Ni ella ni yo pensamos disculparnos por nuestras palabras. No se disculpa el sol aunque queme ni la luna aunque en ocasiones aterre. Yo amo, todo aquello que pueda ser amable, y como me rehúso a esconderme, he aquí mi escape.

15 may. 2013

Una lágrima rodó por su mejilla. Fría, como su corazón, como sus esperanzas. Terminó en su barbilla y calló al suelo. No hubo una segunda para acompañarla, sólo esa. Simple, solitaria, única. ¿La razón? Ella nunca había escuchado salir aquellas palabras de su boca. Durante mucho tiempo, más del que podía siquiera imaginar, había estado deseando escucharlo, escuchar las palabras que la salvarían. Nunca las había escuchado, no había escuchado siquiera la intención de decirlas. Después de tanto tiempo, aún le dolía, aún le causaba esa extraña presión en el pecho que agolpaba lágrimas en sus ojos y le cortaba la respiración. 
Iba a sobrevivir, esa era su premisa, era su convicción. Lo que pasara mientras lo lograba era un asunto muy distinto.


(Estoy usando la izquierda, no me vayas a gritar)

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