tiempo pensó que quizá él sentía algo así, apareció Emma y ella simplemente supo que él no la miraría. Claro, ahí seguía su buena voluntad, su amabilidad, su interés en él y en lo que a él respectaba porque, en medio de discusiones e incomodidades, habían logrado una cierta amistad.
Jack no iba a mentirse a si mismo, hubiera dado su alma por que ella hablase de él al referirse a querer algo pero su mente estaba segura que no era así. Ella, la causa de tantos problemas internos y discusiones consigo mismo, estaba frente a él casi confesándole que extrañaba a su hermano. Y él la escuchaba. O quizá era a William, nadie sabía, en lo que a Belle respectaba todo era muy discreto, muy sencillo, muy oculto. Y Jack sabía por qué, ella le había contado toda su historia, como el más grande voto de confianza existente. Él no traicionaría aquella confianza jamás, mas se preguntaba qué tanto estaría ella enterada de lo mucho que él si le había mentido. Mentido sobre sus sentimientos, sobre su historia, sobre Lucy y Damien, sobre ella misma.
Belle suspiró.
Jack reprimió un gemido.


Conversaciones Interesantes XLII

-Nunca jamás se te ocurra enamorarte -le dijo con toda la gravedad que pudo.

- ¿Por qué? Tu lo hiciste.

- Y aquí me ves. Adelante, enamorate, conocerás el paraíso al tiempo que el infierno.

Belle.

Volvimos a cazar relámpagos.

Hey, Belle (Nuevamente pensé en Hey, Nana), hoy volvimos a cazar relámpagos, ¿lo viste?
Yo te dije que un día volverían. Un día iban a regresar, con toda su majestuosidad, y no me equivoqué. 
¿Hey, Belle, los viste? Estoy segura que si. Estoy segura que, al igual que la mía, tu cabeza también se alzaba a toda velocidad intentando captar destellos de aquellas luces celestes, de aquellos fuegos fatuos, que encendían el firmamento.
Hey, querida, otra vez cazamos relámpagos, otra vez corremos en las nubes. 
Hey, Belle, otra vez respiramos.

26 ago. 2013

Esta es la ultima carta de amor que te escribo

Esta es la última carta de amor que te escribo.
Si, así como lees. Técnicamente. Directamente. Es la última carta que dedico a ti, a tus ojos, a tu sonrisa, a tu cabello, a este amor. Es la última vez que te escribo a ti directamente, a ti como cuando hablo contigo, como si te hablase a ti. Es la última vez que me permito creer que me lees, aunque no te diré que espere realmente que sea la última vez que lo hagas.
Sin embargo, me apego a mi decisión. Está es la ultima carta de amor que te escribo a ti, como tu, y por lo tanto quiero decir muchas de las cosas que nunca dije. Es la última porque he decidido definitivamente sacarte de ese rincón enmohecido donde empezaste a vivir hace más de un año. Eso de que el tiempo cura las heridas, amor, a mi no me parece del todo cierto. Tu ausencia duele, quema, rompe todo lo bueno que pueda quedar en mi; cuando sometes a alguien a desear algo con tanta fuerza y se lo niegas, pasa eso. Tu ausencia me marca, como si fuera un hierro al rojo vivo, porque a cada paso me recuerda que no estás ni estarás. Pero sabes, no es tan malo después de todo. Me has dado grandes ideas, de las mejores ideas posibles, de las mejores que he tenido. Y el sentimiento (Inserta aquí un suspiro) ha sido inmensamente maravilloso. Fui feliz, incluso ahora al recordarlo lo soy, y nunca había sido tan feliz. Nunca me había sentido así por alguien, tampoco, no con esta intensidad ni con esta duración. Mis caprichos son temporales, sumamente pasajeros, tu eres la excepción que confirma la regla.
Te confieso, si, que me elevé hasta la décima nube del cielo más alto con cada palabra que salía de tus manos, de tu boca, con cada sonrisa y cada juego. Te confieso que te quise incluso desde antes que tu lo supieras, desde antes del primer juego de ahogados o de la primera sonrisa conspiradora. Te confieso que el chocolate no sabe igual desde aquella mordida, que no he podido volver a morder a nadie como solía desde ti, que no he tenido intenciones de saber morder a nadie desde ti. Te confieso que cada canción, cada libro, cada poema que yo solía amar, cobró un nuevo significado bajo tu existencia. Te confieso que mis palabras no han vuelto a ser iguales, ahora duelen un poco más, pero también son más creativas, más honestas, más sentidas, ahora sé lo que es eso, ese sentimiento del que hablaba, ahora sé que ese vacío en el pecho existe, que las mariposas/murciélagos (lo siento, desde alguien especial, para mi las mariposas son más murciélagos que otros seres) si son reales, que el querer a alguien con cada célula de tu cuerpo es posible. Te confieso que ahora entiendo que el amor duele y que, cuando quieres a alguien, no te importa si le tienes o no, simplemente quieres que sea feliz, así como yo quiero verte sonreír. Te confieso que, aunque te quiero como a nadie, me dueles más que nada; has sido mi gran amor (eso creo, al menos por ahora), ese que se quiere con todo aunque no se tenga, ese que se tiene no en un pedestal sino dentro del alma misma, ese que te mueve y te hace creer en lo imposible; ese. Te confieso que ya sabía que tu no me amabas, que no estabas enamorado de mi, que no me querías como yo a ti. Te confieso que fui lo suficientemente ilusa como para esperar que mi amor por ti pudiera hacerte quererme de esa forma. Te confieso que sé que estaba equivocada. Te confieso que ha dolido como nada había dolido antes, aprender a vivir con el sentimiento de querer algo tan desesperadamente y no poder obtenerlo. Te confieso que he llorado las lágrimas más amargas que me han sido posibles, aunque no han sido realmente muchas. Te confieso que nada de esto me ha sorprendido, desde el primer momento en que te vi, lo supe, y lo acepté.

25 ago. 2013

Proyecto compartido

Esto es un proyecto en conjunto, algo que hice con una gran amiga y una magnifica mujer. Estoy segura que ella será una estupenda escritora, que ya lo es, y que será más grande aún.


Ella:
He escuchado hablar mucho de eso que todo con el tiempo va a ser mejor, que las penas desaparecen con el pasar de los días y que las tristezas van a dejar de atravesarse en los ojos y hacerte llorar como un niño al extrañar a su madre. He escuchado de imposibles que al terminar los días ya no lo son tanto o de los sueños copados de nostalgias, de ganas, de contradicciones, de distopías, y de los recuerdos, unos más dolorosos que otros, unos con más vida que otros. He visto, vivido y sentido cosas que no debería llevar conmigo, pesos de más que sepultan y arrancan vida. He conocido amores que matan, que desangran, que ilusionan, que dan certeza de vida, que acarician y golpean, he recorrido el mundo desde una habitación con poca luz y he amado como si se me fuera la vida si no lo hiciera. Me he perdido de mí misma, se me han acabado las ganas y las cicatrices se han abierto nuevamente haciéndose cada vez más dolorosas, han sido tiempos duros y los vientos golpean con fuerza en el sur, desde siempre he amado el sur, porque el sur me recuerda a casa. He estado destruida, absolutamente desecha, incluso ni siquiera después de tanto he conseguido armarme otra vez, sigo con las alas rotas y el pegamento que las une es cada vez más difícil de encontrar. Me he ahogado en todo aquello que un día pudo ser y que ya nunca será, hay mucho querer para tan poco tiempo, muchas malas rachas para un ser abatido como el mío, he estado mal cimentada por años y caer ya es demasiado fácil. He sentido que la soledad ha sido la única que realmente no me ha dejado sola nunca, con la piel desgastada por las caricias que desaparecieron con los primero rayos del imprudente alba y las presencias de los que dijeron amarme están ausentes e incluso la mayoría de mis tortuosos amores sacuden mi corazón con tristeza cada vez que los traigo a mi mundo ¿sabrán ellos de mis sonrisas amargas al recordarlos? Seguía estando débil, físicamente agotada, jodida en todo lo que el término abarca, con una salud deteriorada, fragmentada hasta más no poder, con los sueños tan escondidos que empezaba a aburrirme de todos, pero sobre todas las cosas empezaba a aburrirme de mí misma, de mi inconformismo, de mis miedos, de mis depresiones matutinas, de mí… Una a una las frustraciones se hacían espacio en mi vida, acaparándome en su totalidad, convirtiéndome en un ser que llevaba una vida errante amparado en la excusa de que esa había sido su suerte y le tocaba aceptarla. 
Yo:
Conformismos baratos que opacaban los pequeños brillos y destellos de esos cristales que había olvidado en el fondo de los cajones de una vida agotadora. Pero seguían ahí, brillaban, y me llamaban de vez en cuando, me recordaban su existencia, pedían por mi presencia, me hacían prometer que iría a verles de vez en cuando, al menos. Creo que en algún momento de la oscuridad decidí que sería un buen pasatiempo ir a verlos, ir a observarlos. Tan sencillos como una mariposa que se posa sobre la delicada hoja de un árbol, tan dulces como el aroma de esas flores que me encontraba en mi caminar por las calles vacías y desoladas, tan simple como el recorrido del agua que caía de los tejados de las casas que pretendían estarse limpiando a sí mismas. Supongo que no lo sabían, no tenían idea, pero también me limpiaban a mí, de paso. Empecé a recorrer esas rutas más a menudo, empecé a verlas con nuevos ojos. Sin ser siquiera consciente de ello, empecé a reunirme más y más con los brillantes destellos. Eran como droga, creo, como algo muy bueno que se mete en tu sangre y que no quieres dejar ir. Era como si una parte de mi empezara a nacer un poquito cada día, cada instante, mientras el embrujo de aquellos brillantes momentos me acompañaba. Y el fuego. ¿Cómo describir el fuego? Te puedes quemar los dedos con la llama del encendedor si no pones atención, te puedes quemar una mano si sostienes la vela en la posición equivocada o si intentas cocinar y olvidas que ya encendiste las hornillas. Sin embargo ese fuego, ese fuego no era malo, no lo creo. Ese era el fuego que había hecho nacer al fénix  estoy casi segura de ello. Tan segura como puedo estarlo sin pensar que yo misma no soy real. Y entonces empecé a arder. Ardía como si llevara la hoguera en medio de mi pecho, como si fuese mi alma la que estuviera quemándose en medio de miles de destellos, en medio de miles de pequeñas y diminutas explosiones que enviaban electricidad a mi cuerpo. 
Ella: 
Ese fuego me mantuvo viva o mejor aún ese fuego fue el que me despertó de mi eterno letargo, es mi fuego, soy el fuego que arde en cada cosa en la que quiero y necesito ser. 
Yo:
Soy ese fuego que empieza a crear y a construir, ese fuego que empieza a recorrer su camino en medio del hielo que me recubría, soy ese fuego que comienza a arder cada día, cada noche, cada segundo, mientras enciendo el mundo a mi alrededor y quemo hasta los cimientos aquellas ideas aterradoras que un día destruyeron la leña de este fuego.



Me encanta lo que resultó. Ella es grandiosa.

24 ago. 2013

Yo sé que soy torpe, pero nunca pensé que caerme de mis propias manos dolería tanto. 
Explicame como se respira de nuevo.

23 ago. 2013

Resulta que te enteras de cosas, como por ejemplo, lo imprudente que siempre has sido/eres y lo mucho que eso le desagrada a quienes te rodean. Y todo cuando tu simplemente pensabas hacer algo bueno y tierno. Y te patean cuando ya estás en el suelo.
Mira que me han preguntado por el día más feliz de mi vida. Y yo sólo he podido pensar dos. Uno involucra helados y frutas y una oración algo torpe y un poco mal formulada por alguien que, ahora sé, no quería formularla. 
El otro involucra truenos, relámpagos, osos de felpa y suavidades. 
Pero hoy, a diferencia de muchas veces, recordarlo no ha dolido tanto.
Quizá saber que no lo querías, ayuda, sólo un poco, pero ayuda.

Hoy no es por ti

Creo que hace tiempo no hablaba yo de algo diferente a ti. Pero hoy no eres tu lo que me duele más. Entiéndase, si me dueles pero en un rincón lejano, como usualmente, sin salir especialmente a la superficie hoy. (Mentira, hoy me dueles más que nunca, pero no pienso decirlo hoy).
Hoy lo que me duele es mi propia credulidad, mi propia estúpida confianza en los seres humanos. Esa tonta idea que tengo yo de que todos tienen algo bueno en su interior, que todos son capaces de bondad y de dulzura si se los permites, que todos son capaces de reciprocidad en cuanto a los sentimientos que en ellos depositas (y esto lo aprendí a las patadas contigo), todo eso es mentira. Resulta que esa bondad que yo juro que existe, es mito. Es sueño, es pura ficción, como la mayoría de las cosas en las que creo. Amor, amistad, bondad, finales felices. Pffff. Como si algo de eso existiera en mi vida, como si hubiese visto algo de aquello con mis propios ojos. Y si, existe la fe y existe la esperanza, pero en días como hoy yo no quiero tener ninguna de las dos. Es la esperanza la que me mantiene en vilo por la noche y es la fe la que me sostiene en algo que se cae a pedazos, cuando yo me caigo a pedazos.
Lo que me duele es que la gente que quiero se va, a voluntad propia, sobre sus propios pies, andando y andando sin mirar atrás, de mi vida. Lo que me duele es que ni siquiera merezca una misera explicación del por qué la decisión más lógica acaba siendo que ya no es conveniente tenerme en sus vidas. Lo que me mata es que yo entienda y acepte esa decisión. ¿Qué acaso no me queda amor propio? ¿Qué acaso me quedé ya sin orgullo? No, el orgullo lo tengo (es el que me duele cuando pienso en ti, él y mi amor), el amor propio también (es el que me recrimina que piense en ti). El problema no es ese, el problema soy yo. Que me engancho y me encariño y me siento demasiado apegada a aquellos que llamo amigos, incluso si ellos no me llaman como tal. Y es por esa absurda costumbre, por ese mecanismo defectuoso que tengo en mi interior que me hace tan blanda y torpe, que acabo como acabo. Y entonces no sé decir adiós, no sé cómo, no puedo. Y entonces soy una cursi, idiota, torpe y derrotada que acaba el día tirada sobre la cama con una almohada en el rostro para que los sollozos no sean demasiado altos. O peor, acabo aquí, escribiendo patéticamente todo lo que cruza por mi mente porque es la única forma de sentirme en paz conmigo misma.
Y por eso hoy no es un buen día, y por eso no quiero dormir, (porque si duermo pienso y si pienso pierdo) y por eso no quiero ni siquiera darle oportunidad a nadie de explicarme nada. Porque me conozco, porque sé que, si lo permito, acabaré perdonando mi propio asesinato y ese es un extremo que no deseo recorrer.
Hoy no es por ti (aunque últimamente todo lo sea) excepto por esta última parte.
¡Deja de lamentarlo!
Yo no lo lamento, y te juro, aunque no me guste jurar, que si tuviera la oportunidad de devolver el tiempo, lo haría, sólo para vivirlo todo de nuevo.
Entonces deja de lamentarlo y de sentir culpa por algo por lo que yo pedí, casi rogué. Yo no la siento, y mira que soy yo la que debería estar siquiera algo dolida.
Pero todo bien, ya ves, soy elástica.
Entonces hoy no es por ti (aunque al final si) pero ojala no fuera por las razones por las que es.
¿Y si a mi me da por convertirme en todo lo que no soy, en ese monstruo despiadado que lucho día a día por no ser? ¿Doleria menos?

22 ago. 2013

Hoy no había relámpagos, ni truenos, ni nubes de tormenta. Yo no sé si eso me gusta(s) o no. Porque es que (tu) los truenos y los relámpagos, independientemente de lo mucho que los (te) ame por ser fuerza, bestialidad, poder, son cosas que me recuerdan a ti y a nuestras conversaciones. Sin embargo, cuando la noche es clara, (te) pienso y me pregunto si estarás viendo la misma luna que yo (te) veo. 
Es por eso que, a alguien que está enganchado hasta las trancas con alguna droga como lo eres tu (yo), no se le pueden dar esperanzas, por muy leves que sean (no). Acaban como yo (por ti), ahí lindando las lágrimas y las risas, ahí fingiendo fuerza cuando todo está hecho trizas (yo), ahí esperando la más insignificante mirada para hacer de ello un motivo para respirar(te).
Es por eso que no puedo pensarlo, y no hago otra cosa que pensar(te), y querer(te) aunque me mate(s).

Paciencia

Yo sé que probablemente ustedes vean esto y esperen algo grande, un futuro premio literario o algo así, pero el caso no es ese. El caso es otro, el típico cliché de la vida: Un/a chica/o conoce a un/a chica/o que no es muy consciente de su existencia, cae perdida/o por él/ella. Resulta que la cosa se parece a eso. O a el cliché adolescente de no saber quien eres, que quieres ni a donde vas, es algo como eso.
Es por eso que pido paciencia. Paciencia porque sé que puedo ser repetitiva o extraña o perturbarlos en algún punto. ¡Comanse el pastel y quiten las cerezas! Y tenganme un algo de paciencia. Al final del día esto es los que tengo, para todo, así que dejenme ser. 
Let me be.

666

Generalmente me evito esto, porque dar anuncios en estilo "Yo sé que ustedes están ahí y me leen" me perturba un poco. Rompe mi burbuja, por así decirlo. Pero es que les cuento, esta es la entrada numero 667, lo que quiere decir que la anterior fue la numero 666. Yo ni cuenta me di. Si tienen una leve idea de lo maniatica que soy, sabrán que me gustan los numeros repetitivos. Sea el número que sea, pero me gusta lo repetitivo, así que debía hacer algo por esa entrada. La reconozco en esta.
Agradezco a quienes me leen, aunque sean pocos, y a quienes se sienten identificados con mis locas y extrañas palabras. Soy cursi y poco centrada y muy extraña, si, pero saber que hay gente para quien lo que escribo tiene sentido hace que toda la vida valga la pena. Gracias. (No, no pienso suicidarme ni este es un post de despedida. Simplemente me volví cursi, culpen a la luna)

Segundo, resulta que yo soy amante de la belleza, ¿cierto? De todo tipo de belleza. Y tengo fantasmas, ¿Cierto? Como toda persona cuerda y viva los tiene. Y mis fantasmas duelen, ¿Cierto? Como duelen esas heridas que le quedan a uno en el alma. Entonces pasa que yo necesito sacarlas, necesito librarme de ellas, y para eso están ustedes, lo siento, los amo pero es cierto. Entonces muchas veces magnifico las cosas. Y muchas otras les resto importancia. Y algunas otras son simples experimentos. Así que si te arriesgas es bajo tu propia responsabilidad. No me hago responsable de susceptibilidades heridas por lo escrito aquí porque, como siempre he dicho, este es MI escape y no un escondite.

En fin. Descansen.

¡Llevamos 667 entradas! ¡Dominaremos el mundo!

21 ago. 2013

Yo recuerdo, incluso si finjo lo contrario, incluso si digo no hacerlo para que no te asustes como siempre. Yo recuerdo y tu olvidas. Y así vamos.

Oda a la Rosa en el suelo

Era fácil pasar y verla, contrastaba fuertemente con el paisaje, pero también era sencillo ignorarla. Ella estaba ahí, sola, abandonada, dejada a su suerte por algún alma cruel y sádica. O por un alma noble pero descuidada, eso era un poco más aceptable. Sólo un poco. La tierra se adhería a su hermoso vestido, a ese vestido que ni siquiera el más poderoso rey había podido imitar. La luz caía y la evitaba, como si le avergonzara su caída en desgracia. El viento soplaba pero la pasaba de largo, poco interesado en acariciarle. Le habían vuelto la espalda porque había caído de su pedestal ¡Como si hubiera podido evitarlo! No había sido su elección, eso era claro, había sido simplemente el ciclo de la vida. Su vestido tenía una arruga, pequeña, simple, sólo una. Esa que le hizo una mujer al arrancarla de su hogar porque se cortó con una de sus espinas, mujer que luego encontró quien la consolara y cuidara, quien hiciera por ella lo que ella tanto deseaba. Esa era la causa de la arruga en su vestido, no iba más allá, y ella no lo lamentaba. Cierto era que había sido una causa tan noble que no podía menos que amar su arruga.¡Bien, gritó sin voz, arrojénme! Se negó a alisar su vestido o a limpiar el polvo de su ser, se negó a dejar que el frío la venciera o que los animales la asustaran. Se rehusó a dejar de ser ella y a pedir que la levantaran, ella no había caído de la gracia, había encontrado su propia gracia. Era una vieja rosa ya marchita que sacaba sonrisas a quienes pasaban a su lado en la calle. Ella era la gracia. La rosa de rosas. Ella era la sonrisa del sol y la caricia del viento, era la luz de la luna que tomaba forma en la tierra. Ella era la dulzura y la vida que se camuflaban ante los ojos mortales. Ella era la rosa caída que se elevaba sobre el mundo.

Ellos VII

Y Ella lo veía. Ella si podía observarle, sin que él lo supiera de forma clara, y podía susurrarle cosas. Cosas como pistas, ¿qué si no? E ideas. Ella quería, casi tanto como temía, ser encontrada. Quería a Leon, quería verlo, y deseaba que él jamás la encontrara. No quería arrastrarlo junto con la decadencia de los suyos, ya muchas civilizaciones se habían hundido con Ellos.
La luna brillaba, pálida y triste, a las afueras de la Torre del Trono. La ira bullía en su interior, si tan solo hubiera estado en sus manos, el Dueño del Trono habría entendido lo que ella podía hacer. No tenía autoridad, sin embargo, se la habían quitado, le habían quitado su lugar, su nombre, le habrían quitado el alma de haber podido. Ya no era Ella, heredera del Dueño del Trono, ahora no era nadie. Apenas y era contada como una gran infractora de la Ley, una paria recluida y sin futuro.
Pensó en Nathaniel y deseó con toda su alma que su amigo estuviera a salvo de toda aquella locura. Al menos uno de los dos podría continuar.
Algo en un rincón de su mente llamó su atención. Leon estaba cerca del Centinela, podía sentirlo. Su cuerpo tembló y empezó a rezarle a algún dios en el que no creía de a mucho, a alguna fuerza de la naturaleza que mantuviera el balance, por que Leon supiera lo que debía hacer frente al Centinela de la Puerta del Mundo.



No importa quién sea, si soy yo o soy ella. Si es Belle o las otras. Al final del día, todas parecen extrañarte por igual. Sobretodo yo.
Te juro que en noches como hoy, desearía poder odiarte. Odiarte y no estar lindando en los bordes de este querer que más que otra cosa me suena a masoquismo puro y realizado.
Ella brilla. Irradia su propia cascada de luz y veneno que baña todo lo que toca. Ella brilla mientras nadie la ve, mientras todos le dan por sentado, ella resplandece. Y todo cambia. Si alguna vez has visto el cielo y el infierno, el punto donde todos los mundos se cruzan, el punto donde todo deja de ser real, le has visto.  Es ese, su juego, su maldición, su destino. Eso es lo que sabe y lo que le queda, eso es lo que los baña.




Mientras observaba la luna de Fusagasugá y escuchaba a los demás cantar. Perdona, me pueden más la luna y tu recuerdo.
'Cause when our hearts break, no, they don't break even.


The script.
¿Sabes qué tenemos en común el barquito chiquitito, el de la canción, y yo?
Ambos somos pequeños. Si, es hora de admitirlo, soy pequeña. Me amo pero sigo siendo pequeña. Para miles de cosas, no sólo físicamente, y los demás lo saben. Casi todos lo saben, puesto que se sorprenden demasiado cuando ven lo que puedo hacer. Gajes del oficio, creo.
Ambos estamos varados, no podemos navegar. Él por ser pequeño, por quedarse sin combustible, por no poder manejar las olas, qué sé yo. Y yo por ser pequeña, por no saber qué me mueve, por saberlo y no seguirlo, por dejar ir lo que amo, por no poder manejar mi prisión, qué sé yo.
La diferencia entre mi historia y la del barquito chiquitito es que la de él puede volver a contarse sin que nadie llore, grite o haga berrinches. A mi, por otro lado, si me toca lidiar con eso. 
Pero what the hell? Si quiero, puedo contarla mil veces y seguirá siendo mi historia. Con tantos colores como quiera.

Travesías de un objeto perdido.

Supongo que me perdí. Si, tiene toda la apariencia de ello. Eso creen todos. Dejaron de buscarme y me dieron por perdido. Asumieron que me había quedado en aquel otro planeta donde me llevaron una vez. ¿Acaso esto es libertad? Se siente bastante extraño, supongo que por la novedad, nunca me habían dejado muy fuera de vista. ¿Y si él se olvida de mi? ¿Buscará alguien más? ¿Habrá alguien ocupando mi lugar cuando regrese?
Cierro mis ojos. La oscuridad no es tan mala. Supongo que me recuerda un poco mi vida anterior. Estaba perdido, así se sentía, no había sentido ni razón, no había luz ni aire. Era todo una eterna espera en la nada, en el vacío, en la húmeda oscuridad de la guarida de algún gigante desarreglado que de vez en cuando me daba una mirada para recordarme que estaba por encima de mi. Aunque no fue tan malo, en algún momento la mano que movía mi destino apareció y me sacó para no regresar. Me encontré en un bolsillo. Y salí a pasear mucho. Aprendí mucho, recorrí mucho, me enteré de cosas que otros como yo jamás sabrán porque nunca verán la luz.
Suspiro. O al menos eso quiero hacer, pero no puedo. Empiezo a tener miedo y a preocuparme. No sé dónde estoy y todo aquí es bastante oscuro, no oscuro como cuando cierro los ojos sino oscuro como cuando da miedo. Es oscuro como cuando te aterras y no puedes recluirte en ti mismo. Y entonces los sonidos empiezan. Primero son pequeñas explosiones lejanas, como los sonidos de esas luces de bengala que los gigantes usan en días especiales, pero luego van en aumento. Es como un golpeteo de tambores, un declaración de guerra. Creo que ya no estoy donde creí estar, este no es el lugar donde me perdí. Es algo diferente, un donde diferente, posiblemente incluso un cuando diferente.
El martilleo de los tambores aumenta cada vez más y empiezo a pensar que definitivamente esta vez la he liado a lo grande. Me atrevo a abrir mis ojos y si, la lié a lo bueno, esta no es mi casa, no es el bolsillo donde vivía, ni la maleta donde me llevaban, no está ni cerca del cajón donde me guardaban. Esto es verde, muy verde, y frío. Esto es un campo abierto, es un parque, creo. Es lindo, si, eso puedo verlo incluso si tengo miedo. Pero no es mi hogar. Me tomo un par de minutos más para admirar el paisaje, las flores de colores tan vivos y brillantes que parecen bailar (Estoy casi seguro que si estaban bailando), los arboles que se agitaban y cantaban al viento, las aves que volaban sobre un firmamento tan azul y claro como sólo existe en libros. Entonces cerré los ojos nuevamente. Si una vez me había traído aquí, lo más probable era que otra me permitiera salir. Los tambores regresaron, pero esta vez los esperaba, casi que los quería, significaban que me movía, que estaría en un donde y un cuando diferentes al abrir los ojos.
La siguiente vez aparecí en un antiguo coliseo Romano. Presencié los juegos y vi como la mano bajaba y daba vida o muerte a voluntad del emperador. Me produjo escalofríos. Cerré mis ojos de nuevo.
Y la siguiente viajé a la Atlántida. La civilización había seguido avanzando después de su hundimiento. Las construcciones y las torres eran hermosas, los ciudadanos eran amables e inteligentes, dedicados a cultivar sus mentes en una existencia pacifica. Pensé que sería buena idea quedarme un poco más ahí, era bastante agradable pero la respuesta vino a mi como un rayo. No. No podía.
No eran mi hogar, ninguno de esos sitios que visité. Ninguno de los tiempos en los que estuve, no era mi tiempo, no eran mi lugar. Así que intenté una vez más. Cerré mis ojos y me concentré todo lo posible. Pensé en mi hogar, en mi dueño, en lo triste que debería sentirse por mi ausencia. Y aún así, incluso si ya me había reemplazado, pensé que yo sí quería volver. Los tambores sonaron esta vez con mucha más fuerza y pensé que me reventarían los tímpanos antes de poder volver. Su sonido se silenció con la misma rapidez con la que había empezado. Conté hasta diez antes de abrir los ojos.
Uno.
Dos.
Tres.
Cuatro.
Cinco.
Seis.
Siete.
Ocho.
Nueve.
Diez.
...
¡Ahí estaba! Lo había encontrado, había vuelto. Mi dueño estaba ahí, frente a mi, sonriendo por haberme hallado. Claro que él no sabe lo lejos que me fui y las cosas que vi pero no necesita saberlo, para él está bien con tenerme de nuevo a su alcance. Y para mi también. Ha de ser divertido, después de todo, o no habría regresado.

20 ago. 2013

Es tan dulce escuchar tu voz diciendo mi nombre, suena muy dulce. Viniendo de los labios de un ángel, escuchar esas palabras me hace débil. Nunca quise despedirme. Nunca quise irme. Ahora escucharte me convierte en debilidad y lágrimas.




19 ago. 2013

Que curioso, esto de ser tan masoquista. Esto de que me tarde tanto tiempo en volver a hablarte, aún cuando soy incapaz de verte, y me trague todo lo que eso causa. Porque causa muchisimo. Pero así es, es un masoquismo más fuerte que yo misma. Y el deseo y el anhelo y el amor siguen ahí. Recordando y mordiendo las terminaciones nerviosas de mi universo. Y te quiero.

18 ago. 2013

Ni con mil vidas puedo.

Ni siquiera puedo decir que sea diferente, que hay cambiado nada. Te juro que me parece que me esperan tres y cuatro vidas más contigo, con esto. Y corro y huyo y escapo intentando no verte, no pensarte, pero todo sale al revés y todos mis planes acaban en vacío y en nada, en todo y en nada.
La primera vez estuvo bien, el primer día, el primer sueño. Yo juraba que era sobrevivíble, luego entendí que hay cosas que toman mucho, mucho tiempo para sanar. Hay muchas heridas que no sanan, que dejan cicatrices horrendas y permanentes. 
Como tu.
Como yo.
Como todo.
Y quise recurrir a ellos, buscarles y salvarme a mi misma en un intento desesperado pero es que no funciona así, nada funciona así. No va a haber nadie mañana, ni el día siguiente ni el siguiente. No va a haber quien salve el mundo de la destrucción cuando todo quiera caerse. 
En fin, es pura especulación. Tres son poco, creo, cuando hablamos de vidas en las que me persigas. Y miles jamás serán suficientes, por lo que sé, si eso me da solo un momento feliz, una sonrisa, un nuevo juego de ahogados donde pueda reírme en serio.
Yo quiero, por favor, un nuevo juego. Y suplicaría, creo, si me fuera posible, si pudiera cambiar algo. Nada va a cambiar, creo, aunque ruegue, aunque suplique, aunque rompa y destruya y grite porque no lo soporto mas.
Eres mio, al final del día, al final de todos los días, eres de aquí (de este agujero enorme en mi pecho) y no te vas, y no te quieres ir, y creo que no lo lograré. Cada noche, cada mañana, creo que no va a ser posible. Y el día pasa y sueñas que se va a poder, y la esperanza aparece nuevamente, y mata. Y la odio, así como a ti te tengo en el otro extremo de la cuerda, en el extremo justamente opuesto al odio. Shhh.
Ni siquiera con mil vidas puedo.

15 ago. 2013

Y acabarás soñando, en algún momento de la eternidad, con aquello que rompimos y destrozamos por ser cobardes e inmaduros, por ser nosotros, y lo extrañarás.

Ellos VI

Despertó de su sueño sobresaltado, sintiendo que algo o alguien le observaba. No le hizo falta preocuparse por quién sería, sabía que era Ella. No estaba seguro del cómo o por qué lo sabía pero estaba seguro de ello, tan seguro como de que el mundo no era el mismo sin ella. Una parte de él, la parte que aún trataba de mantenerse lógica y racional, le decía que no era posible, que ese tipo de cosas no ocurrían; bien sabía él que en el mundo normal no ocurrían pero es que el mundo ya no era normal. Las cosas habían cambiado cuando Ellos se revelaron, cuando declararon sus intenciones con la humanidad. Paz, bufó, como si eso ocurriera realmente. Era todo parte de la intriga, del plan mayor, de aquella macabra historia que se repetía una y otra vez, el fuerte siempre ganaba, Ellos siempre ganaban.
Se quitó las cobijas con una sacudida y se puso en pie. La habitación estaba tan oscura como lo había estado su mente el día que hizo el trato con las Parcas, y aún así podía ubicarse. Había aprendido eso, podía moverse en la oscuridad, casi como si alguien le susurrara al oído qué era lo que había a su alrededor. Abrió la ventana y se sentó en el alféizar con los pies colgando hacia afuera. El mundo exterior seguía sumido en la oscuridad, un gigante dormido, y posiblemente no despertaría de su letargo hasta dentro de unas dos horas o más, pensó. Sus ojos vagaban por el paisaje, viendo sin ver las formas de los arboles y de las colinas. La mansión de Nathaniel y Laura estaba bastante alejada de la ciudad, lo que era bueno porque los mantenía alejados también de la locura que se vivía en la civilización. Y así fue como la humanidad perdió la guerra y se dejó dominar por Ellos, pensó León. Su mente recordaba constantemente los intentos humanos, vanos intentos pero intentos al fin y al cabo, de llegar a una tregua con aquellos seres. En la mayoría de los casos, las ciudades ya habían sucumbido antes de que la ayuda llegara, casi a nadie le importaba su destino si podía obtener el placer que esos seres proporcionaban. Una parte de su mente, la que empezaba a sentirse un poco ubicado dentro de toda esa locura, le dijo que debía dejar de pensar en ellos como monstruos. En primer lugar, Ella era una de ellos; en segundo lugar, Nathaniel también lo era, y él había visto lo bien que Laura se sentía a su lado y lo mucho que su amiga amaba a su nuevo compañero. Aunque Laura sea masoquista, reconócele eso, ha sabido escoger su verdugo. 
El mismo, pensó también, había escogido su verdugo. Y su precio. La humanidad sobreviviría, Ellos los necesitaban, y aún quedaban vestigios de personas lo suficientemente sabias para no jugar a creerse dioses ante Ellos. Estarían bien. Ese no era su problema ni debía ser su preocupación. Su asunto era uno diferente y estaba retrasándolo demasiado. Decidió que al día siguiente partiría, a donde fuera que el viento le llevase y pudiera encontrar pistas sobre Ella. Seguiría buscando y buscando, porque eso era lo que él sabía hacer ahora, buscar, gracias a los cielos por ese pequeño regalo de las Parcas.
Cuando el sol empezaba a alzarse sobre el cielo, se retiró de la ventana y bajó al estudio de la mansión. Nathaniel estaba ahí, como había estado el día que él llegara. Una mirada le confirmó sus sospechas, Nathaniel sabía de sus planes, le apoyaba incluso. León se había sorprendido al saber que Nathaniel y Ella habían crecido juntos, que habrían incluso acabado sus vidas juntos si este no se hubiera enamorado de la mujer del retrato, esa que había muerto hacía tanto tiempo.
Nathaniel tampoco creía mucho en León, podía ser el amor de Ella pero eso no demostraba que fuera digno. Sin embargo le reconocía el merito de haberse enfrentado a las Parcas por ella, demonios, estaba buscándola alrededor de todo el mundo. A quién le importaba si era digno o no, estaba buscándola y eso le bastaba. Al verlo en la puerta del estudio, Nathaniel supo lo que había ido a hacer, se marcharía, seguiría su búsqueda. No iba a detenerlo, aunque Laura se entristecería, era algo que debía hacer. Incluso él, con todo su odio hacía los Altos y El Trono, y con su desprecio por los vestigios de su raza, debía admitir que el atrevimiento de ese humano al desafiar a todos Ellos era algo admirable. Lo apoyaría, decidió, hasta las últimas consecuencias.
- Di que necesitas.
León comprendió al instante las intenciones del otro y consideró aceptarlas, pero una voz en su interior, la misma que solía susurrarle en qué dirección ir, suponía él que la voz de Ella, le dijo que no lo permitiera. Pensó en Laura. Si las cosas eran realmente como Nathaniel le había dicho, este estaría en graves problemas por ayudarlo y su amante sufriría las consecuencias con él. No le haría eso a Laura, no ahora que era feliz, no ahora que estaba bien. La quería lo suficiente para eso.
- Nada.
Nathaniel entendió. Era el tipo de entendimiento que se da entre camaradas o entre aliados, esa corriente sin palabras que lo dice todo. Asintió.
- ¿Puedo hacer algo por ti? -preguntó de nuevo, esta vez más interesado en ayudar ya que León seguía demostrando su valor y su honor, cosas que Nathaniel, por ser tan poco usuales, valoraba mucho.
- Dime dónde puedo encontrar al Centinela.
La expresión de Nathaniel se llenó de preocupación pero no le negó la información. Al fin y al cabo, la misión era una empresa suicida en su mayor parte y el Centinela era sólo una de las primeras paradas. Le dijo todo lo que sabía.

14 ago. 2013

Femme Fatale, fragmento.

La tierra removida y vuelta a colocar en su lugar se veía claramente incómoda. Detallaba que ese no era su sitio, que no era ahí donde debía estar. Intentó allanarla un poco con la pala. Igual. Se secó el sudor con el antebrazo y decidió que no valía la pena. Estaba lo suficientemente lejos de la ciudad como para que nadie cruzara por allí al menos hasta las próximas lluvias, lo que significaba que nadie lo vería. Estaba salvada.
Terminó de apisonar bien la tierra con la pala, se volvió a secar el sudor del rostro y se dirigió al auto. Arrojó la pala al maletero, ya luego se desharía de ella, y se cambió las botas de lluvia y el mono de trabajo por un par de tacones estilizados y un vestido ceñido. Iba a tener que apurarse si quería llegar a tiempo, y vaya que quería.
Encendió el auto y arrancó sin darle siquiera un segundo pensamiento al cuerpo que había dejado como alimento para los gusanos. No había autos en la carretera por la que salió y simplemente se dejó estar, como quien da un paseo casual, mientras enfilaba hasta la vía principal de regreso a la ciudad.
No lo vio allí donde esperaba verle, en frente del bar de siempre, ese que quedaba en frente del edificio donde ella vivía, o donde pretendía vivir. Era curioso a lo sumo. Se encogió de hombros y simplemente lo dejó pasar. Entró al parqueadero del edificio y ubicó su auto en el lugar que le correspondía, al día siguiente iba a tener que lavarlo y pagarle al vigilante para que no mencionara lo sucio que estaba. Se bajó del auto y subió al ascensor. Nuevamente, él no estaba allí, pero esta vez ella si lo había estado esperando, deseando casi por su presencia. La sobresaltó ver que le buscaba, que esperaba verle.
La puerta de su apartamento estaba cerrada, tal y como ella la dejara, y la decepcionó ver que tampoco allí estaba él. Sacudió la cabeza con fuerza, diciéndose a sí misma que era mejor así. Se cambió de ropa, no le gustaba mucho salir a hacer negocios vistiendo un vestido como aquel, era demasiado recatado. Se puso unos pantalones ceñidos y una blusa blanca, remató su vestuario con una larga cadena que se perdía en medio de su escote y unas botas negras de tacón aguja. Se miró al espejo y relamió sus labios, incluso para ella se veía apetitosa. Decidió darse una vuelta por el bar del hotel antes de ir a su reunión, no quería que pensaran que realmente le importaba.
El bar estaba lleno de gente, casi todos hombres de negocios, jóvenes y viejos, aunque también había un variopinto número de chicas, quizá como ella pero inofensivas, que se dedicaban a mirar a los hombres y a hacerles señas obscenas con sus manos y sus bocas. Soltó un bufido. Esas chicas no sabían muy bien lo que hacían, no tenían idea de en dónde se metían. Muchos de esos hombres a los que seducían eran cazadores experimentados, sádicos o masoquistas reprimidos que temían dejarse en evidencia y que les cruzarían la cara de una bofetada antes de admitir que querían que fuera a ellos a quienes abofetearan. Ella podía hacer eso.

12 ago. 2013

Y yo sigo sintiéndolas, esas ganas de verte, si, ese anhelo de saber que aun estás, que aun estarás. Así como también sé que tu no me verás, ya no. Y te extraño.
"Yo cuento, no por vicio sino por necesidad. Porque si no cuento, te pienso, y cuando te pienso dejo de contar. Entonces cuento, y espero, y mientras cuento los días pasan y los hechos ocurren y poco a poco puedo seguir contando cada vez más."

Belle

11 ago. 2013

I'm not begging anymore.

And I know I'm not begging anymore. I'm not calling or asking anymore. I can't, I guess. I couldn't stand it, I couldn't keep it for much longer.
Truth be told, honey, I'm not having a good time. I'm not even having a regular time. I just forgot how to smile, how to breathe, how to feel something different but pain, but desire, but loneliness. Haven't I told you this? Haven't I mentioned, in any of the letters I've sent, how desperate I am for seeing you again? How desperate I am for holding your hand in mines once more?
Maybe it's just a difficult concept for you, too difficult to be understood by someone whose greatest prove of affection was to put a nickname on my name. Lets face it, babe, your biggest shown of love was that, oh, and to kiss me in public, which, even when i loved it, wasn't really enough. I was willing to wait, to heal your broken heart, to make you believe in yourself again and you ran like a scared boy. You ran like a child. And here I am, here I still, standing in the same dead point, in the same broken place where once I said I was willing to help you heal. 
But this, this has been too much. They all say the same old dusty lie, they all say you're still into me, you still think of me, which I think it's not true. You don't even remember my face, as far as I'm concerned. 
And that's why this is all so hard. Because I did fell for you, I did feel and I did mean it. And trying to forget and to pretend nothing happened is not that easy, sweetie. 
But I'm not begging anymore, I have nothing left to give. I'm not asking you for more, I'm not sure I can survive you again.
I'm not begging anymore, but, oh God, I miss you like hell.
And, sure as hell, I'm not forgetting you that fast.
In this letter, the damned it's me.
"A veces también yo me aburro de mi misma, no me soporto siquiera, entonces me invento alguien más, alguien a quien tu sí ames, alguien con quien te quedes. Pero al final ese alguien nunca soy yo." 
Belle.

10 ago. 2013

No voy a llorar, no voy a llorar, no voy a llorar,
Pero es que ya he llorado tanto por ti que una lágrima más no cambia nada. 
Feliz día, dije, y fue como si nada, fue la firma de mi rendición. 
No quiero llorar pero si se trata de ti, no logro evitarlo,

9 ago. 2013

Algún día, que no es hoy.

Algún día aprenderé a mantener la calma, espero.
Aprenderé a no desesperarme, a no dejar de respirar cuando crea que estás cerca y a no olvidar mi propio nombre por ti.
Aprenderé a no darte tanto poder sobre mi, a no permitir que me destruyas, a no permitir que me deshagas y rasgues en jirones mi piel.
Un día de estos, que no hoy, lograré sonreír sin rastros de dolor, sin residuos de tristeza, sin un corazón roto que grite y llore.
Pero no hoy, hoy no puedo. Porque es hoy. Porque es precisamente hoy.
Feliz día. (¿Y qué? Sabes bien que eres tu)
Y hoy, yo tenía tantos planes, tantas ideas, para hacer de hoy el día más especial posible. Casi con un año de antelación, si, pero quería que fuera algo memorable. Ni siquiera pude acercarme. Eso no significa que no siga deseándolo, que no siga esperando que puedas sonreír y ser feliz y tener un día que se acerque a la memorabilidad pero no es igual. No es lo mismo porque no puedo verte sonreír, no puedo estar presente. Por eso le tenía miedo a la llegada del hoy. Por eso me escondía y juraba y perjuraba que no iba a estar presente, que para hoy no sentiría nada. Pero sigo sintiendo, siento como siempre. Y extraño.
Un día de estos ya no te diré más, ya no habrá más palabras para ti, no más versos, no más canciones cantadas a pleno pulmón bajo la ducha porque siento que reventaré si no logro sacarte de mi ser. Quemas como veneno. Ardes como fuego.
Un día de estos ni siquiera pensaré en las nubes y su suavidad.
Lastimosamente, ese día aún no es hoy.

7 ago. 2013



Te quiero, aunque te vayas, huyas y niegues que alguna vez existí en tu vida. Te quiero porque eso fue lo que amé primero de ti. Cobarde.


Tal vez no se quedó conmigo porque le daba miedo darse cuenta que yo lo quería como él no sabe quererse.

– Marilyn Monroe

5 ago. 2013

Y lo pensé, en uno de mis momentos de lucidez. 
¿Qué tengo yo que no tenga otra chica, una a la que puedas querer?
Pensemos un momento. 
¿Bien?
Resulta que soy pequeña, torpe, insegura, llena de un infierno de limitaciones y condiciones, llena de mil ideas extrañas.
Que si es lo raro y extraño lo que te gusta, hay muchas personas, mujeres, más extrañas que yo, y más libres, y más lindas, que no lindas, hermosas. 
Que si es lo poco usual, hay cosas aún menos comunes y más divertidas, menos complicadas. Menos yo.
Que si es lo loco de mi cabello, los hay mejores, más largos, más rizados, menos rizados, más brillantes y con más vida, más coloridos.
Y en el silencio de la noche, cuando camino sola y pienso en lo mucho que deseo verte, aunque sea unos instantes fugaces, me doy cuenta de lo poco que tengo para ofrecer. Hay tan poco en mi como para atraerte y conservarte que, por mucha esperanza que pueda albergar, no engaño a nadie, no hay posibilidad. Quizá tu lo sabías y yo apenas lo averigüé. 
Y mientras pienso en todo lo que dijiste y lo que no, y en todo lo que dije y lo que no, entiendo que no hay algo que yo pueda tener que te sostenga a mi lado, que te mantenga conmigo; y acepto resignada ese hecho tan sencillo.
Entendí que no eres ni serás mio, y todo bien. Pero en cuestiones de corazón no mando yo, así que esto puede tomar un tiempo.

Volví a soñar contigo

Perfecto, simplemente perfecto, es sólo una noche más en lo que es esto desde ti.
Saquemos cuentas, di tu que has pasado ocho meses olvidando tus sueños, bueno, es normal, pero yo he pasado ocho meses soñando y recordando mis sueños. Sueños contigo, sueños de ti, sueños donde me hablas y donde apareces y recuerdas mi nombre y mis besos. Sueños donde la vida es mejor, donde mi vida es mejor, porque tu voz aparece en ella, y tus ideas y tus demonios y todo eso que en tan poco tiempo aprendí y amé. 
¿Ves? Ya no le tengo miedo a la palabra. Resulta que entendí una cosa, esto. Entendí que quererte tanto, pensarte tanto, reconocer todos esos detalles que tienes que resultan tan odiosos para mi porque te mantienen lejos pero que al mismo tiempo extraño y adoro; eso debe significar algo, seguramente significa algo. Mucho.
Pero he aprendido también que aunque la esperanza queme, aunque el recuerdo arda y los sueños me desvelen, voy a estar bien. Es mi nuevo mantra. Estaré bien. En algún momento del día, o de la noche, entenderé que todo va a estar bien y que tu, aunque presente, no eres más que el fantasma de un gran y doloroso amor unilateral que en algún momento se desvanecerá y me dejará respirar de nuevo.
Y bueno, supongo que si no te veo, cosa que no entiendo cómo haré funcionar si vivo deseando verte, lograré sobrevivir. Al menos hasta que termine el año, porque espero no encontrarte tan a menudo después de eso, porque en mis mejores deseos espero que estés bien, que todo salga bien y que tus metas sean tu realidad. No puedo sino desear que seas feliz, eso me haría feliz a mi también. Y bueno, haría todo esto un poco más sencillo, así sabría que realmente no me necesitas y que puedo marcharme en paz porque, ya dicho, la esperanza es una cruel asesina que disfruta la tortura. 

4 ago. 2013

Debe ser horrible vivir deseando poder largarte.
Ah, espera, yo lo sé. Si, es horrible vivir así cada día.
Y tu recuerdo no ayuda.
Momento patético/débil del día.

1. Te habría encantado ver los rayos conmigo. No sé qué pasa que siempre que los veo pienso en ti y en ese día de nubes y suavidades.
2. Te habría gustado mucho el concierto de hoy y a mi me habría encantado verte sonreír de nuevo.
3. Lo siento, creo que no puedo mucho mas con esto. Yo siempre he pensado que, aunque no vaya a mayores, mientras te lleve en el alma evitaré que otros me lastimen pero ni uno ni otro. Tu me dueles más que nada y siguen lastimandome, pero ahora tengo mas de una herida.

1 ago. 2013

I'm so not crying tonight. Nor you or your memories have stopped hurting and burning my soul but I'm not crying tonight.

Supongo que soy prescindible

¿Y la diferencia es?
La pregunta es recurrente, bastante común. Siempre vuelve al mismo punto como si no hubiera otro.
¿Por qué conmigo debe ser diferente?
Hay tanta gente que para mi es importante, que vale mucho, y por quienes hago cosas que normalmente por otros no. ¿Entonces por qué para mi no hay reciprocidad?
Casi todos, por no decir todos, encuentran alguien a quien contarle, con quien hablar si yo no estoy o incluso si estoy, y mi presencia es fácil que pase desapercibida. Yo no sé hacer eso, no puedo, no me resulta. Aunque lo intento, mucho lo intento y lo intenté. Entonces descubrí los audífonos, auriculares, como prefieran; el caso es que esas pequeñas visitas han salvado mi cordura muchas veces porque me dan una salida, un escape a mi mundo cuando me vuelvo irrelevante para el mundo normal. Es triste, mucho, pensar que no importa cuando me importe o considere a alguien, esa persona puede simplemente ignorarme cuando le da la gana y olvidarse de mi. Es triste ver como yo debo aconsejar y consolar a todos pero en cuanto yo me deshago en lágrimas, nadie puede servirme de pañuelo, nadie me puede ayudar a escapar. Gracias. Al final del día, cuando creo que nada puede empeorar o cuando creo que no ha sido tan malo como pensaba, resulta que si puede empeorar, que todo puede caerse a pedazos y yo me quedo en medio del caos, gritando en silencio para no incomodar a nadie. Llorando encerrada porque no hay quien escuche o acuda. Dándole mil vueltas a todo antes de dormir, preguntándome una y otra vez si quizá me piensas o si siquiera te preguntas, así como yo lo hago, si soy capaz de dormir por las noches, así como yo me pregunto si aún no puedes recordar tus sueños.
Y golpea, como un martillo, en mi corazón dormido y sangrante, la maldita esperanza y la ilusión. Y duele, duele mucho, demasiado, y todo gira y me da vueltas. No respiro, no puedo, y todo se cae en pedazos. Y no hay nadie, alguien, que pueda volver a unirme en una pieza porque, claro, a nadie le importa. Porque soy irrelevante y prescindible.  Y eso duele, mucho.