Ni ella ni yo pensamos disculparnos por nuestras palabras. No se disculpa el sol aunque queme ni la luna aunque en ocasiones aterre. Yo amo, todo aquello que pueda ser amable, y como me rehúso a esconderme, he aquí mi escape.

30 ene. 2014

Abrazos

Se llama abrazo.
A-B-R-A-Z-O.
Para efectos prácticos es


¿No es curioso?
Se trata de algo tan simple, tan sencillo. No hay una gran ciencia en ello. Los niños pequeños saben dar un abrazo. De hecho, los suyos suelen ser los más puros, los más desinteresados. Son hermosos, though. Están llenos de la inocencia y la magia que se va perdiendo conforme crecemos.
Un abrazo es eso, ¿no? Un simple movimiento de los brazos para rodear a alguien, generalmente muestra de cariño o afecto, aunque también los hay insensibles y por compromiso. ¿Entonces qué tienen los abrazos que en ocasiones nos causan semejante conmoción?
Yo le he abrazado antes, muchas veces, no miles, pero si muchas. Yo he estado en sus brazos mas tiempo del habitual y mucho más del socialmente correcto. Y nunca es igual. Nunca es lo mismo. Sus brazos no son como los de otra persona que conozca. No son como los de alguien más que haya visto. No son como otros que haya sentido.
¿Has visto cuando tu corazón se acelera sin saber por qué? ¿Cuando se quiere salir del pecho y no puedes ni respirar bien? ¿Con una persona especifica?
Bueno, es algo como eso.
Pensar en él, en sus abrazos, más bien, tiene un efecto similar. Como quien se toma una bebida energizante, las cuales tengo prohibidas, o como cuando ves a un amor por primera vez. No es un amor, claro, seria mi mayor error, y mi mejor idea a la vez. Es así con él. No es ni lo uno ni lo otro sino todo al tiempo. No hay nadie mejor, ninguna mejor opción, pero no es la mejor elección, no es fácil ni sobrevivible. Sin embargo eso no significa que me deba quedar sin abrazos, ¿no?
Hay algo en él que es, cuando menos, peculiar. Sus abrazos me calman. Por muy nervioso o acelerado que esté mi corazón ante el solo pensamiento de su cercanía, el estar en sus brazos tiene el efecto contrario. Me calma, me tranquiliza. Me hace sentir en paz, y eso no es algo que sienta a menudo. En sus brazos he podido decir que no quiero moverme.
El contacto físico no me es muy grato. Todo eso de los besos y abrazos al saludar, para mi no son muy agradables ni surgen naturalmente, suelen ser espontáneos sólo cuando la persona me agrada o siento especial cariño. El resto del tiempo suelo evitarlo. El calor es una excusa excelente para no saludar de beso a alguien. Y sin embargo con él, por muy caliente que esté el día, no es saludo si no lo abrazo con todas mis fuerzas. Uno de esos abrazos que generalmente le das a la persona que amas, ese es el tipo de abrazos que comparto con el.
Y no pasa nada más, no es más que un abrazo que significa mucho y nada, porque luego él se va o yo me voy, pero ambos con una sonrisa. Y a nadie más le incumbe.
No me acostumbro, sin embargo, a eso de querer sus abrazos. A eso de rastrearlo nerviosamente para luego calmarme cuando me abraza. Es un riesgo, porque si se me sale de las manos y me involucro más allá de lo acordado, la que sale herida soy yo. Pero es un riesgo que puedo evitar, puedo manejarlo (Creo). Mientras tanto, ¿por qué no aprovechar el tener a alguien que me haga sentir tan bien?
Cosa curiosa los abrazos.
A-B-R-A-Z-O.
Sus brazos.
Mis brazos.
Su cuello.
Mi cintura.
Su rostro.
Mi cuello.
Su aliento.
Mi aliento.
Sus latidos.
Mis latidos.
Un suspiro doble.
Una profunda inhalación.
Un aflojar para luego regresar al nudo.
Un gesto indispensable para decir hola.
Un gesto obligatorio y necesario para decir adiós.
Un gesto que le dice todo lo que yo no.
Un gesto que me dice todo lo que él no.
Un simple hábito al que nunca me acostumbraré.
Un riesgo que ambos corremos, o eso dice él.
Un abrazo.
El mejor abrazo que me pueden dar.
Su abrazo.

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