Ni ella ni yo pensamos disculparnos por nuestras palabras. No se disculpa el sol aunque queme ni la luna aunque en ocasiones aterre. Yo amo, todo aquello que pueda ser amable, y como me rehúso a esconderme, he aquí mi escape.

31 ene. 2013

Y a mi, que me las doy de valiente, me aterra preguntarte si has pensado en mi... al menos una vez...

Atascadas, así estamos.

Me siento atascada. Atrapada. Me siento encerrada.
Los que me conocen, y principalmente yo misma, suelen preguntarme qué rayos hago estudiando esto. Qué pasa por mi cabeza cuando me pongo a hacer algo que me encerrará en una oficina y que me atará a un jefe o que, en el mejor de los casos, me pondrá de jefe de alguien más. Y no es que tenga algo de malo, es simplemente que eso no es lo mio. Lo mio, lo que amo, lo que adoro, lo que anhelo con todo el alma tiene mas que ver con habitaciones llenas de tinta, de papel, de imágenes, de pintura. Tiene mas que ver con el arte de crear que con el arte de vender. Y, seamos honestos, por mucho que yo diga que no quiero estudiarlo como forma de ganarme la vida, cosa que es cierto, me es imposible negar que sería sumamente feliz si pudiera hacerlo, si no tuviera que preocuparme de tantas cosas y personas tan intrascendentes que me obligan a aplazar y a dejar ir lo que quiero.
Es que claro, no hay posibilidad para mi de ir a estudiar literatura o artes plásticas en la Nacional, nadie lo cree. No confían lo suficiente en mi capacidad de sobrevivir, pero después de esto, eso sería el cielo, o no hay el dinero, eso es lo de menos, yo quiero y yo veré cómo me las arreglo. Pero no. No es posible. Debo hacer algo productivo, algo útil, algo de lo que se pueda vivir.
Sugieren que sea ingeniera. Vale, no es mala idea, me gusta, no me enamora locamente, pero podría vivir con ello. Me gustó una, solo una me gustó lo suficiente para pensar en encadenarme a ella. Cinco millones por semestre. Pude haberlo hecho, pude haberlo intentado. Ella me habría apoyado, seguro que si, ella habría hecho todo lo posible por ello, porque claro, así me quedaba en la ciudad. Pero no. Yo, maldita sea mi conciencia, me puse a pensar a futuro. Me puse a pensar en los que vienen detrás de mi, en esos seres que odio y que amo tan encarnizadamente y no pude decir que si. Seguiré buscando, eso dije.
Encontré, o debería decir me encontraron, porque la encontró alguien que en ese momento era importante, gran estupidez, inmadurez, dejarme guiar por las hormonas, ilusa. Me hablaron de algo que se parecía a esa opción aceptable que me había gustado. Decidí probar. Sabiendo, como he sabido siempre, que si cambio de opinión se me permitirá, se me aceptará e incluso me apoyarán. Sabiendo, como he sabido siempre que una vez empezara no sería capaz de abandonar, por culpa del intento de amor propio que poseo y que me impide considerarme una cobarde o renunciar a algo así.
Y así acabé donde estoy. Sentada en un salón de algo que me agrada, no puedo negarlo, pero en lo que no me veo. No me encuentro a mi misma en esto pero tampoco soy capaz de abandonar. Y luego, luego por un momento pensé en psiquiatría, eso me gusta, puedo vivir muy bien con ello.
Sorpresa, primero necesito medicina. Todo bien, podría hacerlo, pero son unos diez años de estudio, unos diez años más dependiendo de alguien que no soy yo, en contraste con los por lo menos tres que aun me quedan, y no puedo soportarlo. Yo amo y agradezco todo lo que hace por mi pero no puedo soportar depender de alguien que no sea yo, porque eso me enseñaron, que no iba a haber nadie para ayudarme, y ahora no me lo saco de la cabeza. Y rayos.
Entonces yo voy bien, sobrevivo, hasta que al imbécil le da por recriminarme que hago algo que otra persona escogió para mi sin pensar que yo ya pago con creces esa decisión y que lo que le digo no es porque no desee que él haga lo que quiere, sino porque realmente me interesa que pueda hacerlo. Porque si yo no tengo eso que me llena, al menos él puede tenerlo y por mi estará bien.
Me voy. Este mundo en el que vivo no me permite mas que unos cuantos segundos de verdadera honestidad conmigo misma.

29 ene. 2013

Ahora resulta que yo me perdí. 
Tu te perdiste. 
Yo me perdí. 
Ambos nos perdimos. 
Pero yo me perdí deseando que me buscaras, que me llamarás, que hicieras algo para hallarme. No simplemente para que me dieras por perdida. 
Y no te busqué porque sentía que de tanto buscarte a ti no te causaba nada. 
Vaya que ibamos desencaminados. 
Ahora solo queda nada, porque ya así no sé qué más se pueda hacer. 

Yo sé que si te veo seré de gelatina nuevamente, pero no sé si me guste ser lo esta vez. 

24 ene. 2013

A mi me gusta morder. Me gusta mucho. 
La sensación que produce hincar los dientes en algo es inigualable, al igual que la que produce hincarlos en alguien. Y la mejor parte es escuchar el gemido de queja de la víctima. 
En fin, hace tiempo que no puedo morder a gusto, así que creo que lo extraño. 
Pero sobreviviré. Espero. 

22 ene. 2013

Hasta que la muerte nos separe o hasta que mi alma deje de existir

Medio en broma y medio en serio, varias veces hemos hablado acerca del hecho del matrimonio y de la posibilidad de casarnos entre nosotros mismos si llegamos a enamorarnos o si esa persona no aparece. 
Generalmente no me niego a la idea, no me opongo rotundamente ni digo que es imposible, pero tampoco voy a decir que si a la ligera. 
Porque, verás, yo creo en eso de 'hasta que la muerte nos separe' y eso es demasiado grande como para asumirlo sin todas las certezas del mundo. 
No pido que me muestren mi futuro, el cómo acabará todo, no. Pero si quiero esa seguridad que da el amor, el tipo de amor en el que yo creo. 
Y es que ese es un amor con una vista de halcón, con una presencia inconfundible, con una sed insaciable y con una coe me rete, que me empuje, que me impulse a luchar y a rebelarme, pero que también me haga desear cuidar, proteger y  mantener a mi lado a esa persona. 
Ese amor que, incluso conociendo los peores defectos de esa persona, incluso sabiendo que pelearemos y discutiremos y que no le obedeceré sumisamente y que él tampoco a mi, nos haga desear unir nuestras vidas de todos modos. Ese amor que acabe las discusiones con sexo de reconciliación porque pueden más las ganas y el deseo que la ira, ese amor que haga que salgamos de la casa furiosos y que regresemos cinco segundos después suplicando perdón porque imaginar nuestras vidas el uno sin el otro es insoportable, inconcebible, completamente doloroso. 
¿Ven? Lo que yo quiero no es nada sencillo ni común. Y se hace aún más complicado porque no basta solo con que haya alguien dispuesto o deseoso de ser eso para mi, sino que yo también debo desear, fervientemente, ser eso para esa persona. Hacer eso para esa persona. Ser la otra mitad de un alma que he estado buscando toda la vida. Y lo voy a saber, lo sé. En el mismo momento en que mi alma sea consciente de la irrevocabilidad de mis sentimientos por ese ser, sabré que eso es lo que he estado esperando. 
Y por mucho que haya pensado que si, no, aun no me ha pasado. Aun no lo he sentido. Siempre he visto mi futuro con alguien más, con un Jack que ni siquiera conozco o sé si existe pero con él. 
Y por eso no puedo asegurarle a ninguno de los que me han pedido matrimonio que ellos vayan a ser ese ser, esa persona, porque definitivamente no siento eso que debería sentir y yo jamás, jamás, ataría a mi lado a alguien sólo por no permanecer sola porque me aterra que luego aparezca esa persona y yo me odie por no poder pertenecerle y le odie por aparecer tan tarde y odie a la persona que esta a mi lado por haberme convencido. 
Wow. No sé por qué estoy pensando en esto ahora, pero bueno, es algo digno de mención. 

21 ene. 2013

Qué patata ni que patata ni qué patata. Todos sabemos que la causa de mis desastres siempre soy yo misma. 
La situación amerita la palabra: Mierda. 

20 ene. 2013

Encuentros cercanos de primer tipo.

Resulta y pasa que hoy, por esas casualidades no tan casuales que poblan mi vida, vi a esa-persona-que-no-me-gusta-nombrar/ese-pibe-que-me-odia.

¿Lo malo? Él también me vio, no puso muy buena cara.

¿Lo bueno? A mi me dio totalmente igual. No me causó nada. Ni ese extraño desasosiego que motivó la cuenta, ni ese nerviosismo que causó tantas palabras, ni siquiera ese poquito de vergüenza que me daba ser la mala del paseo.
Fue simplemente como ver a otro ser humano con el que debo compartir el planeta. Normal. Indiferente. Y eso me alegra.

¿Que por qué me alegra? Oh, porque significa un cierre de un capítulo que realmente deseaba finalizar.

Ahora bien, lo que si no sé es qué tipo de reacción tendré si llego a ver a ese-par-de-ojos-que-me-perseguían. Eso sí me preocupa. Eso me pone nerviosa, me hace preguntarme. Eso hace que sea consciente de lo extrañas que son mis decisiones y de lo exigente que puedo ser en ocasiones pero es que, gente bonita, suelo dar demasiado como para no recibir al menos algo a cambio.

Vamos que no era tan difícil. A estas alturas estoy un 99% segura que fue casi todo porque yo quería y esa no es una sensación que me agrade. De hecho, es una de las sensaciones que menos me gustan.

Y entonces, cuando yo diga que no va más, cuando diga que no es justo, que no me gusta, que ni siquiera me importa, incluso si es mentira, él me creerá. Porque claro, según parece, no e importará el rumbo que tome esto.
Y al final solo tengo un consejo para mi misma.

MI MISMA, LA PRÓXIMA VEZ QUE QUIERAS PEDIR ALGO, CALLA TU ABSURDA BOCA. ESTO NI ES LINDO NI ES DIVERTIDO. ASI QUE, A CALLAR PARA LA PRÓXIMA.

He dicho. Carajo.
Y para Belle:

SI SE TE VUELVE A OCURRIR LA MAGNIFICA IDEA DE IDEALIZAR A ALGUIEN DE NUEVO O DE FIJARTE EN OTRO ESPÉCIMEN DE ESE TIPO, TE COLGARÉ A UN ÁRBOL DE TU HERMOSO Y LARGO CABELLO Y TE PROHIBIRÉ LA SALIDA AL MUNDO EXTERIOR POR UN LARGO PERIODO. 

Rayos.

¡AVISO!

Listo. Si llegamos a 100 seguidores, me teñiré las puntas de rosa y subiré un vídeo de mi agradeciéndoles a todos por su tolerancia y aprecio. 
Solo si llegamos a 100 seguidores. 
Vamos, ya son 78. 
No falta mucho. 
¡Animo!
Ya fui. ¡Que descanso!
¡Me estoy orinando!
Vale, no sé por qué lo pongo acá en vez de ir al baño pero puedo hacer lo que me venga en gana acá. 
Creo que mejor voy al baño. 
Vale, no estoy del todo segura de que sea "eso" pero por ahora vamos a verlo así. Sin embargo, debo decir: esto es el colmo. 
Es totalmente imposible que haya sido por la forma usual porque no, en mi vida no hay acción hace rato, de esa nunca y de la otra es bastante inusual últimamente. Lo cual solo confirma que soy una salada a la hora de atrapar los virus que anden por ahí. 
Corto y fuera.
No soy tan buena como crees, pero tampoco soy tan mala como supones. Soy yo, estoy en medio, pero totalmente segura de hacia qué dirección quiero caminar. Y, posiblemente, no te guste saberlo.
Prometo que, con algunas excepciones, este año me portaré bien. 

17 ene. 2013

Lo que trajo la lluvia o la enfermedad...

Es necesario que aclare, para prevenir cualquier malentendido, que el Jack de quien hablo NO es de ningún modo el mismo Jack de Una Historia Cualquiera



Hacía calor. Mucho calor.

Parecía un horno, y no de una mala manera, no del todo. En un principio me recordaba a eso de cuando, como yo, se esta enfermo, saber que estas enfermo, y saber que tu temperatura corporal subirá y subirá hasta que quedes postrado en una cama y debas depender de un alma noble que quiera cuidarte. Pero es que ese calor viene junto con un adormecimiento en las extremidades y un embotamiento cerebral que yo no sentía del todo. Si, sentía un poco dormidos los miembros y un poco embotada la mente, mi lengua se trababa en mi paladar y las palabras se me estaban ahogando en la garganta. Y sin embargo no era del todo malo, era, si se me permite decirlo, maravillosa. El calor que sentía no era solo por estar enferma, esa era solo una parte, estaba unido a la cada vez más hirviente sangre que recorría mis venas.

Y él estaba allí. Impasible. Observándome a través de sus fríos ojos. ¿Que cómo lo sé? Porque he visto esos ojos tantas veces que puedo decir con exactitud dónde está cada veta, cada marca, cada huella en su iris.

No me pregunten cómo llegué a su casa. Incluso yo no estoy muy segura de cómo o por qué aparecí allí. Lo único que puedo saber es que, en medio de mi embotamiento, estaba buscando un sitio donde me sintiera segura y donde alguien quisiera cuidarme. Él no se había ofrecido para el papel, dudo que alguna vez lo hubiera hecho, pero no le di mucha opción. Me salté todas las reglas de mantenerlo sólo en el ámbito profesional y recurrí a él cuando le necesitaba.

- ¿Estás bien? -fue lo primero que dijo al verme en su puerta, empapada y tiritando.

Me hizo entrar y me dio una toalla para secarme. Me pidió que me desvistiera y me permitió ponerme una de sus camisas mientras él lavaba y secaba mi ropa. Me hizo sentar en el sofá y él se sentó en la mesa de café frente a donde yo estaba, no lo había visto saltarse las normas de ese modo antes. Me sorprendió esa faceta de su persona. Amable, si, considerado, también, del tipo que aparece con una taza de chocolate caliente... eso ni en sueños me lo hubiera esperado. No pude reprimir una sonrisa, el chocolate olía demasiado bien y su casa era demasiado cálida.
Estornudé.

- ¿Necesitas algo más? -preguntó solicito. Sus ojos mostraban una extraña luz que nunca les había visto.

- Gracias -dije. Porque no podía decir nada más. Porque me ponía nerviosa el brillo de su mirada, porque me incomodaba que me observara tan fijamente y que me tratara como a una amiga cuando había dejado tan en claro que eramos solo socios.

- No me agradezcas -dijo después de un momento, se había quedado observándome-, todo tiene un precio.

Me estremecí. Mitad escalofrío, mitad expectación.

- ¿Puedo... puedo... -carraspeé- puedo saber qué precio tendrá todo esto?

Vale, si, soy una condenada curiosa incorregible pero es que ese hombre era uno de esos puzzles que no puedo soltar una vez empezados.  Y ahí estaba, sentada en el sofá de un hombre que me estaba observando tan fijamente como si creyera que yo era una estatua y estuviera esperando algún movimiento que me delatara. Y le sostuve la mirada. Quería, con todas mis fuerzas, ir al lavabo mas cercano y sacudirme la nariz, asqueroso, lo sé, pero llevaba dos días con fiebre y me había empapado de pies a cabeza al ir a su casa, simplemente estaba viendo los síntomas de actuar impulsiva y estúpidamente. Sin embargo, me mantuve ahí, sosteniéndole la mirada hasta que sentí que las piernas se me volvían gelatina, hasta que mi corazón se aceleró como el de un colibrí y mi cerebro se enlagunó y dejó de pensar racionalmente. Pero, como tengo tan buena suerte, mis ojos empezaron a llorar incontrolablemente.

- Deberías ir al baño -me dijo de pronto. Mi expresión confundida le sacó una sonrisa y mi corazón se aceleró aun mas-. Parece que estas a punto de desbordarte por la nariz.

¿Han sentido tanta vergüenza que se les sale por los poros? Yo si. Y me quise ahogar, en mi propia mucosidad si eso era posible.

Como pude, me levanté y me encaminé al pasillo donde suponía que estaba el baño.

- No esta allí -dijo cuando hice amago de abrir una puerta. Cosa que era cierta pues yo no había puesto jamás un pie en ese lugar-. Al final del pasillo, la puerta negra. Hay toallas secas y pañuelos por si quieres.

- Gracias -dije tímidamente. Empezaba a maldecirme mentalmente por la idea de haber ido a su casa. ¿En qué rayos pensaba?

Entré al cuarto de baño y cerré la puerta. Encendí la ducha, lo ultimo que deseaba, y últimamente deseaba muchas cosas como ultimo a desear, era que él me escuchara mientras limpiaba mi nariz. Nada más humillante, si es que podía humillarme más, que el que tu socio de negocios te escuche evacuar las mucosidades de tu nariz. Estaba tan concentrada intentando ser silenciosa que no me di cuenta de que él había abierto la puerta del baño y que estaba detrás de mi hasta que sentí su mano en mi espalda.

- Calma -me dijo al notar mi sobresalto.

- Perdona -susurré.

- No te disculpes -había una pequeña sonrisa en su rostro que me desconcertó-. Fui yo quien te asustó. ¿Quieres ducharte?

¿Se puede perder el habla, la respiración, la conciencia y la estabilidad en un nanosegundo?

- Oh, vaya -de pronto él entendió la forma tan inusual en que había sonado su frase-. No me refería a conmigo... -y por primera vez en mi vida lo vi nervioso y algo sin palabras-. Me refería a que tu te ducharas o mejor te dieras un baño. Quizá el agua fría te ayude....digo, agua caliente...

Dejó la frase en el aire y se empezó a mover, me alcanzó una toalla, puso el tapón en la bañera, sacó unos botes de champú...

- Te dejaré sola.... -se dirigió a la puerta y justo antes de salir murmuró- A menos que quieras compañía...

Juro que lo habría asesinado de no haber sido porque salió rápidamente y cerró la puerta, esta vez con el pestillo echado.

Me metí a la tina por un buen rato, quizá más de una hora, pero el agua caliente sólo me recordaba que yo ya tenía temperatura, que quizá tuviera fiebre o algo peor, y no era ni de lejos tan placentera como el calor que sentí al trabar miradas con él.
Jack.
Paladeé su nombre en mi lengua, la suave cadencia de su sonido, la pequeña explosión al final. Era así, tal cual, despacio, igual que su nombre, él se me había colado hasta lo más hondo. Sin siquiera saberlo, porque hizo falta una fuerte enfermedad y un diluvio para que me viera forzada a admitirmelo a mi misma, él se había apoderado de mis sentidos y de mis pensamientos.

Y me sorprendió. Me quedé un rato en el agua pensando en ello, analizando el hecho de lo mucho que me importaba estar en su casa, usando su bata, bañándome en su tina, oliendo sus champús. Hasta que el agua se entibió, y luego empezó a enfriarse, y él tocó a la puerta y me preguntó qué tal estaba. Ya sin opciones, salí de la bañera, me sequé con una toalla y me puse la bata de nuevo. Abrí la puerta en el mismo momento en que el volvía a golpear. Se detuvo sobresaltado al verme y retrocedió un paso.
Se aclaró la garganta.

- Eh... esto... hice un poco de caldo para que te alimentes -dijo suavemente-. Esta en la cocina ¿Vamos?

Lo seguí hasta la cocina, en parte porque no tenía opción y en parte porque el hambre empezaba a hacer mella en mi. Quien sabe, quizá el caldo incluso me ayudara.
Sentada en el taburete de la cocina pude observarlo en un entorno en el que jamás lo había visto. Se veía cómodo allí, como si supiera perfectamente qué hacer, y tuve un pinchazo de celos, el siempre se veía cómodo, como si siempre supiera qué hacer en cada situación.

Terminé de comer y él lavó los platos. Volvimos a la sala y me colocó una manta sobre los hombros al ver que tiritaba. Esta vez no se sentó en la mesa sino a mi lado y encendió la televisión. Me pasó un brazo por los hombros, y un escalofrío recorrió mi espalda, él interpretó eso como parte de mi enfermedad y me arropó mejor con las mantas, pero yo sabía muy bien que más que producto de mi enfermedad, era producto de su cercanía.

- ¿Estás .... -él había empezado una pregunta pero no la había terminado, me giré a mirarlo y su cuerpo se tensó y dirigió su mirada a la pantalla frente a nosotros- ... estas cómoda?

Asentí lentamente, pero me di cuenta que él no me observaba.

- Si -dije suavemente-. Gracias.

Jack asintió, sin mirarme, y siguió observando la pantalla, como si hubiera algo sumamente interesante para él en la programación.

Luego de un rato, empecé a cabecear, estaba exhausta y mi cuerpo se sentía como ardiendo sobre brasas, parte enfermedad y parte la compañía. Sin quererlo, me dejé ir por un momento y mi cabeza terminó apoyada en el hombro de mi compañero. Su cuerpo se envaró como si lo hubieran recorrido con electricidad.

- Disculpa -dijo y se levantó del sofá, mi cabeza cayó un poco bruscamente hacía atras-. Tengo trabajo que hacer.

Una persona menos atenta o interesada que yo, habría creído de veras en sus palabras e incluso habría pensado que yo era una interrupción, pero yo sabía perfectamente que habíamos dejado todo el trabajo listo antes del fin de semana y que ese domingo por la noche era imposible que tuviera algo que hacer. De pronto se me ocurrió, era por mi. Mi presencia le molestaba, hasta el punto de inventar una excusa tan floja. Quise gritar.

- ¿Me puedo quedar en tu cuarto de huéspedes? -fue lo que dije en cambio.
Jack me observó fijamente por una fracción de segundo antes de asentir. Sin volver a mirarlo me dirigí al cuarto de huéspedes, o a donde yo creía que estaba.

- Es la última puerta de la derecha -dijo él cuando yo había dado unos cuantos pasos. Me obligué a mi misma a no sentirme humillada por ello, era su casa, era lógico que yo no la conociera y él si.

Me dejé caer en la cama de la habitación de huéspedes y me cubrí con las mantas, Jack me había prestado una camiseta de franela para que la usara como pijama y por suerte mis bragas estaban ya limpias y secas, no podía dormir desnuda en su casa, no con él tan cerca. No me dormí en seguida, aunque casi nunca lo hacía, pero tampoco me dormí en algún momento cercano. Apenas mi cabeza había tocado la almohada, se habían desvanecido el sueño y el cansancio. No dejaba de pensar en la floja y tonta excusa que él había inventado.

La noche estaba muy avanzada cuando la puerta de la habitación se abrió. Yo seguía despierta y vi la silueta recortada contra el haz de luz que entraba desde el pasillo.

- ¿Pasa algo? -le pregunté. Lo sorprendí, cosa extraña, y me di cuenta que debía ser muy tarde y él debía creerme dormida.

- No -susurró él, tan bajo que parecía un suspiro. Y aun así dio un paso dentro de la habitación.

Y dio otro paso, y otro. Intenté incorporarme en la cama, pero me sentía realmente mal, solo logré sentarme.

- Shhh -susurró él-. No te esfuerces.

Se acercó a la cama y se dejó caer de rodillas. Podía sentir su aliento sobre mi rostro y eso me inquietaba, olía un poco a alcohol y a fresas, mas lo inquietante no era eso sino lo mucho que me atraía ese aroma. Era algo embriagador.

- ¿Quieres saber qué pensé cuando te vi en mi puerta hoy? -dijo de pronto.

- S... -intenté responder pero mi voz estaba pastosa y se me atoraba en la garganta, me aclaré la garganta y lo intenté de nuevo-. Si, por favor.

Y rogué con todas mis fuerzas que esa frase no pareciese tanto una suplica como lo parecía para mi.
Él se quedó en silencio un momento, y pensé que quizá no había oído mi respuesta.

- Pensé -dijo al cabo de un momento, un momento que fue casi eterno-... pensé que tenía que estar en el infierno.

No dijo nada después de eso y yo pude sentir como mi piel se erizaba y las lágrimas empezaban a asomar a mis ojos.

- Tenía que estar en el infierno -dijo sin dejarme hablar- porque solo allí podrías tu aparecer en mi puerta, mojada hasta los huesos, y con una expresión tan desvalida que yo desearía cuidarte con toda el alma. Y aun así, aun así, yo sabría que no podía tocarte. Que no podía tenerte. Que solo podía cuidarte. Y eso, por mucho que desee tu compañía, debe ser el infierno. No hay nada peor.

- ¿Entonces no te desagrada mi presencia? -yo y mi miserable bocota que deja salir las palabras menos adecuadas en los peores momentos.

- ¿Desagradarme? -parecía extrañado, y de pronto algo cálido explotó en mi pecho-. ¿No acabas de escuchar lo que dije? Te apareciste en mi puerta, calada hasta el mismo centro, y todo en lo que yo pude pensar fue en que quería besarte allí mismo. Te sentaste frente a mi en el sofá, tiritando de frío, y yo quería abrazarte y darte calor. Te bañaste en mi baño y... tuve que echarle el pestillo a la puerta porque no confiaba en mi control para no abrir y espiarte. Te sentaste junto a mi y...

-Jack -lo interrumpí...

- Shhh -él puso dos de sus dedos en mi boca y me impidió continuar-. Dejame terminar. Te sentaste a mi lado y tuve que usar todo mi autocontrol para no besarte allí mismo, pero cuando dejaste caer tu cabeza en mi hombro... eso se sintió tan bien que no pude soportarlo, tenía que hacer algo. Me inventé lo primero que se me vino a la mente, una excusa estúpida, porque tu mejor que nadie sabe qué tanto trabajo tengo y cómo de avanzado esta. Pero eso solo pude verlo después, en ese momento lo único que veía era tu rostro, escuchaba tu voz pidiéndome pasar la noche en mi casa ¡imaginate! Estaba casi loco. Tu viniste al cuarto y yo me quedé solo con una botella de vino blanco y un tazón de fresas que, el cielo sabe por qué, mandé a buscar mientras te bañabas...

De pronto él se quedó en silencio. Ambos nos quedamos en silencio. Él, esperando que yo dijera algo, yo, paralizada. Empecé a razonar, vale, él era mi socio, ¿y qué?, el cielo sabía que yo deseaba a ese hombre, que digo desear, ¡le quería! Desde hacía demasiado tiempo. Y eso, quizá había sido solo eso, me había impulsado a cometer la locura de salir con semejante diluvio y estando enferma porque no quería estar sola, porque me desvivía por compañía, y sin saberlo me encontré en el portal de su departamento, de su casa. Entonces, me dije a mi misma, ¿tengo algo que decirle? ¡oh, si!

- ¿Cuanto? -pregunté.

- ¿Disculpa?

- Jack -dije, como si hablara con un niño-, ¿hace cuanto ... -no encontraba las palabras, decidí usar las suyas- hace cuanto crees que esto es el infierno?

Él me entendió. Siempre lo hacía. Y esbozó una sonrisa torcida al reconocer su propia metáfora.

- Desde el día en que casi te arrollo con mi auto -respondió, casi como si temiera mi reacción.

Estoy segura que debía tener fiebre, probablemente estaba delirando, porque mi cuerpo no podía estar más caliente de lo que ya estaba, y no en un sentido sexual, bueno, solo un poco en ese sentido también. Esto, sin embargo, era otra cosa. Tenía que ver con una calidez que iniciaba en mi interior y que me hacia sentir al rojo vivo, hacía que mi sangre burbujeara y se removiera.
Y entonces, entonces le sonreí.

- Jack -respiré hondo, esa confesión me costaría-, no sabes la de veces que he deseado que no me hubieras casi arrollado con tu auto -en su rostro se reflejó tal tristeza que puse mi mano en su mejilla y me apresuré a continuar-. Porque entonces no habría estado todos estos años pensando que debía estar en el infierno por desear algo que no podía tener.

Agaché el rostro cuando terminé de hablar. A mi me faltaba su coraje para seguir viéndome a la cara después de decir aquello. Y lo sentí, sentí como se inclinaba hacía mi, como levantaba mi rostro con su mano y como sus pálidos y fríos ojos se trababan en los mios. Y entonces supe que me besaría y ..... malditos años de tanto auto control y condenada consciencia de mi misma... me aparté.

- Jack, estoy enferma... -dije ante su desconcierto. La verdad era que deseaba ese beso con demasiada intensidad pero no quería enfermarle a él también.

Con demasiada ternura, él me sujetó las manos y las puso a ambos costados de mi cuerpo. Se inclinó sobre mi en la cama, haciendo que yo retrocediera y me dejara caer de espalda.

- ¿Tu crees -dijo él susurrando mientras bajaba su rostro hasta mi cuello y acariciaba mi clavícula y mi garganta con su nariz- que después de tanto tiempo... a mi.... me detendrá... un simple resfriado? -terminó mordiendo mi barbilla y yo me retorcí bajo él.

Y sin más aviso, me besó.

Yo estaba a millón, mi cuerpo ardía de fiebre y de él, mi aliento se mezclaba con el suyo y se entrecortaba, mis manos estaban tan bien sujetas que no podía moverlas, y me consumía.

- Jack -dije, en un momento en que sus labios abandonaron los mios para recorrer mi cuello.

- Mmm -fue lo que obtuve de respuesta.

Reuní todo mi valor en un momento.

- ¿No quieres tocarme?

No sé si fue mi pregunta o el tono en que la hice, pero él se detuvo y me miró a los ojos.

- Digo -proseguí, algo insegura de cómo terminar lo que había iniciado-, porque yo sí quiero tocarte y es demasiado difícil si no sueltas mis manos...

La frase se me quedó en un susurro porque los ojos de Jack habían abandonado los mios y habían bajado hasta nuestras manos, o más bien, a mis manos que él sujetaba con las suyas.

- Lo siento -dijo, mirándome de nuevo y esbozando una sonrisa gatuna-. Solo te soltaré si me prometes no usarlas para apartarte de mi. Y no me importa que estés enferma -concluyó.

- ¿A quién rayos le importa si estoy enferma? -respondí algo acalorada- Yo lo que quiero es poder sentirte, a ti -dije mirándole fijamente.

Con una suavidad impensable, Jack se incorporó un poco y soltó lentamente el agarre de sus manos, dejó que sus dedos vagaran por mis brazos hasta mis hombros y mi cuello, tomó mi rostro en sus manos, se inclinó de nuevo, y me besó. Esta vez no fue tan delicado, ni tan cuidadoso, esta vez fue algo totalmente diferente. Fue él, sin ataduras y sin represiones. Con mis manos libres al fin, pude recorrer su espalda y su pecho, y todas las zonas a las que podía llegar.

De pronto se me ocurrió que él tenia mucha ropa puesta. Me moví como pude y di la vuelta, dejándolo a él sobre la cama y a mi a horcajadas en su abdomen. Le quité la camisa con una desesperación y un ansia tales que los botones salieron despedidos por la habitación y la tela se rasgó un poco.

Y me dejé llevar.

No voy a contarles mis aventuras sexuales con él, no podría terminar. Conformense con que les diga que es el único y que no tengo planes inmediatos de soltarlo.

14 ene. 2013

Él, otra vez.

Soñé con él.
De la forma en que hacía tiempo no soñaba con nadie.
Estaba en una especie de instituto/universidad, no sé por qué ni cómo, y conmigo estaba un grupo de chicos que al parecer eran mis amigos. Era una especie de día de San Valentin, ese que para mi casi nunca sale bien, y todo estaban emocionados al respecto. Cosa extraña, los amigos de mi sueño sabían de la existencia de ese-par-de-ojos-que-me-perseguian. Estaban incluso interesados en el cómo resultaran las cosas entre él y yo.
Y porque yo soy yo, y porque ni en sueños puedo cambiar mucho, estaba pensando en qué podía regalarle a ese-par-de-ojos-que-me-perseguian ... resulta que mis compañeros me estaban ayudando. Hicieron algo así como un paquete de regalo, no recuerdo bien qué contenía, y me lo dieron. Estabamos en una especie de parqueadero o de cafetería, o una mezcla de ambos, mis sueños suelen ser así, y mis amigos empezaron a empujarme y a reírse porque ese-par-de-ojos-que-me-perseguian venía bajando las escaleras y de camino hacía mi. Para ese entonces las cosas eran iguales, confusas y extrañas, y teníamos mucho tiempo sin hablar, incluso así yo me preocupaba por darle algo en el bloody valentine de mi sueño.
Lo único que pude hacer al verle fue darle el paquete y ver como subía las escaleras nuevamente, me di la vuelta pero no alcancé a dar ni dos pasos cuando ese-par-de-ojos-que-me-perseguian me llamó de nuevo. Subí las escaleras con él y nos encontramos con sus amigos, que estaban sentados en  lo alto de las mismas. Ni siquiera los miró, se concentró en mi, me tomó de los hombros y me hizo bajar dos escalones después de él y sentarme. Se sentó detrás de mi y me pasó una cadena por el cuello. Fue un gesto tan tierno y sensual que me quedé de piedra. Hace falta un beso, dijo de pronto. Inclinó mi cabeza hacía atrás y me besó. De la misma forma en que hace tiempo no lo hace. De la misma forma en que me derrite y me paraliza, de esa forma que me convierte en gelatina.
Fue la misma forma en que me besó el primer día de la cuenta... y sin embargo me recordó al ultimo.
Y me desperté, contra mi voluntad, porque, lo juro, aunque no logro sentir que haya algo aun, que la historia continúe, si sigo sintiendo mariposas en cuanto aparece en mis sueños.
Y me quedo ahí, porque si sigo pensando al respecto, me creo muy capaz de aparecer en su puerta solo por saber si ese beso fue tan bueno como los verdaderos.

13 ene. 2013

Se que estoy enferma cuando mi pijama en lugar de decir lo sexy que soy, simplemente me dice que quiere estar sobre mi. 
Hay un lugar, un parque, al que solo puedo ir en sueños. Nunca he ido dos veces con la misma persona y solo una vez he entrado. No hay problema, de no ser porque cada vez que voy, cada vez que estoy allí, acabo encontrándome con ese alguien sin rostro que habita mis sueños.
No, no tiene un rostro, no logro definir sus rasgos o sus gestos, sólo lo sé. De esa forma enferma que tienen los sueños de dejarte saber las cosas antes de que siquiera ocurran. Y yo sé, también, y a mi pesar, que tampoco me verá. Que ese alguien no tiene ojos o tiempo para mi, que no me nota, no me determina, no me pone atención porque mi existencia no le significa nada. Y es esa cruel forma que tienen mis sueños de torturarme la que hace que no desee dormir pronto o que me desvele hasta que no pueda mas porque no quiero saber qué cosa macabra me deparan.

11 ene. 2013

Esperame

Y yo, que no puedo estar sin ti, no he encontrado la manera de que no tengas que morir. 

Lo siento. Lo siento, Jack.
Lo siento, tu, hombre de mi vida, sueño de mis noches, razón por la que escribo y sueño, lo siento.
Pero no sé qué otra cosa me queda por hacer.
Quiera a quien quiera, alguien sale herido, alguien a quien no deseo herir. Y no lo entienden. No comprenden que aun falta mucho tiempo, eras, años, quizá una década, qué sé yo, antes de que me decida a decir que si a esa persona, a ese desquiciado, que quiera unir su vida a la mía.
Es simplemente que aun no aparece en mi vida, aun no le conozco, aún no le he hallado. Y no tiene que ser un príncipe azul, un escritor, un musico, un artista ni nada por el estilo. Solo debe ser alguien que me robe el aliento, que me pierda, que me encienda, que me haga sentir la mejor persona del mundo solo por tenerle, que me rete, que me de pelea, que me suponga un reto, que no deje que me rinda. Quiero a alguien con quien discutir y que me gane, que me venza, que me diga que no importa perder en ocasiones. Alguien que me salve de mi misma y de mis demonios, alguien que me recuerde que no todo en mi es malo.
Pero aun no le hallo. Y no me desespero. No muero de impaciencia ni de ansiedad. Porque sé que él aparecerá en el momento indicado, justo cuando deba hacerlo, justo cuando yo más le necesite. Ahí estará.
Pero yo, por ahora, me rehusó a dejar que me manipulen y me culpen y me conviertan en el blanco de un despecho que no existe y que no quiero causar.
Y me llenaré. Hacer mil cosas probablemente baste para mantener mi mente lejos de todo el caos que causa el amor.
Por eso, lo siento, mi amor, mi vida, mi cielo, mi Jack.
Lo siento, pero tendrás que esperar.

10 ene. 2013

Es extraño que me haga tanta ilusión la perspectiva de tener un horario ajetreado y lleno. Pero es que me gusta moverme y estoy segura que ello me impedirá pensar en lo que no debo. Espero...

9 ene. 2013

¡Rayos! Yo me busco unas..... debería irme a vivir a una montaña sola y aislada. 
Esto NO es un concurso de popularidad.
Aquí ni siquiera yo salgo ganando porque nada pasa.

¿Fuerte?

Quienes me conocen, amigos o lectores, saben que me gusta darmelas de valiente, me gusta jugar a ser fuerte. Sea por las razones que sea. Sin embargo, hay momentos en los que no soy tan fuerte como quisiera, hay momentos en que veo lo débil que soy y lo mucho que puedo necesitar algo de ayuda o apoyo. ¿Ejemplos? ¿Me han visto enferma? Normalmente paso mis enfermedades sola, no llamo a nadie para que me ayude cuando tengo fiebre o para que sostenga mi mano si tengo miedo. A duras penas admito cuando algo me asusta, no, las películas no cuentan, hablo de lo que verdaderamente me da miedo. Como cuando me miro al espejo y un rostro desconocido me regresa la mirada o como cuando abro la boca y sale todo lo que quiero que no salga o como cuando sueño y deseo vivir en el sueño y no en la realidad. Cosas como esas. Dejé de escribir mis sueños porque empezó a aterrarme lo que estos pudieran significar y dejé de pensar en ellos. Me niego a pensar demasiado en ese-par-de-ojos-que-me-perseguían porque me atemorizó la idea de involucrarme demasiado en algo que posiblemente era unilateral. No quiero pensar mucho en el intocable porque me preocupa lo que pueda ser. Y estoy aquí, pensando y pensando, me preocupa.
Pero no quiero jugar a ser fuerte, no hoy. Me siento mal, no respiro bien, me duele el rostro y la garganta, tengo varios días sin poder dormir a gusto y despertando enferma y malgeniada.
No quiero ser fuerte, quiero ser débil, poder demostrar que necesito ayuda. Pero eso no suele traerme nada bueno.

8 ene. 2013

Si te gana un intocable, es porque no haces bien las cosas. 
Yo no te pedí nada, dije que yo podía hacerme cargo del romanticismo, tu solo tenias que lograr que yo creyera que era cierto si decías que me querías. 
No es mi culpa. Si tu desaparición abrió espacio a un intocable entonces lo lamento, tu olvidaste que no debías darme por sentado.
¿Sabes cuando te metes en un buen lío contigo misma? 
Resulta que tengo uno. 
¿Cual es el limite legal de veces que puedes repetir una canción que te dedican?

Diez cosas sobre un intocable.

Puede ser un intocable, puede ser un chiquillo, puede ser terreno cuasi sagrado, pero hay cosas que admitir.
Primero, le extraño. Se acaba de ir y ya me hace falta, extrañaré nuestras conversaciones, o su acoso, o su sonrisa picara que decía que tramaba algo. Extrañaré que me haga maldades y que se quede observándome como si le gustara lo que ve. Extrañare que diga que soy intrigante.
Segundo, es más de lo que pensaba. Mucho más maduro, divertido, intrigante. No es en absoluto el niño que pensé en un principio.
Tercero, para mi desventura, le quiero. Ese chiquillo se me metió en el corazón y, ya le quería, pero ahora soy consciente de quererle de otra forma. De la forma en que quiero a un igual, a alguien a mi altura, a alguien valioso. De la misma forma en que puedo querer a un posible 'affair' o a un 'romance'.
Cuarto, no lo lamento. Debería, creo, pero no. Lo que lamento es haber dejado nuestra despedida ahí, no haberle abrazado un poco mas, no haberle dicho mas, no haber preguntado mas.
Quinto, es creo que la décima vez que escucho la canción. Es hermosa. Demasiado hermosa. Y si bien no sé qué tan literalmente tomarmela, me encandila la belleza del detalle. Y me entristece pensar que no sé cuándo podre verle y decirle que fue un hermoso detalle.
Sexto, hacia tiempo que no me perseguían los aromas. Incluso en mi estado, no pude dejar de notar su aroma y ahora lo tengo grabado en la memoria y lo llevo en la piel.
Séptimo, es un chiquillo, pero de todos los hombres que han intentado flirtear conmigo, es el que más tierno me ha parecido. Es encantador, divertido. Un niño, si, al fin y al cabo es lo que es, pero eso es tierno y refrescante. Un niño demasiado maduro, un niño demasiado divertido.
Octavo, odio un poco el saber que a ese-par-de-ojos-que-me-perseguían parece no interesarle mi existencia. Como siempre, tiene el beneficio de la duda y tiene mil y una excusas, porque así soy, pero eso no cambia el hecho de lo poco que he sabido de alguien que dijo quererme, de alguien que me importa, de alguien que pude amar, porque pude haberlo hecho, si no se hubiera perdido en el momento exacto.
Noveno, el tiempo pasa, consume y borra los recuerdos y las palabras. Como siempre. Y aunque quiera, sé que no puedo hacerle eso. No puedo atarle, yo tengo mis deudas y mis reglas, y no envolveré a nadie en ellas. Pero si, sería lindo ver cómo se hace hombre ese niño. Estoy segura será un gran hombre.
Décimo, ya no sé que más. Diez es un lindo número. No tan pequeño como cuatro, que es la diferencia, pero uno lindo. A todos los extrañaré, hicieron de mis días algo mágico y se me metieron en la piel esos chiquillos.

Ay, dios. Voy a extrañar a el intocable. Mucho. 

7 ene. 2013

Chispa

Extraño la chispa. No es lo mismo sin esa chispa. Un beso no es lo mismo sin chispa.
No sé qué hacer, le extraño, pienso en él a diario y me pregunto sí acaso él pensará en mi, si tal vez en sus noches de insomnio se acordará de esa pequeña que le quiere o quiso y que tanto esperó rogando por aunque fuera una mirada. Pero la respuesta suele ser confusa y poco placentera. La mitad del tiempo creo que no piensa en mi y la otra mitad creo que si pero que no con las mismas ansias locas que poseo yo de saber de él o de verle, de sentir sus manos en mi cintura, de sentir su aliento en mi cuello, de volver a probar el dulce néctar de sus labios -estoy hablando un poco como el. Pero qué más hacer, qué más pedir, si lo único que deseo es tu cariño, tu interés, tu corazón. Pero déjalo así, sé bien que no queda mucho por hacer.

6 ene. 2013

Extraño esa chispa de expectación que me causaba el verte, la ansiedad y las ganas que despertaba un posible beso, y el convencimiento de que te importaba. Ahora no tengo sino recuerdos de los dos primeros y una duda creciente respecto al tercero.

1 ene. 2013

Honestamente, yo si pienso en él. Mucho.
Pienso en él pero eso es todo. Porque faltó ese ultimo empujón extra para hacer que esto se llamase amor, porque se olvidó de pensarme, porque me dio por sentado. Porque no he sabido de él en mucho tiempo.
Pienso en él todos los días, frecuentemente antes de dormir, pero pienso en lo que pudo ser y no fue, y entonces dejo de pensar.
Pienso en ti, entiendelo, demasiado.
Pero tu, por lo visto, no piensas lo suficiente en mi.

RESPUESTA INCORRECTA.


Esto es algo viejo, no lo dejé porque... no sé por qué. Pero qué más da...


Imagínate que ya no puedo ni respirar bien. Pensaba que llegados a este punto iba a saber manejarlo, iba a saber cómo reaccionar. Pero no tengo la más mínima idea. Y no puedo respirar bien. No puedo pensar. Quiero aturdirme, por favor, aturdan mi cerebro para que no piense en esas feas palabras. Por favor, callen a la voz que grita dentro mio y que quiere romperlo todo. Manden a dormir a la tonta ilusa que pensó que quizá lo que decías era cierto y que se encontró con algo parecido a un manual de términos y condiciones de una amistad que no quiere.
Pero soy una exagerada, como siempre. Porque todo conmigo es así, tiendo a exagerar las cosas, a darles demasiada importancia, a pensarlas demasiado y a dejar que me ilusionen con tanta facilidad que me rompo sola al tocar el suelo. Y esto es incluso tonto, pero yo de veras pensé que sí, yo realmente creí que no me pasaba solo a mi y que de pronto tu podías sentir algo de esto. ¿Entonces por qué todo parece decir que me equivoqué? ¿Entonces por qué todos preguntan qué es lo que vi en ti? Pero es que para mi si tienes merito, en lo que a mi respecta si vales más que un simple mortal, en lo que a mi se refiere, vales muchísimo más. ¿Pero eso es unidireccional, cierto? Eso es solo de aquí hacia allá. De allá para acá no pasa eso, creo que no pasa ni la mitad de lo que me pasa a mi. .... Y esta bien, esta perfecto, porque es tu decisión, tus sentimientos....
Y yo sigo diciendo que no debiste decirme todas esas cosas si luego me estrellaría contra la pared. ....
Es eso, es esa tonta volubilidad, ese constante cambio que tienes lo que me hace perder la cordura, lo que me hace perder la cabeza, y a la vez lo que me gusta. Porque, y soy increíblemente masoquista por esto, a mi me gusta esa forma de ser tuya tan acorazada, tan sarcástica, tan llena de contradicciones en lo referente a mi.
No, esas cosas no te las digo a ti. No soy capaz, no tengo valor. Ya anoche lo intenté, y me derrumbé al golpear el suelo. No, no creo que te lo diga, no tengo ni siquiera valor para mirarte a la cara hoy, ni mañana, ni en los próximos días. Porque no soporto quedar en evidencia, porque no soporto bajar la máscara solo para quedarme sola con mis preguntas y mis ganas.
Si, me muero, literalmente, de ganas de verte y de hablarte. Eso es así todo el tiempo. Pero no lo haré. No más mensajes, no más buscarte, no más de nada. Si te interesa, sabes perfectamente bien donde y cómo encontrarme, pero yo ya no tengo orgullo que soporte ser la primera.
Me muero de ganas de verte, tanto porque quiero hacerlo como porque no podría con la vergüenza si lo hiciera.
Eso es todo.

RESPUESTA ENORMEMENTE INCORRECTA.


¿Rayos?

A veces, demasiado a menudo, pasa. Pasa que casi puedo verles, casi puedo tocarles, y de pronto ya no. Se me escurren entre los dedos como agua, como el viento. Y no hay nada en mis manos más que el vacío, nada por hacer y nada por crear. Todo esta hecho y dicho, todo ha sido pensado y las canciones han sido cantadas, todo ha sido vivido y cambiado, muerto y enterrado, y yo, a pesar de todo, no he vivido nada de ello. Absolutamente nada. No he tenido esas locuras de adolescente que luego se cuentan entre risas, no he tenido aventuras, no he creado nada digno de mención y, por si fuera poco, ni siquiera estoy en camino a mi futuro ideal. Estoy haciendo algo que alguien mas escogió para mi, algo que otra persona decidió darme y que no soy capaz de abandonar porque no tengo ni la más mínima idea de qué hacer conmigo. No, no me digan que estudie lo que me apasiona, no me veo ganando la vida con ello, pero tampoco con lo que hago ahora. Y quizá sea porque me enseñaron que nada bastaba, que nada de lo que haga estará nunca a la altura, o porque siempre han sido demasiado ignorantes de mis deseos, o porque nunca ha importado o porque estoy tan empeñada en no ser débil que tampoco sé cómo ser fuerte. Y me mata.
Jack y Belle, ellos no son lo que deberían. Ellos no son ese algo con vida propia que me impulse, son una deformación de una de mis muchas fantasías, porque tengo muchas, sobre cómo me gustaría que fuera. Pero no tienen la suficiente vida para escribirse por si mismos, para ser por si mismos, para darme lo que busco.
Y sigo buscando, y esto no me hace sentir mejor.