Ni ella ni yo pensamos disculparnos por nuestras palabras. No se disculpa el sol aunque queme ni la luna aunque en ocasiones aterre. Yo amo, todo aquello que pueda ser amable, y como me rehúso a esconderme, he aquí mi escape.

11 mar 2013

Blanco y negro

Hoy era blanco.
No, no el color del cielo, ni el de mi ropa ni el de nada particular.
Hoy él vestía de blanco. Se ve bien con ese color, le hace lucir tierno, le da un aire de niño necesitado de cuidado.
Yo lo repito, el mundo es muy grande, la ciudad e incluso el campus son lo suficientemente grandes para que no sea necesario que le vea a diario. Entonces por qué rayos debo verle, incluso a cincuenta metros, y saber con certeza que es él y sentir que mi cuerpo reacciona como esa primera vez.
La mayor parte del tiempo me odio a mi misma por esta absurda situación. Me enfurezco con mi romanticismo por dejarme en este lamentable y arruinado estado. La otra parte del tiempo simplemente me siento triste. Triste por ilusa, triste por tonta, triste por seguir sintiendo esto y que se me salga de las manos. Y luego estoy bien. Luego regreso a ser un poco más como yo misma, luego soy más lo que soy. Yendo y viniendo a mi antojo y peleando con mis fantasmas. Hasta que le veo.
Yo le veo y me hago nada. Yo le veo y pienso en amor, en versos, en besos, en calor, en todo y en nada. Yo le veo y se me ocurre que todo es farsa.
Yo le veo y se me olvida que estoy sobreviviendo. Yo le veo y quiero cuidarle de nuevo. Yo le veo y por el muero.
Yo le veo y el mundo se detiene y el suelo tiembla.
Yo le veo y recuerdo que aun le quiero.

Y hoy el iba de negro. Y me acordé de lo mucho que me gusta el robar un beso. Y me acordé de lo divertido que es tener alguien que cuide de ti. Y recordé que aunque él vista de blanco yo ya no podré hacer eso de aparecer y robarle sonrisas porque él ya no sonríe conmigo.
Pero él vestía de negro. Y se veía sumamente bien.

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