Ni ella ni yo pensamos disculparnos por nuestras palabras. No se disculpa el sol aunque queme ni la luna aunque en ocasiones aterre. Yo amo, todo aquello que pueda ser amable, y como me rehúso a esconderme, he aquí mi escape.

13 dic. 2013

Cambia la radio

Cambió de canal la radio con una mueca, se sentía extraña haciéndolo por ella misma. Odiaba los comerciales. Le parecían la cosa más aburrida y absurda, porque casi nadie los escuchaba realmente, al menos no ella. Suspiró. Al final él si iba a tener razón, ella tenia opiniones para todo.
- Abre la puerta.
Los golpes en la ventana la sorprendieron y abrió la puerta del auto. Él estaba empapado pero a ella le daba igual. Lluvia, nieve, era todo lo mismo cuando lo veías después de un rato.
- ¿Llueve? -le gustaba preguntar primero por la lluvia, aunque fuera sólo una pregunta para hacer conversación, porque así si nevaba la sorprendería.
- ¿Que si llueve? El cielo se viene abajo con nieve. ¿No has visto por la ventana?
Ella negó con la cabeza y volvió a escribir en su mano con el marcador, como llevaba haciendo la ultima hora. Su brazo estaba ahora lleno de tinta e iba por las puntas de sus dedos.
- Uno juraría que al menos tú serías constante. Mirate ahora, escribiendo en tu mano, justo como ....
No escuchó el final de esa frase porque sus manos presionaron con fuerza el claxón del auto. No le interesaba el final de esa o de ninguna frase que se le pareciera. Todo era igual. Casi todos lo sabían y no se metían en sus asuntos. Él se quedó en silencio por un rato. Ella no sabía si por respeto o porque simplemente ya no sabía qué decirle. Siempre era así, él decía algo que no debía decir y ella hacía cualquier cosa por no escuchar.
- Así que ... los chicos dicen que te vas mañana.
Ella ni siquiera levantó la vista de su brazo. Las letras empezaban a superponerse un poco por falta de espacio pero no le preocupaba, ya nadie las leería. Él sabía que ella se iría, ese era sólo otro de sus intentos. No necesitaba asentir pero lo hizo, no quería irse dejándolo con el regusto amargo de no haber logrado una respuesta. Ella no se sentía como para responder, eso era todo. No era culpa de él ni de los chicos.
- Sabes, hace tiempo no te veía escribir.
El marcador se le resbaló entre los dedos sin que pudiera detenerlo. Era cierto. Ella no quería eso, no quería ser capaz de escribir de nuevo. No quería escribir si él no estaba ahí. ¿Significaba que lo había olvidado? ¿Que lo había superado? Pensó un momento, buscando en su pecho el dolor familiar y la sensación de vacío. No, ahí seguían, igual de dolorosos e intensos. Pero estaba escribiendo, eso era innegable.
- No lo había notado -dijo. Porque tenía que decir algo. Porque no podía quedarse callada. Él sabia que no había sarcasmo en su voz, sólo sorpresa, eso era todo.
- Es un buen signo.
Como siempre, no le preguntaba. Ella se preguntó a sí misma si quizá él no estaba ahí para enfurecerla o distraerla y que así ella no pensara en él. Supuso que era posible.
- No es nada.
- Claro que lo es.
- No. No es nada.
Empezaba a perder el control pero no sabía cómo recuperarlo. No podía lidiar con todo ello en ese momento.
- Ya es tiempo.
Perdió el control.
- No. ¡No es tiempo! No puede serlo. No puedo dejar que se vaya. ¡¿Qué no entiendes?! No me queda nada. ¡Nada! -sus gritos se alternaban con sollozos y palabras susurradas. No le quedaba nada.
Él le pasó un brazo por los hombros y la sostuvo contra sí, susurrándole al oído. Era una palabra, sólo una.
- Respira.
Los recuerdos la recorrieron como una ola. Él le decía eso, era él quien la calmaba cuando se alteraba, quien le susurraba al oído mientras la abrazaba. Era él. Pero él no estaba. Y no era culpa de nadie, ni siquiera suya. Él no estaba y quizá ella debía avanzar, seguir hacia adelante, no lo sabía. No quería avanzar, no quería olvidar.
- No tienes que olvidarlo -por primera vez parecía que él la entendía-. Nadie te pide eso. Pero por él, por él, tienes que seguir adelante.
Se deshizo en lágrimas. Sin marcadores, sin lapices, sin excusas. Simplemente ella y el llanto que amenazaba con ahogarla hacía tanto tiempo.
Sabía que dolería, que la mataría casi, pero no esperaba que fuera así. No esperaba despertarse entre pesadillas llamándole, buscándolo donde ya no estaba. No esperaba ser incapaz de ver la lluvia o la nieve o el sol incluso, porque todo le recordaba algo. Una frase, una imagen, algo que compartían y que ya no significaba nada para nadie más que ella.
Sus lágrimas deshicieron la tinta del marcador sobre su brazo y todo se convirtió en un borrón de tinta, igual que sus recuerdos. No recordaba mucho de esa noche, sólo dos palabras: "Lo siento". Sabía que eran suyas. Nadie más que él podría haber escogido esas como sus ultimas palabras. Ella sabía lo que él sentía, así como él sabía lo que ella sentía. También sabia que ella no podría perdonarle esa estupidez, porque eso era. El que él no estuviera con ella en ese momento era una mera estupidez. No debía haber ocurrido de esa forma, no tan pronto.
¿Cómo iba ella a aprender a vivir sin él?
Todas sus memorias anteriores a él habían desaparecido en la esperanza de no tener que volver a ellas. Ahora no era nada más que la cáscara de quien se había quedado atrás.
¿Cómo iba a respirar de nuevo?

Un comercial empezó a sonar en la radio y ella dejó de llorar para cambiar la estación. Una pequeña, diminuta sonrisa apareció en sus labios, esa era su forma de decirle que tenía que seguir. Que ella ahora tenía que cambiar la estación por ella misma porque ya él no podía.

Sin embargo no sabía cómo volver a respirar.

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